Así viven la cuarentena arriba en La Vega

CORONAVIRUS · 1 ABRIL, 2020 15:29

Así viven la cuarentena arriba en La Vega

Texto por Mairet Chourio Fotos por Mairet Chourio

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Arriba en La Vega, al oeste de Caracas,  la cuarentena se vive a distintos ritmos. Unos más lentos, otros más rápidos; la llegada del agua, por ejemplo, que rompe con la quietud del confinamiento; los muchachos que bajan a jugar voleibol; el regreso apurado de algunos vecinos luego de hacer un pequeño mercado o el silencio de otros que no salen de sus casas en acatamiento a la medida que busca frenar la propagación del coronavirus en la capital venezolana.

Dulce Romero,  Siyeily Peñaloza, Luna Serrano y Anthony Zerpa viven en el bloque 6 del sector Las Casitas, donde se levantan dos edificios de 9 pisos cada uno y que suman en total 142 apartamentos. Allí abrieron las puertas de sus casas y contaron cómo viven estos días de restricciones, cómo han cambiado sus vidas, qué han dejado de hacer, cómo se sienten.

Dulce no tiene con quién hablar

Dulce Romero tiene 62 años de edad y es maestra jubilada. Desde que se declaró la cuarentena se quedó en su casa, un modesto apartamento en el piso 7 del bloque 3 de La Vega, donde más son los días que no tienen agua que los que cuentan con el servicio y como millones de venezolanos tiene a su familia fuera del país.

“Estoy sola aquí, mis hijos están en Chile” y en esa soledad, donde “no tengo con quién conversar”,  la maestra Dulce vive el confinamiento por el coronavirus, donde también tiene que lidiar con la falta de agua. “Teníamos tiempo sin agua y yo no puedo cargar tobos hasta el piso 7”.

Van 14 días de cuarentena y cuenta que “todos los días me siento en el pasillo a tomar sol para recibir vitamina D, porque he leído que espanta esos virus”.  Tiene tapabocas, hechos por ella misma, pero no se atreve a ir más allá de la puerta de su casa porque “soy de esa población de riesgo”. Nada la mueve del piso 7, ni siquiera la preocupación que le genera el saber que le queda poco dinero en efectivo.

Dulce pasa las mañanas al final de un pasillo silencioso que contrasta con los días antes de la confirmación del COVID-19 en Caracas, entonces el bullicio era como una feria.

Luna, una peluquera confinada

Luna Serrano no sale de su casa desde el domingo 15 de marzo. Luna tiene 60 años edad y trabaja desde muy joven. “Siempre he trabajado y, junto a mi esposo, levanté a mis cinco hijos”, cuenta esta peluquera sentada en la sala de apartamento en el piso 9, donde cumple con la cuarentena impuesta para romper la cadena de contagio del coronavirus, declarado pandemia por la Organización Mundial de la Salud a miles de kilómetros de distancia del bloque 6 del sector Las Casitas.

El confinamiento le ha pegado, “porque soy muy activa“, dice Luna, quien confiesa tener mucho miedo de salir, amén de que su trabajo como peluquera la expone a un contagio. “Cómo guardo un metro de distancia con el cliente cuando tengo que corregir un corte o cuando hago unas mechas. Trabajo de lunes a lunes y verme así me genera angustia”.

Cuando necesita comprar algo, apela a su sobrino.

Siyeily confía en Dios

Día a día, Siyeily Peñaloza, de 40 años, salía de La Vega, municipio Libertador, hacia Los Naranjos, en el municipio Baruta, donde cuidaba a una señora. “Ya no puedo ir porque Baruta está cerrado desde la cuarentena. Ahora me toca ahorrar lo que puedo, porque vivo con dos personas con discapacidad”.

Su mamá es insulino dependiente, además tiene insuficiencia cardiaca, y su hija es autista y usa narcóticos. “Entonces trato de salir una sola vez a la semana para no exponerla”, cuenta esta enfermera desde su apartamento, en el piso 4, en La Vega.

“Aquí soy de todo: cocino, limpio, lavo y trabajo, pero confío mucho en Dios, él nos sacará de estos y él nos ayuda mucho”, dice Siyeily, quien confiesa que a veces “estoy desesperada” porque no ha tenido trabajo; pero de repente recibe una llamada telefónica para ofrecerle el cuidado de un paciente y  “salgo a trabajar”, a pesar de la cuarentena.

Anthony, cuarentena flexible

Anthony Zerpa es la primera vez que escucha de cuarentenas. Tiene 19 años de edad y vive en un apartamento en el piso 1 del bloque 6, donde unos vecinos están más informados que otros sobre el coronavirus y sus consecuencias. Hasta el segundo fin de semana de marzo (14 y 15) trabajó con el carrito de perros calientes en el mismo sector de Las Casitas.

Esos ingresos trata de suplirlos desde su casa, donde, sin atender la recomendación del distanciamiento físico, ofrece servicio de barbería y cuando se cansa o estresa va a la cancha a jugar con otros amigos de la vecindad.

Anthony sabe que las medidas de prevención para no contagiarse, pero cree que es una “enfermedad que le puede dar a uno  y a otros no”, dice a dos días de conocerse el fallecimiento de un taxista que residía en Antímano, parroquia cercana de La Vega.

En la vega-asi se vive la cuarentena-covid-19