23 años de lucha por la libertad de Erasmo Bolívar: La esperanza no se puede perder, dice María Isabel Bolívar

María Isabel Bolívar, su tía, luchó por la libertad de Erasmo desde el momento de su detención en abril de 2003

Llegar a la casa de María Isabel no necesita GPS. La imagen que está en las afueras de la vivienda lo dice todo: una fotografía en blanco y negro de su sobrino Erasmo Bolivar, con su traje oficial de la extinta Policía Metropolitana, en la que se lee: Liberen a los presos políticos. 

La historia de uno de los primeros presos políticos del gobierno de Hugo Chávez es lo que hay detrás de la puerta de metal negro de la casa. María Isabel tenía un cintillo de tela blanca que le cubría la cabeza, portaba una medalla de la virgen María, una camisa con el rostro joven de su sobrino y, en su mano izquierda, portaba una pancarta como muchas de las que sostuvo para exigir la liberación de Erasmo durante 23 años. 

Sus manos evidencian los años de experiencia que tiene y en su verbo solo hay palabras de agradecimiento: su sobrino volvió al hogar. 

Cuando Eramos Bolívar fue detenido en abril de 2003, por la presunta comisión del delito de homicidio calificado frustrado en complicidad por los hechos del 11 de abril de 2002, no existía ni redes sociales, ni aplicaciones de taxis, apenas el internet estaba llegando a los hogares del país, y lo más importante, la prisión política era algo desconocido para esta familia, y para muchas en los años venideros. 

La palabra preso político no estaba en el diccionario diario de los venezolanos a finales de 2002, pero con la detención de los policías metropolitanos tanto medios de comunicación como expertos en derechos constitucional advertían del comienzó de la persecución política en el país.   

“Todo venezolano sabe ahora qué es un preso político, pero en ese momento no lo sabíamos”, dijo María Isabel. 

Erasmo estuvo detenido sin juicio durante 7 años. En 2009 fue condenado por el Juzgado Primero de Control del Circuito Judicial Penal del Estado Aragua a 30 años de prisión. Hasta su excarcelación en 2026, el expolicía metropolitano estuvo encerrado más de dos décadas sin oportunidad de apelaciones, sin reducciones en su condena, sin intersección de árbitros legales. Fue el preso de Chávez y de Nicolás Maduro. 

La noche del 19 de mayo de 2026, tras 23 años, Erasmo salió de la Comunidad Penitenciaria Fénix, en Barquisimeto, estado Lara. Su pareja lo esperaba afuera para ir directo a la casa a abrazar a su hija, quien cumplió 20 años ese mismo día. Por primera vez, no tuvo que ser escoltado por un funcionario policial, ni escapar de la violencia institucional. Caminó como un hombre libre, aunque su excarcelación aún esté sujeta a una medida cautelar sustitutiva de la privación de la libertad por razones humanitarias. 

“Quiere ir a la playa otra vez”, confesó María Isabel. Detrás de ella, hay un mueble donde reposan las imágen es de Jesucristo, la virgen de La Divina Pastora, la Virgen de Valle, además de retratos de sus familiares, algunos fallecidos, y tres fotos de Erasmo que, a simple vista, relatan más de 20 años de persecución política del país. 

María Isabel dice que para Erasmo todo es nuevo: las pantallas, la música, la moda de sus sobrinos, incluso la ciudad donde vive en el estado Miranda. Sus vecinos ya no son los mismos, los niños que dejó en casa ahora son adultos. Su madre ahora es bisabuela, y su tía, firme en su esperanza, tiene una preocupación menos en su cabeza. 

La libertad aún está en proceso de transición. Para celebrar la salida de la cárcel, sus familiares y vecinos organizaron una caravana que lo llevaría al barrio que lo vio nacer y crecer: La Soublette, en la parroquia, Catia La Mar; su familia incluso notificó a las autoridades varguenses sobre esta actividad, a la que también se habían invitado a medios de comunicación, pero fue suspendida la mañana de este viernes 22 de mayo. 

El director de seguridad ciudadana del Litoral Central, Andrés Goncalvez, prohibió que la comunidad celebrara la liberación de uno de sus vecinos, incluso suspendió el Torneo de basquetbol en honor al expolicía. “Lo importante es que está libre, y que podrá conocer a su nieta, ver a sus hijos y continuar con su vida”, dice María Isabel. 

Los primeros presos políticos 

Erasmo ingresó a prisión con 28 años. Su hijo mayor rozaba apenas los cinco años de edad. Tenía una carrera en la policía, mantenía a su familia, vivía la vida de muchos jóvenes: salidas, citas, reuniones con amigos. Era entrenador de básquet para los niños en el barrio donde vivía, era el bailarín de la familia, cuando lo señalaron de ser uno de los presuntos responsables de las muertes ocurridas el 11 de abril. Voluntariamente fue a la sede policial a presentarse, sin saber que no volvería salir por 23 años. 

En 23 años se pierden muchos cumpleaños, muchos abrazos, muchos momentos. Se perdió de ver crecer a sus hijos desde la cotidianidad de su hogar, sus niños crecieron rodeados de trámites burocráticos, judiciales, especulaciones a través de los medios propagandísticos del chavismo, señalamientos. Su familia lo perdió de las fotos, de los momentos importantes, de incluso las preocupaciones cotidianas por la falta de agua o electricidad. A Erasmo le quitaron 23 años de su vida. 

Sus hijos mayores tuvieron que irse del país. Él tuvo que sobrevivir en un entorno donde era visto como el traidor de la patria, el preso de Chávez. Al igual que sus compañeros de la Policía Metropolitana, fue blanco de malos tratos y humillaciones, aislamientos prolongados, prohibiciones de recibir a sus familias por períodos, obstaculización de los procesos legales para apelaciones o incluso tratar de reducir su condena.

 Fueron de los primeros chivos expiatorios usados por el chavismo para controlar a la población y mantenerse en el poder, como se ha advertido ante organismo internacionales como la ONU y la OEA, así como por organizaciones no gubernamentales como Foro Penal. 

“¿Sabes? Su sonrisa me desarma. En ese entonces, él era el tipo de hombre que le gustaba bailar, echar broma, compartir con la familia, alegre. Siempre con esa sonrisa que la ha mantenido a través de los años. Cuando yo llegaba a visitarlo, yo llegaba toda nostálgica y con el corazón arrugado y cuando yo lo veía con esa sonrisa, automáticamente, yo decía: ‘Oye, si este está fuerte, tengo que estarlo yo”, relata la tía.  

Durante las primeras audiencias, María Isabel junto a su hermana, y demás familiares, iban al Palacio de Justicia para apoyar y hacer seguimiento al proceso judicial de su sobrino. Allí conoció a los familiares de los otros funcionarios de la Policía Metropolitana, entre ellos los de Iván Simonovis, Lázaro Forero, Héctor Rovaín, Luis Molina, entre otros detenidos por los hechos del 11 de abril de 2002.  

Fue durante esas audiencias que María Isabel escuchó por primera vez el término “presos políticos” para referirse al origen de la causa de detención de su sobrino. 

“Pero cómo que presos políticos si nosotros no tenemos nada que ver con la política, la Policía Metropolitana no es política. No entiendo”, cuenta  María Isabel y recueda que le preguntó a Bony Pertinez, en ese momento esposa de uno de los acusados.

“Son presos políticos porque le están violando todos sus derechos, le están negando el derecho a la defensa, lo están acusando sabiendo que son inocentes; y cuando el Estado es el que te atropella y te quita todos esos derechos, ellos se convierten en un preso político”, le explicó Pertinez.

“Ahí fue donde empecé a asimilar que, lamentablemente, eran los primeros presos políticos del gobierno”, agregó. 

En ese entonces, María ni Erasmo sabían que la etiqueta de preso político iba a ser su carta de presentación durante más de 20 años. Pasó por la Comandancia de la Policía Metropolitana, la sede del Sebin en el Helicoide, Ramo Verde y finalizó en la Penitenciaría Fénix en Barquisimeto. 

Más de dos décadas de presidio

En la cárcel Erasmo vivió el mandato de tres presidencias: la de Hugo Chávez, la de Nicolás Maduro hasta el bombardeo de Estados Unidos sobre  Caracas y su detención y ahora el interinado que encabeza Delcy Rodríguez. En ese tiempo, pasó por dos procesos de amnistías, una presentada por Chávez y la otra por Rodriguez, en ninguna fue beneficiado. 

Tras estas negaciones de libertad para el exfuncionario policial, sus familiares, lejos de desanimarse, tuvieron más fuerza para continuar luchando por su excarcelación. María Isabel no duda que “lo peor que le puede pasar a un detenido por motivos políticos es el olvido”.

La familia mantuvo la esperanza de que Erasmo saldría en libertad. Su clan hacía colectas para llevarle comida, artículos personajes, ropa y otras de las necesidades básicas que en las cárceles venezolanas no se cubren. Se turnaban para ir a visitarlo las veces que podían o se les permitía. 

“En los últimos años, en Fenix, mi sobrino nos pidió que sus hijos, en especial su hija, no fuera a visitarla porque las requisas a las mujeres eran muy fuertes y humillantes”, dijo María Isabel. 

Los trámites de su sobrino eran la prioridad en la familia. “Esa era la fe que me mantenía así, por eso es que siempre hacíamos todas las diligencias que nos decían: ‘Haga esto’, y nosotros lo hacíamos. ‘Vayan para tal lado’. Nosotros teníamos la esperanza de que lo liberaran tras las medidas alternativas de la pena”. 

“Metía otros recursos y nada. La ley de amnistía, nada. La liberación, nada. Entonces, cuando se llega a esto, a esta cuestión, ya yo estaba bueno, Señor, ¿hasta cuándo?…Llega un punto que te preguntas ¿hasta cuando, pues, tanta injusticia?”

Agradeció que los medios de comunicación, incluso tras la represión y censura, le daban espacio para contar la historia de Erasmo. “Bueno, eso lo hicimos gracias a los medios de comunicación. Los periodistas, porque nos dieron a conocer y traspasamos fronteras. También a los vecinos de La Soublette que crearon un grupo de WhatsApp para ayudarnos”. 

Uno de los peores temores era que Erasmo no saliera con vida de la prisión. Escuchaban los testimonios de torturas y de violaciones de derechos humanos contra los presos por motivos políticos y  quedaban perplejos.

El reciente caso de la muerte bajo custodia del Estado de Víctor Hugo Quero Navas, y luego la muerte de su madre Carmen Teresa Navas, llenaron de temor a María Isabel, porque para ella, cuando se es familiar de un preso político, se es familiar de todos.  

“Gracias a Dios salió con vida, porque hay tantas madres que perdieron esa oportunidad de abrazar a su muchacho. Entonces, ese dolor que tienen ellas, más el dolor que tú llevas, te hace luchar más. La fe y la esperanza no se pueden perder en la lucha por lograr la bonita libertad”, expresó. 

Al salir de la casa de María Isabel te quedas con una historia de resiliencia y esperanza para los centenares de presos políticos que siguen en las cárceles del país. Erasmo, como fanático de los deportes, quiere volver a su natal La Guaira a conocer el nuevo estadio que construyeron en la parroquia Macuto, ver cómo luce La Guaira, después del deslave de 1999,  sentarse en la playa y ser libre.