Sin política no habrá paraíso económico en Venezuela

“La viabilidad económica depende de una construcción política”

A partir de lo ocurrido el 3 de enero de este año, las expectativas de mejoramiento económico se han disparado en Venezuela. Los agentes económicos, los factores de poder y la población en general, ante las reformas legales que se han ido adoptando en el marco del tutelaje geopolítico, han venido mostrando señales positivas de cara, fundamentalmente, a las posibilidades reales de la recuperación económica. 

No obstante, con el pasar de los días, la situación se ha ido diluyendo porque este proceso no se ha llevado de manera integral y persisten los mecanismos operativos que fueron orquestados a partir del mismo modelo político-institucional que hemos tenido en las últimas dos décadas.

Vale decir entonces, que en términos de opinión pública hemos tenido unas expectativas muy elevadas acerca de la recuperación económica real del país. Aunque, en honor a la verdad, los indicadores económicos apuntan a índices de crecimiento superiores a los dos dígitos, muy por encima de otros países de la región y del mundo. Estos datos se circunscriben a un Estado, cuya producción petrolera se está recuperando a pasos agigantados por el formato tutelado, que ha permitido liberar la inversión extranjera rápidamente. 

Pero, esto no significa que se hayan desmontado los mecanismos institucionales que mueven la renta, sin la transparencia y objetividad necesarias para que permeen a la sociedad entera en forma de bienestar.

Metamorfosis

En el marco del Plan Rubio de tres fases, la concentración en la economía ha sido maximizada. Pero las estructuras político-institucionales continúan intactas. Según algunos analistas, el actual gobierno de Venezuela opera bajo una especie de “mutación” o “metamorfosis” que apuntala cambios económicos de acuerdo a las exigencias de Washington, pero no mueve ni las políticas ni los actores clave en la toma de decisiones internas.  

Este esquema hace mucha más lenta la recuperación y al propio tiempo, no existe incidencia sobre el retorno al pluralismo político, una mayor transparencia institucional y los contrapesos necesarios para lograr el equilibrio político democrático. 

La estabilidad institucional es clave para proyectar a largo plazo grandes reformas económicas que transformen al país. Aunque este hecho no esté intrínsecamente vinculado al accionar político, por las características de la polarización que afectó a Venezuela durante las dos últimas décadas, se desplomó la confianza necesaria para procesar las diferencias por el poder con mecanismos legales consensuados. En ese sentido, se fracturó el modelo político, indispensable para el horizonte económico.

Países como China, Singapur o Vietnam, aunque son regímenes donde la competitividad electoral es casi o totalmente nula, sus sociedades han establecido parámetros de acción pública que reúnen una base de legitimidad amplia que garantiza, el manejo del Estado y todas sus instituciones, alineados con las proyecciones necesarias para mantener un nivel de eficiencia económico adecuado. 

También podemos mencionar el caso específico del Perú en América Latina, que, aunque su política haya sido un verdadero desastre en los últimos años, su ritmo de crecimiento y el modelo económico han prevalecido por una serie de acuerdos “tácitos” que el liderazgo político del país suscribió hace un par de décadas atrás luego de los turbulentos años de conflicto interno.

Por tanto, Venezuela requiere entrarle de lleno a la resolución de sus problemas políticos. Sin acuerdos de gobernabilidad con equilibrios de poder en las instituciones, difícilmente, todo el músculo económico que se está generando por la recuperación de la producción petrolera, podrá mantenerse y seguir creciendo a largo plazo. Tenemos que vernos en el espejo de experiencias recientes. 

La bonanza petrolera de los setenta significó un verdadero desastre financiero para el país. Fue un fenómeno aprovechado por unos pocos en desmedro de la macroeconomía venezolana que terminó en 1978, mucho más endeudada que en 1973, justo antes de la gran bonanza. El “ta barato dame dos” nos dejó en la carraplana con una década de devaluaciones sucesivas que terminaron empobreciendo al país más rico de la región.

Construcción política: viabilidad económica 

Luego, comenzando el siglo XXI y ya con Hugo Chávez en el poder, las cosas no fueron distintas. La llamada mayor bonanza petrolera de nuestra historia no se aprovechó bajo parámetros de una amplia y legítima gobernabilidad sino más bien, enmarcada en un proceso polarizador que nos dejó exhaustos como sociedad y a la vez, nuevamente, arruinados. 

Con la inflación más elevada de nuestra historia y una de las más elevadas de todo el planeta desde que se llevan registros, amén de los estragos en deuda pública y falta de transparencia en el manejo de los recursos. En definitiva, se repitió la historia. Grandes inversiones, pero también grandes despilfarros.

Tal y como nos lo describen Daron Acemoglu (politólogo y economista) y James A. Robinson (politólogo), autores del célebre libro Por qué fracasan los países“Las instituciones económicas no surgen en el vacío. Son el resultado de un proceso político que determina cómo funciona la economía y quién se beneficia de ella.” También señalan que “la economía no depende solo de la geografía o la cultura, sino de la naturaleza de sus instituciones” lo cual, acentúa en el caso venezolano la interrelación entre política y economía.

Para rematar con un argumento clave: “se necesitan instituciones inclusivas que permitan y fomenten la participación de la gran mayoría de las personas en actividades económicas, protegiendo la propiedad privada y estimulando la competencia.”

¿Se están cumpliendo estos elementos en la coyuntura venezolana actual? Hasta ahora parece que no. Y eso es una señal altamente preocupante. La viabilidad económica depende de una construcción política

Para que haya construcción política se requiere de amplios y legítimos consensos en las disputas por el poder. En esto, la segunda y la tercera fase del Plan Rubio serán cruciales para determinar la voluntad real de cambio y reinstitucionalización en el país. 

Dentro de esta ecuación, es clave la reactivación de las grandes articulaciones políticas y sociales desde abajo, desde las bases mismas de la pirámide poblacional. Y en ello, el liderazgo, las narrativas y las motivaciones que presenten los actores políticos y sociales serán el combustible necesario para impulsar el gran ejercicio de la gobernabilidad y gobernanza para las próximas décadas de Venezuela.

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Las opiniones expresadas en esta sección son de entera responsabilidad de sus autores.

Del mismo autor: Venezuela: encrucijada geopolítica ¿Elecciones o macro ajustes económicos?

Autor(a)

Politólogo con especialización en gerencia social. Actualmente es el coordinador general del Centro Gumilla en el Estado Lara. Profesor universitario de pre y postgrado. Analista político y de tendencias electorales. Columnista de opinión. Locutor y conductor de programas de radio.