Sindicatos y transición: dirigencia aspira a la refundación y ser parte del proceso

Dirigentes en el país y en el exilio afirman que el concurso de las trabajadoras y trabajadores es necesario en los cambios en el país, porque sino la reconstrucción “no va a caminar”.

Para el movimiento sindical, 2026 es el momento para conjugar en voz activa los verbos: reinstitucionalizar, refundar, participar y unir. Luego, de más de 20 años sumergidos en una debacle de represión, intimidación, desconocimiento de procesos electorales, pérdida de la autonomía y otros problemas que conllevaron una semiclandestinidad de sus dirigentes y hasta el encarcelamiento de 22 sindicalistas y el exilio.

Pese a este panorama desolador aún continúa siendo un referente en el país.

Este impulso se da a escasos días de cumplirse un mes de la extracción de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, por fuerzas militares estadounidenses. Maduro, el autoproclamado presidente obrero, está en una prisión en Nueva York por razones muy distintas a las de sus congéneres.

La acción ordenada por el gobierno de Donald Trump, el 3 de enero, amplió un poco la pequeña ventana de libertades que se vive en Venezuela. El tiempo es crucial para emprender las tareas que significan fuertes desafíos y retos a vencer.

La amnistía representa una puerta para esos 22 sindicalistas detenidos, entre quienes se encuentran Elías Torres, presidente de la CTV, y William Lizardo, presidente de Fetraconstrucción.

 Ambos pasaron más de 60 días de desaparición forzosa y fue este 30 de enero cuando se supo que están recluidos en la zona 7 de la PNB en Boleíta. Su aprehensión no cumplió con los procesos legales.

La autoría intelectual de esas decisiones que vulneran los derechos humanos recae sobre la cúpula de quienes dirigen la llamada revolución bolivariana.

Sindicalismo debe revertir la fragmentación

León Arismendi, profesor de Derecho Laboral de la UCV y director del Instituto de Altos Estudios Sindicales, Inaesin, destaca que: “El movimiento sindical democrático, a pesar de su fragmentación, ha resistido los embates del Estado (…)El sindicalismo oficialista repite el guion de sus pares en lo que fue y en lo que queda del socialismo real. Son voceros del gobierno y su papel es contener los reclamos de los trabajadores”.

Esta afirmación forma parte de su texto: Ante la destrucción del trabajo y la fragmentación del movimiento sindical en el siglo XXI, en el cual también se señala que: “El norte de la estrategia sindical debe centrarse en revertir la tendencia a la fragmentación, para lo cual es necesario reafirmar principios y dotarse de bases programáticas que unifiquen y sinteticen las aspiraciones de los trabajadores”.

Recomienda seguir lo resuelto por la Conferencia Internacional del Trabajo de 1952: “La misión fundamental y permanente del movimiento sindical es el progreso económico y social de los trabajadores. Ello, presupone la autonomía de los sindicatos frente a patronos, partidos y Estado. Las líneas programáticas deben estar encabezadas por el objetivo de devolverle al trabajo su valor”.

Arismendi sostiene que: “Una derivación imprevista de las elecciones sindicales de 2001 y de la intervención del CNE en las mismas fue el desmantelamiento de la infraestructura electoral de la CTV y de su mecanismo tradicional de evaluación y definición de programas y líneas de acción. Los congresos quinquenales, en la práctica, no han sido sustituidos por nada. Es urgente reconstruir la infraestructura electoral y convocar elecciones. Sin ellas la renovación de los cuadros dirigentes no es posible”.

Renovación generacional y mujeres

Tres años después, Mauro Zambrano, coordinador de la Red Sindical Venezolana, va tras la búsqueda de la legitimidad de los representantes porque es la forma de recuperar la confianza de los trabajadores.

La renovación generacional y la incorporación de las mujeres en cargos de dirección son un paso decisivo para superar la fragmentación de las centrales, federaciones, corrientes, y construir una plataforma de lucha que permita lograr los objetivos planteados.

“Creo que ahí hay que meter el tema de las mujeres dentro del movimiento sindical, que ha sido muy difícil. Siempre ha sido un movimiento sindical muy machista, por decirlo así; siempre es encabezado por hombres”.

A la par, toca, dice, luchar por los derechos que todavía siguen conculcados. “Creo que eso va a seguir. No veo alguna mejora. Sin embargo, tenemos que luchar para que eso no se dé”.

¿Cómo refundar? Zambrano ve dos vías; desde las bases y con elecciones que sean mecanismos democráticos con estatutos claros y rendición de cuentas.

La segunda, es la apuesta por profesionalización y muestra cifras. En la red que coordina ya tienen 250 dirigentes formados en cinco estados y aspira a crear una institución que permita que los representantes sindicales se formen.

Se trata, destaca, de que haya una agenda común con una narrativa que permita llegar a las reivindicaciones salariales que hoy tanto exige el país, asimismo, luchar por empleos dignos, también por servicios públicos eficientes y hablar de democracia.

“Creo que el país ahorita lo necesita y lo requiere. Que sea una articulación intersectorial con trabajadores de la salud, educación, empresas básicas, sector privado e informal”.

Otro emblema es la democracia sindical. “Lo hemos desarrollado mucho. Incluso, desde esta red apoyamos a dirigentes sindicales que quieren hacer procesos electorales. Respaldamos el de la Federación Venezolana de Maestros (FVM) que fue muy importante al igual que el de Fetraenseñanza. Queremos que eso pase en todo el país”.

La negociación colectiva y la justicia social también forman parte de ese paquete a recobrar. “No tenemos Inspectoría del Trabajo que vele por los trabajadores. En Caracas no hay inspectores. Una cosa totalmente absurda”.

Entre las actividades a desarrollar incluye la contraloría social, acción que los sindicalistas han practicado para hacer un contrapeso en la ejecución de inversiones. “Lograr que cuando haya cosas mal hechas reclamar y en eso, somos una garantía y es importante para nosotros”.

Superar la anomia

Leyla Escobar, secretaria de la Federación Venezolana de Maestros, FVM,  coincide con sus pares masculinos y destaca que el reto a vencer es superar el desorden social, la anomia y enfrentar la represión y las restricciones severas a quienes ejercen la actividad sindical o hacen críticas al patrón o al gobierno.

Consciente de que la violación de la libertad sindical ha disminuido la capacidad de movilización y defensa del trabajador, apunta que la falta de negociación y diálogo impide que se firme una convención colectiva. “Hay una debilidad porque todo está desarticulado, porque hay un control político que deja a los trabajadores sin ninguna protección legal”.

En ese cúmulo de retos a vencer, incluye la migración y la informalidad que ha obligado a los trabajadores a realizar oficios que les den mayores beneficios.

En la unidad observa una forma de lucha para enfrentar la ola de agresión que tiene el Estado. “Las reivindicaciones tenemos que volver a conquistarlas  juntos”.

El ofrecimiento hecho por la presidente encargada, Delcy Rodríguez, de destinar recursos de los fondos provenientes de la venta de petróleo a Estados Unidos para beneficio de los trabajadores, lo percibe más como un “intento publicitario y de micrófono” que una medida real para comenzar a discutir el salario.

Advierte que la transición en el país debe comenzar por un proceso en el cual todos los actores puedan ejercer su actividad y que las trabajadoras y los trabajadores deben ser tomados en cuenta para las decisiones y los grandes acuerdos que tienen que hacerse.

Escobar precisa que 17 sindicatos, de los 27 de la FVM, son presididos por  mujeres y que por primera vez en 94 años dos fueron elegidas para los cargos de máxima jerarquía: la presidenta, Carmen Teresa Márquez, y ella, como secretaria.

No duda que la participación de las mujeres en todos estos procesos de cambio va a ser significativo y que en el país que está por nacer marcarán un antes y un después.

Voces en el exilio

Carlos Ortega, expresidente de la CTV y con 20 años en el exilio,  considera que a corto plazo el reto es lograr la libertad de los sindicalistas presos y, a mediano plazo, el desafío es la reinstitucionalización y reorganización del movimiento sindical y gremial. “Para devolver a los trabajadores todo lo que Chávez, Maduro y la revolución les robaron, a saber: salario, convenciones colectivas, HCM, en fin, todos los derechos y beneficios que alcanzaron durante la democracia”.

Eso, sin dejar de lado, la recuperación de la autonomía sindical, desmantelar los sindicatos oficialistas, hacer que el ejercicio del sindicalismo no comporte un riesgo personal y político para el trabajador, entre otras cosas.

“Sobre todo esto está trabajando la Coalición Sindical, plataforma que integra un gran número de organizaciones sindicales en el ámbito nacional, en la que caben todos los colores, porque sabemos que solo unidos podemos lograr el rescate de la democracia y la libertad en nuestro país”.

Tiene una certeza: el sector sindical puede y debe jugar un papel clave en la transición pacífica. A su juicio, constituye un interlocutor válido y sólido entre el gobierno de transición y la masa trabajadora, lo cual es determinante para lograr soluciones consensuadas a los graves problemas por los que atraviesan las trabajadoras y los trabajadores.

Estas dificultades tienen que ver, según su criterio, con la destrucción del movimiento puesta en práctica por el oficialismo, aunado al desconocimiento de los derechos laborales.

Ve vital la intervención del movimiento sindical en la definición y toma de decisiones de las políticas de transición, porque “incidirá en la estabilidad social que el país necesita a tales fines”.

Trabajadores petroleros

Iván Freites, secretario de la Federación Unitaria de Trabajadores del Petróleo (Futvp) y con más de cinco años fuera del país, también aspira a la refundación de los sindicatos, pero sin tutela de nadie. “El movimiento sindical tiene que emerger desde las bases de las empresas, obreras, técnicas y profesionales, sobre todo del área petrolera”.

Igual que Zambrano, Escobar y Ortega, sostiene que la transición tiene que tomar en cuenta a los trabajadores; de lo contrario,  “la reconstrucción nacional no camina. Sin las organizaciones sindicales será un caos”.

Freites celebra el retorno de las empresas petroleras estadounidenses, sin embargo, alerta que no es conveniente que se firme una convención colectiva con cada una de las compañías. Recomienda que sea una sola la que maneje toda la rama concerniente a los hidrocarburos y la gasífera.

“No se puede tener más de un nivel petrolero. Vamos a tener más de 80.000 trabajadores directos en la reconstrucción del área petrolera y más de 500.000 indirectos. O sea, una masa de trabajadores que tiene que estar organizada con su representatividad, que es lo que hacemos los sindicatos”.

La aprobación de una nueva Ley de Hidrocarburos (29 de enero de 2026) por parte de la Asamblea Nacional no la ve con buenos ojos. Aduce que ese organismo no tiene legitimidad y cuestiona que el instrumento legal no tenga base jurídica sólida.

Considera difícil que esas compañías inviertan en Venezuela, donde hay instituciones que no representan a nadie. “Las empresas pueden tener todo el capital del mundo, pero no tienen la mano de obra”,

El número de trabajadores calificados requeridos, advierte, no existe en el país debido en parte a la migración. Relató que los chinos, en las refinerías de Amuay y Cardón hicieron una jornada de selección de personal y resultó que el promedio de edad de los “andamieros” fue de 72 años. Por la naturaleza del trabajo, una persona de más de 50 años de edad no puede desempeñar este puesto.

Hay un personal que debe ser clasificado y eso no aparece en la nueva Ley de Hidrocarburos como tampoco la estabilidad laboral y vaticina que no solo elimina la nacionalización petrolera, sino que desaparece la principal industria del país.

La recuperación del valor del trabajo, la observa con la legitimación de los sindicatos y que, de ellos, surjan los nuevos salarios y demás beneficios.

Recordó que, en 1999, la convención colectiva de los trabajadores petroleros establecía un salario digno. “Yo ganaba $2.500 mensuales. Teníamos un comisariato, plan de salud que cubría un $1.000.000, uno de vivienda, teníamos escuelas, clubes, capacitación del personal”.

Se pregunta: ¿Cómo recuperar eso? Con representación sindical genuina y “gente que en verdad le duela el trabajador”.