Por falta de dinero tardaron dos semanas en retirar cadáver de la morgue #MonitorDeVíctimas

Vetzaida Zamora Perales tuvo dos semanas entre el llanto y la burocracia. Su historia es una de tantas que quedan sin conocerse. Es el punto de encuentro de las dos tragedias que azotan al país: la violencia y la pérdida del poder adquisitivo.

Su único hijo, Yovanny Joségregorio Zamora Perales, de 28 años de edad, era abogado y estudiaba Diseño de Modas. Después de ocho años viviendo en Caracas él no pudo insertarse en el mercado laboral de su área, sino que resolvía con trabajos a destajo, uno de ellos como costurero. Vetzaida, a duras penas, pudo ayudarlo a pagar la universidad con la jubilación que le otorga el Estado luego de sus años de servicio en el Hospital General Dr. Luis Felipe Guevara Rojas del estado Anzoátegui.

El 25 de marzo, cómo paliar la inflación pasó a segundo plano para la familia como prioridad: a Yovanny lo encontraron muerto en la habitación de la pensión donde residía, descompuesto y con un golpe en la cabeza. El lugar fue desvalijado.

Para el 10 de abril, Vetzaida y su sobrina Alexandra Paul Zamora lidiaban con el luto impuesto por la violencia y también con la situación económica que no les había permitido retirar el cadáver de Yovanny de la principal sede forense de Caracas.

“Nos enteramos el domingo, 25 de marzo, que lo habían matado y ese mismo día en la noche nos vinimos a Caracas. Tuvimos que pedir prestado a los vecinos para conseguir el dinero del autobús”, indicó Alexandra a Monitor de Víctimas.

Ella, Vetzaida y Yovanny son oriundos del estado Anzoátegui. Las dos primeras viven en la ciudad de El Tigre, la misma que hace ocho años abandonó el joven para estudiar Derecho.

De acuerdo con la información que Vetzaida dio este martes, 10 de abril, en la morgue de Bello Monte, Yovanny egresó de la Universidad Metropolitana como abogado y ahora estudiaba Diseño de Modas en el Centro Universitario Monseñor de Talavera.

A sus 28 años de edad, con un título universitario en mano y con otro en camino el joven vivía en una pensión para hombres en San Agustín del Norte, municipio Libertador de Distrito Capital, donde había otras 45 habitaciones. No trabajaba en su área, sino como costurero y el lunes, 26 de marzo, comenzaría a laborar en una panadería de Caracas.

“Era un sitio con normas estrictas. Ni siquiera yo podía visitarlo. No se permitían visitas de niños, mujeres ni de otros hombres. Allí tenía cuatro años viviendo, porque antes mi hijo estaba en casa de mi hermano en el barrio José Félix Ribas (municipio Sucre)”, indicó Vetzaida.

Sobre el crimen, sus parientes desconocen detalles. La última vez que la madre de la víctima se comunicó con él fue el jueves, 23 de marzo. Al día siguiente, ella intentó hablar con él, como solían hacer todos los días sin falta, pero no obtuvo respuesta. El sábado lo volvió a llamar y el joven tampoco contestó. Allí supo que algo pasaba.

Vetzaida llamó a los amigos de Yovanny, quienes le comunicaron que no sabían nada de él. El domingo, una encargada de limpieza de la pensión notó que por debajo de la puerta de la habitación de Yovanny salían moscas y alrededor se sentía un mal olor. Decidió ingresar y se topó con el cadáver descompuesto.

“Se llevaron el celular, la máquina de coser, un sartén, su laptop, el ventilador, la ropa y sus tarjetas de crédito y débito. Él estaba reuniendo para irse del país a Argentina y si tenía dólares también se los llevaron”, manifestó Vetzaida.

Foto: Carlos Ramírez / Monitor de Víctimas

Un cadáver equivocado

Alexandra fue la única pariente de Vetzaida que decidió acompañarla en el proceso burocrático de la muerte. Ella es prima de Yovanny, a quien consideraba como un hermano por su apego desde la infancia. También era su manager, desde que ella se inició en el modelaje.

“En esta Venezuela que vivimos hay que pensar dos, tres o más veces en estar fuera de casa. La inseguridad está en todo el país, pero en la capital es más peligroso. Caracas da miedo”, reconoció la joven quien aseguró que esta situación que atraviesa su familia es para ellos una paradoja, pues Yovanny cambió su domicilio para mejorar sus condiciones de vida.

Gracias al apoyo de los parientes que están radicados en Caracas pudieron moverse por la ciudad. No tenían carro y los recorridos los hacían a pie y en transporte público. A veces, alguno de estos allegados las acompañaban, otras veces no y eso retrasaba el proceso.

De la morgue de Bello Monte, a la sede del Cuerpo de Investigaciones Científicas Penales y Criminalísticas en la avenida Urdaneta. Del Registro Civil de San Pedro al de Santa Rosalía. Alexandra asumió la responsabilidad de recorrer estas instancias para aligerar el pesar de su tía, de 68 años de edad.

“Pedimos ayuda a las alcaldías de aquí. Nos decían que nos iban a ayudar, pero nunca llegó la ayuda. Incluso la morgue ofreció darnos una urna, pero tampoco llegó. Al final, entre todos los familiares logramos reunir 20 millones para pagar el servicio funerario”, indicó Alexandra como parte de los obstáculos que tuvo que superar.

Uno de los incidentes más angustiosos para ella fue el del domingo, 8 de abril, cuando llegó a la sede forense de Bello Monte para retirar los papeles y proceder con los arreglos del entierro.

Un funcionario del sitio le indicó que los documentos los habían colocado en una oficina donde almacenan los casos de las personas que serán llevadas a la “peste” -sitio del Cementerio General del Sur donde entierran a aquellos que no son reclamados por sus parientes- y que el sitio estaba cerrado con llave.

“No entiendo cómo pasa esto si yo tenía dos semanas yendo a la morgue. Ese fue un día perdido porque la persona encargada no trabajaba los domingos”, recordó la joven.

El martes, 10 de abril, las dos mujeres otra vez se presentaron en la medicatura forense. La noticia de que no lograban ubicar al cuerpo de Yovanny entre los cadáveres registrados les cayó como un plomo. “Decían que se lo habían llevado a la peste. Eso fue una angustia terrible. Luego no nos decían nada. Hasta que al final, a las 3:00 pm me dijeron que ya podía retirarlo”, exclamó.

Una vez que Alexandra recibe el acta de defunción y el permiso de inhumación, pasa al interior de la morgue a vigilar cómo la funeraria se llevaba a su primo. Aunque el cadáver que habían sacado de las cavas estaba descompuesto, ella pudo reconocer que no era el de Yovanny: “Ya va, éste no es mi primo. Éste es un viejito con bigote”, exclamó.

Fue a las 3:30 pm de este martes cuando la carrera de obstáculos terminó para Vetzaida y Alexandra. Los restos de Yovanny, el abogado, el estudiante de Diseño de Modas, el único hijo de Vetzaida, el primo y manager de Alexandra, fueron enterrados en el Cementerio General del Sur, con una urna pagada por la familia. Ahora comienza otro viacrucis para las dos: la retribución del dinero prestado, que asciende los 30.000.000 de bolívares.

Foto: Carlos Ramírez / Monitor de Víctimas

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