Cinco meses después de la muerte de Samuel, Judith Bront espera justicia #AgoníaEnElJM

Yo peleo con Dios todo los días. Sí peleo, no te voy a decir que no. Pero él es el que nos da la fortaleza para superar lo que le pasó a Samuel”, asegura Judith Bront desde el cafetín del hospital pediátrico José Manuel de los Ríos. Minutos antes había subido al piso cuatro de la torre de hospitalización para entregar unas donaciones a los pacientes del servicio de Nefrología, el mismo piso donde murió su hijo Samuel hace cinco meses.

Le es difícil volver a pisar el hospital donde Samuel se contaminó, donde recibió antibióticos vencidos para tratar la pseudomona que contrajo en la unidad de hemodiálisis y, hasta algunos días, ni eso. En donde vio morir a su hijo y a los amigos de su hijo de a poco.

Ahora mantiene su lucha como voluntaria de la fundación Prepara Familia en el hospital pediátrico. Lo hace porque no quiere que más niños ni sus madres vuelvan a pasar por lo que ella y el adolescente de 12 años pasaron. Entrega juguetes, ropa, insumos y medicinas a la par que denuncia las carencias de los pacientes del servicio.

Difíciles son todos los días. Yo llego ahí y es como si estuviera viendo a Samuel corriendo por los pasillos o hablando con las enfermeras”, afirma. “Yo no te voy a decir que no lloro todas las noches ni que no me pongo triste cuando pienso en las cosas de Samuel, pero hago esto para que otros niños no tengan que vivir nada parecido. A donde yo tenga que ir yo voy”, añade tajante.

Tras la muerte de su hijo, Judith ayuda a las madres del servicio de Nefrología las donaciones realizadas a través de Prepara Familia

Bacterias en la hemodiálisis

Samuel fue uno de los niños que contrajo pseudomona, tras el brote registrado en la unidad de hemodiálisis del hospital J.M. de los Ríos. Lo hospitalizaron en marzo y dos meses después murió, el 11 de mayo de 2017. Fue el segundo niño en fallecer debido a la contaminación de los tanques que surten agua al servicio: el primero fue Raziel Jaure, quien murió una semana antes de Samuel, el 3 de mayo. Se creía que Raziel, de 10 años, no tenía ninguna infección; pero después de su muerte llegaron los cultivos y se confirmó que tenía klebsiella.

Las alertas se encendieron en marzo. Los niños iban a dializarse y presentaban fiebre y dolores en las articulaciones. “De los 10 pacientes que había en el turno de la tarde, todos tenían los mismos síntomas”, recuerda Judith.

Los pacientes pasaron a hospitalización porque se sospechaba que había una bacteria. Para prevenir, los doctores dejaron hospitalizados a los pacientes mientras llegaban los resultados de los cultivos y se les suministraban los antibióticos. Al cabo de una semana llegaron los análisis de laboratorio y se confirmaron brotes de estafilococo, klebsiella y pseudomona. “De un total de 24 pacientes que se trataban en la unidad de hemodiálisis del J.M. de los Ríos, 18 fueron hospitalizados”, añade la madre.

En abril las madres se volcaron a las calles, no solo para buscar los antibióticos Meropenem y Vancomicina que al hospital le faltaba, sino para protestar por la contaminación de la unidad y exigir al Ministerio de Salud que solucionara la situación. Mientras tanto, en el piso cuatro del J.M. de los Ríos los pacientes seguían deteriorándose.

“Los niños recibían antibióticos vencidos o no tomaban los antibióticos con la continuidad que requerían, entonces las bacterias se estaban haciendo más resistentes”, asegura Judith.

La vida seguía en la unidad de hemodiálisis y los niños entraban, pero ya no como antes. Ya no se ponían a hacer sus tareas ni iban con sus juegos. Gritaban de dolor.

El dolor y el deterioro fueron aumentando con los días. En mayo, aparte de las muertes de Raziel y Samuel, también se registró el deceso de Dilfred Jiménez, el único adolescente fallecido por el brote. Tenía 15 años y se infectó con klebsiella en la unidad. Tres muertes marcaron el mes de mayo en el J.M. de los Ríos.

Un mes después, el 25 de junio, falleció Daniel Laya de dos años de edad. Tenía dos bacterias alojadas en el catéter intercardíaco que le colocaron en su corazón. Aunque las madres de varios pacientes formalizaron la denuncia ante el Ministerio Público para que se investigaran las causas del brote, no fue sino hasta la muerte de Daniel que un fiscal se trasladó al hospital.

Judith Bront frente al pasillo donde se encuentra la habitación en la que Samuel estuvo hospitalizado durante dos meses

Hasta la fecha son más preguntas que respuestas las que tienen Judith y las otras madres. Las investigaciones no han arrojado resultados a pesar de que la última muerte “confirmada” por el brote se registró a finales de junio.

Judith fue a la dirección del hospital, al Ministerio de Salud, a la Fiscalía, a la Defensoría del Pueblo y hasta la Comisión Interamericana de Derechos Humanos para denunciar lo que vivió su hijo. No puede evitar preguntarse si Samuel aún estaría a su lado si las autoridades hubieran actuado diferente. Si hubieran limpiado la planta de ósmosis en el tiempo establecido, si hubieran suministrado los medicamentos necesarios, si hubieran cerrado la unidad de hemodiálisis o si hubieran realizado el mantenimiento que requieren las máquinas de diálisis.

“Yo sí creo que nuestros hijos estarían aquí con nosotros si se hubieran puesto a ver cuál era el problema; pero no le pararon, no le dieron importancia a la situación”, afirma Judith. “Yo lo que quiero es que se haga justicia, porque aquí hay más de un culpable”.

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Hasta septiembre de 2017, la ONG Prepara Familia registró 12 decesos de pacientes nefrópatas. Pese a que se confirmó que cuatro murieron tras contraer las bacterias de la hemodiálisis, la fundación no descarta que más niños hayan fallecido por esta misma causa.

Las demás muertes han sido atribuidas a complicaciones médicas. Sin embargo, varios de estos niños contrajeron las bacterias mientras se dializaban en la unidad y se cree que el proceso infeccioso contribuyó con el deterioro de la salud de estos.

Luego del brote, varios pacientes migraron a otros centros de salud. Sin embargo, aunque se dice que el brote llegó a su fin, hay niños contaminados con las mismas bacterias y que reciben atención en la unidad de hemodiálisis actualmente.