Casos de desnutrición grave en el J. M. de los Ríos aumentaron 267% en un año

Silenciosamente van incrementando los casos de desnutrición grave que reciben los galenos del hospital infantil J. M. de los Ríos. En tan solo un año, la doctora Ingrid Soto, pediatra y jefe de servicio de Nutrición, Crecimiento y Desarrollo del centro de salud, vio aumentar en 267% los casos de niños con la piel pegada a los huesos o hinchados por la falta de nutrientes .

“En 2015 se registraron 30 pacientes con desnutrición grave, mientras que en 2016 ese número llegó a 110 pacientes”, alertó la doctora Soto.

Los números siguen en ascenso este 2017, lo que confirma que la crisis alimentaria sigue avanzando. Según los registros que lleva Soto, en el primer semestre de 2016 ingresaron 43 pacientes con desnutrición grave, mientras que en los primeros seis meses de este año fueron 50.

En su consulta escucha cómo los mismos problemas se repiten entre los padres: las madres dejan de comer para guardar lo poquito que hay en el hogar para los más pequeños y ya los papás no se quedan con la porción más grande de la mesa. Un estudio hecho por la fundación Cáritas Venezuela lo confirma: “En 92% de los hogares que mencionaron que algún miembro de la familia tuvo que dejar de comer, esta persona fue referida como la madre o la abuela“, señala una encuesta a 444 familias hecha entre marzo y abril de este año.

Soto indicó que 60% de los casos de desnutrición grave se presentan en lactantes que pudiesen tomar leche materna para recibir los nutrientes necesarios. Sin embargo, alertó las mamás no los amamantan y que están desnutridas. “Ahora las mujeres no ganan peso durante el embarazo, sino que lo pierden”, alertó.

Los casos de pequeños con formas edematosas también han crecido. Estas corresponden a los niños que se hinchan por déficit de proteínas en su dieta. En 2015, solo 2% del total fue diagnosticado con edema; en 2016 ese número creció a 30% y en 2017 a 34%.

Para paliar la escasez de fórmulas lácteas y de alimentos, los padres optan por ofrecer a sus bebés teteros de espagueti batido, arroz, jugos de frutas que todavía sus estómagos no toleran y leche diluida. En ninguna de las opciones los más pequeños reciben la cantidad proteica necesaria para sus edades.

La pediatra incluso advirtió que en el J. M. de los Ríos ha habido casos de niños con pelagra, una enfermedad que ocasiona machas en la piel y que se produce por la falta de nutrientes. “Es la expresión máxima de déficit nutricional”, indicó Soto. También se han presentado casos en el hospital Domingo Luciani.

La jefa del servicio de Nutrición, Crecimiento y Desarrollo indicó que los más vulnerables son los bebés que se encuentran en proceso de gestación y los niños menores de dos años, pues en estos períodos los pequeños viven la etapa de crecimiento más rápida y necesitan recibir los nutrientes necesarios para asegurar el correcto funcionamiento del organismo.

¿Las consecuencias? Soto explicó que las deficiencias nutricionales no solo van a pasar factura al crecimiento del niño, sino que lo va a acompañar por el resto de su vida. “Son niños que quizá no puedan terminar el colegio ni llegar a la universidad porque la desnutrición afecta su desarrollo cognitivo. También van a ser niños más propensos a enfermarse y morir. Esto lo que va a hacer es perpetuar la pobreza“, finalizó.

Monitoreo del hambre

Desde que la fundación Cáritas Venezuela inició su monitoreo centinela en distintos estados del país a finales de 2016, la desnutrición severa se ha ido acercando al umbral de emergencia establecido por organismos internacionales.

De un total de 1.069 niños evaluados, 122 fueron diagnosticados con desnutrición moderada y severa. Otros 171 pequeños presentaron desnutrición leve, mientras que 288 están “en riesgo” de padecer esta condición.

Los últimos resultados del monitoreo de Cáritas son motivo de alarma. Cuando la proporción de desnutrición severa llega a 10%, la OMS considera que el país se encuentra en una crisis humanitaria. Los casos más alarmantes se registraron en Zulia, donde 12,8% de los casos fueron diagnosticados con desnutrición severa-aguda. Le siguieron Vargas (12,3%) y Miranda (11,8%). Sin embargo, el Distrito Capital se encuentra por debajo del umbral de alarma, con una proporción de 7,6%.

Especialistas temen que si las autoridades no dan respuesta inmediata a la situación, se pase de una crisis a una emergencia humanitaria.