“No comí para dejarle a mis otros hijos”, la desnutrición también pone en riesgo a embarazadas

Michelle Colmenares se fue a la consulta médica en la maternidad Santa Ana, en San Bernardino, tras haber desayunado solo un plátano con queso. Si hubiese sido cuestión de una sola vez, únicamente ese desayuno, no importaría mucho; pero tiene 25 semanas de embarazo y confiesa que en su dieta priman las harinas y el arroz. Las proteínas, vitales para el crecimiento y el desarrollo del feto, “no es lo que se acostumbra a comer” en su casa.

Yomairy Guerra también estaba en la consulta del Santa Ana, está embarazada y no come adecuadamente. Las proteínas dejaron de acompañar al pan de cada día porque se pusieron muy caras. Arroz es lo que más consume y asegura que ya la harina y la pasta figuran menos en su dieta porque “se volvieron casi imposibles de conseguir”. La mañana de ese martes desayunó una “panquequita”. Comió una sola, sin nada. Ni rellenos ni acompañantes.

En su vientre Yomairy Guerra carga un feto de 20 semanas. En esta etapa el bebé ya está formado, se mueve y empieza a formar sus neuronas. Aunque los médicos mencionan la importancia del consumo diario de proteínas durante todo el embarazo, insisten en que el segundo y tercer trimestre la ingesta es clave. Son las fases en las que el bebé crece más rápidamente, al igual que los órganos de la madre que deben acompañar el desarrollo del feto.

Sin embargo, Yomairy y Michelle no son las únicas madres que han tenido que ajustar su dieta a la crisis alimentaria. Reducir las porciones, sustituir unos alimentos por otros o comer menos veces al día son estrategias de supervivencia que ha adoptado la población frente al aumento de la canasta básica y la constante escasez de alimentos.

De acuerdo con el último informe publicado por la Fundación Cáritas Venezuela, correspondientes a los meses marzo y abril de este año, se determinó que el consumo de tubérculos aumentó, mientras que el de carnes, huevos y lácteos se redujo. Estos alimentos recortados son vitales para la prevención de la anemia, el desarrollo infantil y para propiciar embarazos seguros y saludables.

El estudio reveló que 7 de cada 10 hogares reportaron un deterioro en su alimentación. También que en 92% de los hogares que indicaron que algún miembro de la familia tuvo que dejar de comer, esta persona fue referida como la madre o la abuela. En total, Cáritas entrevistó 444 familias.

Un riesgo muy alto

“Lo normal es que la mujer suba 10 kilos durante el período de embarazo. Cuando las mujeres aumentan menos de ocho kilos, ya existe un alerta de desnutrición“, explicó a Efecto Cocuyo Luisa Jiménez*, doctora del servicio de prenatal de la Maternidad Concepción Palacios. Cuando esto sucede, indicó, el embarazo pasa a ser de alto riesgo.

En su consulta ha visto repetirse la realidad de la mala alimentación en una paciente tras otra y asegura que hay un incremento de bebés con bajo peso al nacer, que son los que pesan menos de 2 kilos 500 gramos. Pese a que hay un aumento, advierte que es difícil hacer seguimiento a los casos de recién nacidos desnutridos puesto que también hay bebés prematuros o con otras condiciones que presentan pesos bajos.

Una de las situaciones que más se repiten en la consulta de Jiménez ocurre cuando le toca hacer el perfil biofísico fetal para evaluar el desarrollo del feto. Las mamás tienen que venir desayunadas pero, cuando les hace la pregunta de si comieron, la respuesta suele ser negativa.

“Una de las condiciones es que la paciente haya comido, pero vienen sin nada en el estómago. A veces son las 9:00 am y te dicen que no tienen nada en la casa o no comí porque tenía que darle de comer a mis otros hijos“, contó. Olvidan que dentro de ellas también cargan un bebé.

Desayuno, almuerzo, cena y meriendas son las comidas que deben ingerir las embarazadas, según recomiendan los galenos. Nada más alejado de la realidad para muchas mujeres. Gresimar González es una de ellas. Tiene 29 semanas de embarazo y puede comer variado cada 15 días, cuando le llega la caja del Clap a su casa en los Valles del Tuy. Esos días puede comer arepa, arroz con caraota o pasta con atún; pero cuando se le acaba, el bebé que carga en su vientre y ella se llenan a punta de verduras, más que todo yuca y maíz. Las meriendas son un lujo.

“Hoy día las mismas mamás te dicen que no está comiendo bien, que comen dos veces al día o menores cantidades de alimentos“, explicó Jiménez. La segunda alternativa es el caso de Reina Urbina, embarazada de 28 años a la espera de su segundo hijo.

Como trabaja en un supermercado, Reina considera que está en una posición más beneficiosa que otras mujeres. Sin embargo, aún con las facilidades de poder comprar algunos productos, otros se quedan lejos de su alcance. “El otro día llegó una bolsa de un kilo de leche a 16 mil bolívares, entonces ahora ya no tomo leche”, lamentó.

Aunque tiene un bebé en camino, ella reduce sus porciones para darle más a su primogénito, de nueve años. “Antes hacía medio bistec para mí y ahora hago un cuarto. Sin embargo, a mi hijo grande sí le doy un bistec para él solo y trato de comprarle sus meriendas. Él sí se tiene que comer sus porciones completas porque está en pleno desarrollo”, aseguró.

Los riesgos de la mala alimentación durante el embarazo varían dependiendo de la etapa de gestación del feto. Si ocurre durante los primeros meses, se ve afectada la fase de formación de órganos vitales. Jiménez advierte que algunos de los riesgos del bajo peso al nacer son alteraciones neurológicas y retardo psicomotor; mientras que la falta de proteína afecta el desarrollo de los músculos e incrementa las posibilidades de padecer infecciones o anemia.

“Antes había ciertos casos de embarazo que se consideraban de alto riesgo, pero ahora es distinto. Ahora la mujer embarazada en Venezuela es de alto riesgo porque no se está alimentando bien”, sentenció Jiménez.

*El nombre fue modificado a petición del entrevistado por temor a represalias