“A mi hijo de 5 años le da miedo dializarse”, madre de paciente del J.M. de los Ríos

El 3 de mayo falleció el primero y el 25 de junio el último. Los pacientes del servicio de Nefrología del J.M. de los Ríos van a cumplir dos meses entre muertes, medicinas vencidas para combatir las bacterias y el silencio oficial. La última víctima que cobró el brote en la unidad de hemodiálisis del hospital de niños fue el pequeño Daniel Laya, de dos años de edad. Tenía dos bacterias alojadas en el catéter intracardiaco que estaba en su corazón.

Daniel se une a la lista de menores fallecidos durante el mes mayo por el mismo proceso infeccioso: primero fue Raziel Jaure, de 10 años de edad, quien murió el 3 de mayo por el germen klebsiella; después Samuel Becerra, de 12 años, por una infección del germen pseudomona; y el tercero fue Dilfred Jiménez, de 16 años, también infectado con klebsiella.

El Ministerio Público (MP) anunció la designación de la fiscal 66ª nacional auxiliar, Adis Romero, para investigar las muertes que han tenido lugar en los últimos dos meses. El pasado lunes 26 de junio, cuando la furgoneta iba a llevarse el cuerpo del pequeño Daniel, la Fiscalía pidió que se suspendiera el traslado para hacerle una autopsia. Las mamás de los pacientes del servicio de Nefrología no lo permitieron.

“La fiscal dijo que el niño no se podía ir porque había que hacerle una autopsia”, reclamó Dayana Palacios, madre de un pequeño de cinco años que estuvo hospitalizado en la unidad de hemodiálisis y que se recuperó de la infección. “¿Después de cuatro muertos es que van a hacer la autopsia?”, inquirió.

“El niño murió por la bacteria”, añadió Vicky Fernández, madre de Abraham, uno de los 15 niños que están infectados. “¿Para qué le van a hacer la autopsia si con eso no van a revivirlo? Hacerle más sufrimiento a ese niño en vez de dejar que su mamá se lo lleve para que lo entierre en Calabozo (Guárico)”, expresó.

Uno menos en la unidad

Deivis Román es pequeño, y un tubo cubierto con cinta adhesiva blanca sobresale por su cuello. Es el segundo catéter que le colocan los médicos en los últimos tres meses y el segundo que se le infecta. El 10 de marzo fue el primer niño de la unidad de hemodiálisis en ser hospitalizado por el brote de la bacteria.

El primer catéter se contaminó y el infante contrajo los gérmenes klebsiella y pseudomona. Pasó un mes sin dializarse y luego le colocaron otro catéter. Volvió a infectarse, esta vez solo con klebsiella. Ahora su madre, Liliana Chinaglia, teme repetir el proceso y que su hijo vuelva a contraer las bacterias. “Nadie me da garantía de que no se va a volver a contaminar si le cambio el catéter”, dijo.

Recordó que la Fiscalía empezó a investigar sobre el brote luego de la muerte de Samuel, el segundo niño en fallecer por la infección. Chinaglia cuestiona que hayan esperado que ocurriera ese deceso para iniciar las averiguaciones, a pesar de que desde un principio denunciaron la contaminación de los tanques del servicio.

Pese a su corta edad, Deivis sabe cuándo falta uno de sus compañeros del piso en la diálisis. “El otro día vino la mamá de Samuel y le dije que no le preguntara por su hijo porque él ya estaba con papá Dios y su mami se iba a poner triste”, contó Chinaglia. “Todavía no le he dicho lo de Daniel”.

El hijo de Vicky Fernández también se da cuenta si falta uno de los otros niños que comparte su condición. De 14 años, Andrés lucha contra dos bacterias, klebsiella y pseudomona, incluso con medicamentos vencidos. Los familiares se sienten tan desahuciados que la madre del adolescente se ha paseado por la posibilidad de llevárselo a otro centro de salud, pero no es tan fácil.

“He pensado en llevármelo para el Domingo Luciani, pero tenemos que ir al Seguro Social para gestionar los cupos y no lo quieren dar porque dicen que aquí ya tengo cupo para atenderlo y que todo está bien”, explicó.

Los padres de los más pequeños no tienen esa alternativa. Chinaglia quisiera llevarse a Deivis a otro sitio, pero no puede por su edad y peso. “Esta es la única unidad de hemodiálisis infantil en el país”, se resignó.

El hijo de Dayana Palacios se recuperó de la bacteria hace semanas. Aunque ya no está hospitalizado, sigue asistiendo a la diálisis. Palacios lo lleva con miedo y ante la falta de respuesta por parte de las autoridades del centro de salud, se encomienda a Dios. Ella no es la única, su hijo también teme cruzar las puertas de vidrio de la sala.

“A mi hijo le da miedo entrar para allá porque puede contaminarse”, dijo. “El riesgo está latente pero, con el favor de Dios, esos niños se van a mejorar”.

Aguas contaminadas

Las plegarias de las madres y los galenos no han sido atendidas en el hospital. Desde mediados de febrero data la denuncia de contaminación de los tanques que surten el agua al servicio de nefrología.

Un equipo de especialistas de la Universidad Simón Bolívar publicó un informe en el que constatan la contaminación del líquido y señalan que las máquinas no han recibido el mantenimiento necesario. El estudio señalan que el hospital no cumple con la normativa de manejos de desechos sólidos y que, para el momento del trabajo de campo, los tanques estaban rodeados de basura.

Belén Arteaga, jefa del servicio de nefrología, informó que se contrató a mediados de mayo una empresa para purificar el agua a través de unas pastillas antibacteriales. Sin embargo, tanto ella como las madres consideran que estos esfuerzos no son suficientes para solventar la crisis que arropa al servicio. “Eso no hace efecto, la solución es que cambien el tanque y las tuberías que surten el agua”, sugirió Palacios.