Un pesebre en Petare - Efecto Cocuyo

Un pesebre en Petare

Navidad venezolana
Alberto Barrera Tyszka

Escritor venezolano. Premio Herralde de novela 2006. Premio Tusquets de Novela 2015. Articulista en The New York Times en español y de Efecto Cocuyo.

Si la virgen fuera andina y San José de los Llanos, Nicolás Maduro podría ser entonces el Rey Herodes: un monarca que le ha dado la espalda a su pueblo, favoreciendo a unos invasores extranjeros. Un gobernante impuesto que, junto a su corte, vive entre privilegios mientras la nación se hunde en la pobreza. Un Rey que, por todas estas mismas razones, termina haciendo de la paronoia su forma de vida. Se sabe un impostor odiado. Ve enemigos en todos lados, siente que cualquier esperanza popular es un peligro para su reino.

Así habla Herodes hoy, en estas navidades: “le pido a Dios que me proteja de tanta maldad, vileza, bajeza y que me haga cada día más honesto, humilde y cada día mayor sabiduría y capacidad para gobernarlos a ustedes. Y pido a ustedes que me acompañen con su oración diaria, con su padre nuestro, su palabra”.  Y luego reconoce que su gobierno es muy corrupto. Pero no le importa. No es una confesión: es una denuncia. Y además promete de nuevo la reactivación económica y un 2019 lleno de prosperidad. Como si nadie recordara todo lo que ofreció al inicio de su gobierno, cuando justamente pidió poderes especiales para acabar con la corrupción y reactivar la economía. Maduro siempre habla como si los demás no tuviéramos memoria.

Pero las consecuencias de su mandato son demasiado reales y trágicas. En palabras de una doctora del Hospital JM de los Ríos: “la desnutrición ya parece una epidemia, una enfermedad contagiosa”. La corrupción de la casta oficial es otra forma de violencia institucional en contra de los pobres. Cuando la miseria es una política de Estado, cualquier derroche es una agresión. Se trata de un poder cuya administración de la fuerza, su naturaleza represiva, pasa también por la salud y por la alimentación. Hay negligencias homicidas.  Según denuncia José Santoyo  nada más en el Hospital Luis Razetti del Estado Anzoátegui han muerto este año 680 recién nacidos. Las matanzas de niños existen, se producen también hoy en día.  No son metáforas bíblicas

Si la virgen fuera andina y San José de los llanos, de seguro hubieran pasado bastante trabajo este diciembre. De inmediato, todo el oficialismo habría sospechado de ellos. Algún ministro avezado habría denunciado que la barriga de María era del presidente Duque. El Sebin habría detenido al burro para revisar bien sus antecedentes. Los pastores habrían sido apresados, juzgados en un tribunal militar y sentenciados por traición a la patria. Los Reyes Magos estarían recluidos en algún sótano de Maiquetía, investigados por sus vinculaciones con el terrorismo internacional…Pero, aun si superaran todos estos obstáculos, todavía tendrían que enfrentarse luego a los problemas que supone lidiar con la oposición: ese carpintero, ¿con quién está? ¿A quién apoya?

Probablemente, el liderazgo se dividiría tratando de debatir quién debe dar el anuncio del nacimiento a los medios. Alguno habría puesto una zancadilla, otro habría dado unas declaraciones confusas, otro habría delatado los planes, otro los habría descalificado, otros más habrían guardado un incomprensible silencio…Todo esto, por supuesto, alimentaría aun más a los extremistas, quienes habrían terminado llenando de suspicacias y de insultos las redes sociales.

Dirían que María era discípula del Padre Ugalde y del Padre Virtuoso, que no se podía confiar en ella,  que solo era una comunista disfrazada de virgen. Se pondrían a buscar el pedigrí ideológico del burro. Propondrían  estridentes dudas a propósito de la elección del lugar del parto: ¿por qué el municipio Sucre, por qué Petare? ¿No es acaso muy sospechoso que ese par haya escogido precisamente un espacio dominado por el chavismo?  Y terminarían zanjando cualquier discusión con contundente claridad: si es el hijo de Dios, ¿por qué carajo no nace en Miraflores y termina con todo esto de una buena vez?

Si la virgen fuera andina y San José de los llanos, estarían también muy confudidos. Como todos nosotros. Y les deprimiría lo poco que dura y sirve el dinero, se angustiarían por la escasez de medicinas, terminarían preguntando dónde se hace la cola para conseguir ángeles.  Quizás les costaría un poco entender por que, en medio de tanto caos, ellos representan una buena noticia, una esperanza.

En el fondo, el nacimiento de Jesucristo es un relato bastante impuro. Es un Dios que nace en un lugar de animales, en situación de pobreza y de persecución, en medio de desconocidos con los que había que relacionarse y pactar, aun a pesar de la desconfianza y el miedo. Ese podría ser un buen giro para un moderno cuento de navidad. La pureza no es la esperanza. Nadie en solitario es un peligro para el poder. Ni los radicales ni los moderados. Ni los de afuera ni los de adentro. Ni los militares descontentos ni los presos políticos.  Ni María Corina Machado ni Henrique Capriles. Ni Leopoldo López, ni Andrés Velázquez, ni Henry Ramos o Henry Falcón. Ni los líderes más jóvenes, ni los chavistas decepcionados, ni los ex oficialistas sin bando. Nadie en plan de andar por su propia cuenta logrará ser una buena noticia.  El único peligro somos todo. Solo la unidad es verdaderamente subversiva.

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