«Hay una soledad…Se siente la ausencia», el éxodo deja sin jóvenes a Pueblo Llano (II)

VENEZUELA MIGRANTE · 8 OCTUBRE, 2022 17:00

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Ibis Leon | @ibisL

Foto por Augusto Alarcón

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Trece días después de cumplir 18 años, Estyven Florez partió de Pueblo Llano. La localidad merideña, en los andes venezolanos, donde vivió su niñez y adolescencia no le ofrecía un futuro y así este deportista se lo hizo saber a sus padres.

El 24 de septiembre, a las 10:00 de la noche, inició un viaje en el que deberá cruzar siete países del continente para llegar a Estados Unidos. El primer gran desafío es la selva del Darién, que conecta a Colombia con Panamá, a la que se adentró la mañana de este martes 27 de septiembre.

“Me dijo: Mami, vamos camino a la selva y hasta ahorita no he sabido nada de él”, contó su madre Yajaira (50 años) desde Pueblo Llano, el jueves 29 de septiembre.

Estyven salió junto a un grupo de 25 personas en un autobús que despidieron familiares y amigos. “Yo pensé que se le iba a olvidar, le prometí una y mil cosas para que desistiera; pero no quiso. Lo primero que me dijo fue ‘quise ser un gran futbolista, pero no lo logré’. Luego me dijo que aquí no iba a lograr lo que él quería”, recuerda Yajaira.

Escogió la ruta por el Tapón del Darién porque la mayoría de los habitantes de este pueblo repiten esta travesía, a pesar de los innumerables riesgos que relatan los sobrevivientes de esa jungla. También lo hizo porque no tiene pasaporte vigente ni recursos económicos.

El primer gran grupo que salió de esta localidad fue el 8 de septiembre: “Hay una soledad, una tristeza, se siente la ausencia de todos estos jóvenes en el pueblo. Después de que mi hijo se fue no salí más a la calle porque me da depresión. No es nada fácil”.

Yajaira estima que al menos unas 150 personas salieron los meses recientes de Pueblo Llano, la mayoría son jóvenes, según comenta. Atribuye el éxodo al deterioro de la economía en este municipio agrícola, en el occidente de Venezuela.

La salida de venezolanos desde Pueblo Llano rumbo a EEUU por «un mejor futuro»
Dos grupos de 26 y 28 personas salieron de Pueblo Llano, estado Mérida, los días 8 y 24 de septiembre

Agricultores en riesgo

La agricultura, principal y casi única fuente de trabajo en la jurisdicción, fue una actividad que trajo prosperidad a este pueblo de 10.730 habitantes, según el Instituto Nacional de Estadísticas, pero que ahora lleva casi a la quiebra a los productores nacionales.

Tenemos el problema del contrabando. Las mafias traen productos desde Colombia sin que los revisen en ninguna alcabala. Un productor nacional invierte entre 25 y 30 dólares para tener un saco de papas, pero ese producto llega por contrabando a 8 dólares. Entonces se está produciendo a pérdida y las cosechas se están perdiendo”, explica el representante de la Federación Campesina de Venezuela, Carlos Pernía.

Afirma que “la juventud campesina está migrando” y lo hace porque algunos tienen tierra para cultivar, pero no capital. “Faltan insumos agrícolas, abono, fertilizantes; hay un gran problema de combustible y de gasoil”, describe.

La reapertura de la frontera con Colombia podría agravar más las condiciones del lado venezolano si no se pactan condiciones económicas recíprocas, advierte.

«La mano de obra se está yendo, los muchachos que son los que pueden trabajar más fuerte se ponen de acuerdo, alquilan un bus y empiezan a vender lo que tienen para irse y pasar por la selva, que es lo más peligroso que hay», lamenta Augusto Alarcón, agricultor y habitante de Pueblo Llano.

El productor, quien también representa a una cooperativa agrícola, sostiene que no hay posibilidades para que los jóvenes estudien y si quieren trabajar la tierra no les resulta rentable: «Los insumos son muy caros, están escasos, no hay semilla, y para completar la gasolina y el gasoil llega una o dos veces por semana, con suerte. A veces no llega”.

Algunos jóvenes incluso acuden a prestamistas, según cuenta, para poder hacer la travesía hasta Estados Unidos. «Les cobran 15% de interés en dólares y tienen que dejar alguna garantía o un familiar aquí que se pueda encargar de la deuda», comenta.

Su sobrino, por ejemplo, tomó la decisión de partir hace un año. Viajó en autobús hasta la frontera con Cúcuta, de ahí tomó un avión hasta Bogotá y desde la capital colombiana continuó hasta México con ayuda económica de la familia.

El último tramo que superó fue el Río Grande, ubicado en la frontera mexicana, para llegar a un pequeño pueblo del suroeste de Texas (Estados Unidos) que se ha convertido en el epicentro del cruce de cientos de venezolanos desde 2021.

«El cambio en el pueblo ha sido de blanco a negro. Yo hacía una cosecha y con eso podía comprar un carro o un terreno, hacer una casa. Ahorita hice una cosecha y me quedaron 60 dólares que no sirven ni para hacer un mercado. La diferencia es abismal, este era uno de los municipios más ricos que tenía Mérida. Llegamos a producir más de 50% de las hortalizas que consumía Venezuela. Todo empezó a empeorar desde 2010 con la expropiación de Agroisleña», resume. 

Lea más en: En Pueblo Llano migran con la mirada fija en EEUU (I)

En crisis

Gabriel Vásquez*, de 25 años, regresó de Perú en diciembre de 2021 con la intención de sembrar en unas parcelas que pertenecen a su familia. Pero de su cosecha de papas y zanahorias apenas pudo recuperar la inversión. Así que partió en el mismo autobús que Estyven la noche del 24 de septiembre con destino a Estados Unidos.

“Él estaba estudiando ingeniería mecánica. Le era difícil llegar al instituto por el transporte, tenía que hacer colas interminables para comprar comida, así que cuando cumplió 18 años se fue. Luego regresó a probar suerte, pero solo tuvo decepciones”, cuenta su madre Gladys.

“De aquí se han ido muchos desde principios de febrero. El pueblo cada día se siente más solo porque todavía se piensa ir más gente, algunos no se han ido aún porque son menores de edad o por falta de dinero. En lo laboral todo el pueblo está disminuido en sus ventas y, en mi caso, cada vez recibo menos pacientes en el laboratorio”, manifiesta.

La bioanalista coincide en que la importación de papa y zanahoria colombiana “tiene por el suelo” la agricultura local “que es lo que mueve a este pueblo”.

La crisis también arropó al presidente de la Cámara Municipal, Ciro González, de 36 años, quien partió con el primer grupo de migrantes, el 8 de septiembre. Aunque declaró a Efecto Cocuyo que las amenazas políticas que recibió tuvieron un peso adicional en su decisión. En Estados Unidos solicitará asilo político. El político dijo que pidió un permiso no remunerado y espera los lapsos legales para presentar su renuncia al cargo.

Ambas madres se refugian en su fe para sobrellevar el adiós a sus hijos. “Los hijos son prestados y no soy quien para truncar su futuro”, dice Gladys. «Me he fortalecido con Dios, es el único que nos da la paz y la tranquilidad», agrega Yajaira.

*El nombre real de Gabriel Vásquez fue protegido por solicitud de sus familiares.

Fotos y video: Augusto Alarcón.

VENEZUELA MIGRANTE · 7 DICIEMBRE, 2022

«Hay una soledad…Se siente la ausencia», el éxodo deja sin jóvenes a Pueblo Llano (II)

Texto por Ibis Leon | @ibisL
Foto por Augusto Alarcón

Trece días después de cumplir 18 años, Estyven Florez partió de Pueblo Llano. La localidad merideña, en los andes venezolanos, donde vivió su niñez y adolescencia no le ofrecía un futuro y así este deportista se lo hizo saber a sus padres.

El 24 de septiembre, a las 10:00 de la noche, inició un viaje en el que deberá cruzar siete países del continente para llegar a Estados Unidos. El primer gran desafío es la selva del Darién, que conecta a Colombia con Panamá, a la que se adentró la mañana de este martes 27 de septiembre.

“Me dijo: Mami, vamos camino a la selva y hasta ahorita no he sabido nada de él”, contó su madre Yajaira (50 años) desde Pueblo Llano, el jueves 29 de septiembre.

Estyven salió junto a un grupo de 25 personas en un autobús que despidieron familiares y amigos. “Yo pensé que se le iba a olvidar, le prometí una y mil cosas para que desistiera; pero no quiso. Lo primero que me dijo fue ‘quise ser un gran futbolista, pero no lo logré’. Luego me dijo que aquí no iba a lograr lo que él quería”, recuerda Yajaira.

Escogió la ruta por el Tapón del Darién porque la mayoría de los habitantes de este pueblo repiten esta travesía, a pesar de los innumerables riesgos que relatan los sobrevivientes de esa jungla. También lo hizo porque no tiene pasaporte vigente ni recursos económicos.

El primer gran grupo que salió de esta localidad fue el 8 de septiembre: “Hay una soledad, una tristeza, se siente la ausencia de todos estos jóvenes en el pueblo. Después de que mi hijo se fue no salí más a la calle porque me da depresión. No es nada fácil”.

Yajaira estima que al menos unas 150 personas salieron los meses recientes de Pueblo Llano, la mayoría son jóvenes, según comenta. Atribuye el éxodo al deterioro de la economía en este municipio agrícola, en el occidente de Venezuela.

La salida de venezolanos desde Pueblo Llano rumbo a EEUU por «un mejor futuro»
Dos grupos de 26 y 28 personas salieron de Pueblo Llano, estado Mérida, los días 8 y 24 de septiembre

Agricultores en riesgo

La agricultura, principal y casi única fuente de trabajo en la jurisdicción, fue una actividad que trajo prosperidad a este pueblo de 10.730 habitantes, según el Instituto Nacional de Estadísticas, pero que ahora lleva casi a la quiebra a los productores nacionales.

Tenemos el problema del contrabando. Las mafias traen productos desde Colombia sin que los revisen en ninguna alcabala. Un productor nacional invierte entre 25 y 30 dólares para tener un saco de papas, pero ese producto llega por contrabando a 8 dólares. Entonces se está produciendo a pérdida y las cosechas se están perdiendo”, explica el representante de la Federación Campesina de Venezuela, Carlos Pernía.

Afirma que “la juventud campesina está migrando” y lo hace porque algunos tienen tierra para cultivar, pero no capital. “Faltan insumos agrícolas, abono, fertilizantes; hay un gran problema de combustible y de gasoil”, describe.

La reapertura de la frontera con Colombia podría agravar más las condiciones del lado venezolano si no se pactan condiciones económicas recíprocas, advierte.

«La mano de obra se está yendo, los muchachos que son los que pueden trabajar más fuerte se ponen de acuerdo, alquilan un bus y empiezan a vender lo que tienen para irse y pasar por la selva, que es lo más peligroso que hay», lamenta Augusto Alarcón, agricultor y habitante de Pueblo Llano.

El productor, quien también representa a una cooperativa agrícola, sostiene que no hay posibilidades para que los jóvenes estudien y si quieren trabajar la tierra no les resulta rentable: «Los insumos son muy caros, están escasos, no hay semilla, y para completar la gasolina y el gasoil llega una o dos veces por semana, con suerte. A veces no llega”.

Algunos jóvenes incluso acuden a prestamistas, según cuenta, para poder hacer la travesía hasta Estados Unidos. «Les cobran 15% de interés en dólares y tienen que dejar alguna garantía o un familiar aquí que se pueda encargar de la deuda», comenta.

Su sobrino, por ejemplo, tomó la decisión de partir hace un año. Viajó en autobús hasta la frontera con Cúcuta, de ahí tomó un avión hasta Bogotá y desde la capital colombiana continuó hasta México con ayuda económica de la familia.

El último tramo que superó fue el Río Grande, ubicado en la frontera mexicana, para llegar a un pequeño pueblo del suroeste de Texas (Estados Unidos) que se ha convertido en el epicentro del cruce de cientos de venezolanos desde 2021.

«El cambio en el pueblo ha sido de blanco a negro. Yo hacía una cosecha y con eso podía comprar un carro o un terreno, hacer una casa. Ahorita hice una cosecha y me quedaron 60 dólares que no sirven ni para hacer un mercado. La diferencia es abismal, este era uno de los municipios más ricos que tenía Mérida. Llegamos a producir más de 50% de las hortalizas que consumía Venezuela. Todo empezó a empeorar desde 2010 con la expropiación de Agroisleña», resume. 

Lea más en: En Pueblo Llano migran con la mirada fija en EEUU (I)

En crisis

Gabriel Vásquez*, de 25 años, regresó de Perú en diciembre de 2021 con la intención de sembrar en unas parcelas que pertenecen a su familia. Pero de su cosecha de papas y zanahorias apenas pudo recuperar la inversión. Así que partió en el mismo autobús que Estyven la noche del 24 de septiembre con destino a Estados Unidos.

“Él estaba estudiando ingeniería mecánica. Le era difícil llegar al instituto por el transporte, tenía que hacer colas interminables para comprar comida, así que cuando cumplió 18 años se fue. Luego regresó a probar suerte, pero solo tuvo decepciones”, cuenta su madre Gladys.

“De aquí se han ido muchos desde principios de febrero. El pueblo cada día se siente más solo porque todavía se piensa ir más gente, algunos no se han ido aún porque son menores de edad o por falta de dinero. En lo laboral todo el pueblo está disminuido en sus ventas y, en mi caso, cada vez recibo menos pacientes en el laboratorio”, manifiesta.

La bioanalista coincide en que la importación de papa y zanahoria colombiana “tiene por el suelo” la agricultura local “que es lo que mueve a este pueblo”.

La crisis también arropó al presidente de la Cámara Municipal, Ciro González, de 36 años, quien partió con el primer grupo de migrantes, el 8 de septiembre. Aunque declaró a Efecto Cocuyo que las amenazas políticas que recibió tuvieron un peso adicional en su decisión. En Estados Unidos solicitará asilo político. El político dijo que pidió un permiso no remunerado y espera los lapsos legales para presentar su renuncia al cargo.

Ambas madres se refugian en su fe para sobrellevar el adiós a sus hijos. “Los hijos son prestados y no soy quien para truncar su futuro”, dice Gladys. «Me he fortalecido con Dios, es el único que nos da la paz y la tranquilidad», agrega Yajaira.

*El nombre real de Gabriel Vásquez fue protegido por solicitud de sus familiares.

Fotos y video: Augusto Alarcón.

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QUÉ INDIGNANTE

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