María Corina, Delcy y Trump, una ruta a la venezolana

“Para María Corina Machado, el escenario actual no es una simple continuación de la lucha anterior, sino un desafío inédito”

María Corina, Delcy y Trump, una ruta a la venezolana
Trump reconoce liderazgo de Machado pero no pierde oportunidad de elogiar cooperación de Delcy Rodriguez

La realidad política de Venezuela dio un vuelco total el 3 de enero de este año. La salida del poder de Nicolás Maduro y el ascenso de Delcy Rodríguez como presidenta encargada reconfiguraron por completo el tablero. Para María Corina Machado, el escenario actual no es una simple continuación de la lucha anterior, sino un desafío inédito. La oposición ya no se enfrenta a una estructura clásica inmóvil, sino a un chavismo en mutación forzada que intenta adaptarse para sobrevivir.  

1. El laberinto de la comunicación: Los nuevos desafíos.

El mayor reto comunicacional para María Corina Machado hoy es evitar el triunfalismo y la desconexión. La salida de Maduro por una intervención externa generó expectativas masivas que la realidad institucional frena día a día. El aparato civil, judicial y militar del Estado sigue bajo el control del Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv).

Machado debe explicar de forma transparente que el cambio no ocurre por inercia automática. Su narrativa tiene que equilibrar la urgencia histórica con la pedagogía política. Hablarle a un país agotado económicamente requiere abandonar las consignas vacías y ofrecer certezas lógicas sobre los pasos a seguir.

2. Conectar con la gente y articular el deseo de cambio

Para movilizar al ciudadano común, el discurso debe pasar de la resistencia heroica a la reconstrucción práctica. La gente necesita ver que la política soluciona el colapso de los servicios, el salario y la separación familiar. Machado tiene que validar el cansancio de la población y usarlo como motor, no como una carga.

Articular el deseo de cambio implica crear mecanismos de participación donde la gente no sea espectadora. La comunicación eficaz en este momento debe descentralizarse: asambleas locales, redes vecinales y activismo de base. Al dar protagonismo a los ciudadanos, se fomenta un ambiente electoral real y se prepara a la sociedad para defender su voto en cualquier escenario.

3. La estrategia frente a la metamorfosis de Delcy Rodríguez

Desde que asumió la presidencia encargada el 5 de enero, Delcy Rodríguez ha iniciado una profunda reingeniería de su gobierno. El chavismo post-Maduro busca legitimarse mediante una apertura económica pragmática, la liberación selectiva de presos políticos y la búsqueda de acuerdos energéticos con empresas extranjeras. Es una estrategia de supervivencia diseñada para proyectar estabilidad y control.  

El nuevo horizonte

Frente a esta mutación, la estrategia de Machado no puede ser solo la denuncia. Debe desnudar la contradicción del discurso oficialista. Si el gobierno de Rodríguez pacta con capitales extranjeros y excarcela opositores para aliviar la presión, Machado debe exigir que esa misma flexibilización se aplique a los derechos políticos.

La respuesta estratégica no es aislarse, sino cercar al nuevo gobierno con sus propias promesas de apertura. Si Miraflores simula moderación, la oposición debe obligarlos a competir en condiciones democráticas reales, convirtiendo cada concesión económica en un espacio ganado para la reinstitucionalización del país.

4. ¿Es posible una transición por la vía electoral?

La respuesta corta es sí, pero no de la forma tradicional. Una transición política con rasgos electorales en Venezuela es viable únicamente si se entiende como el resultado de una negociación forzada por las circunstancias. Las elecciones no serán el punto de partida libre y perfecto, sino la válvula de escape que el propio régimen necesita para garantizar su coexistencia futura.

El chavismo actual sabe que la gobernabilidad sin reconocimiento internacional es insostenible a largo plazo. Una elección presidencial impecable, donde participen los millones de venezolanos en el exterior, es el único mecanismo capaz de destrabar el nudo institucional. La vía electoral es posible si se convierte en la salida política menos costosa para quienes hoy retienen el poder.

5. El mensaje a los cuatro actores claves

Para apuntalar y acelerar esta transición, la líder opositora debe modular su discurso de manera milimétrica según el interlocutor. La unidad del mensaje radica en el objetivo, pero la efectividad depende del tono y los incentivos que ofrezca a cada sector.

Al país: Esperanza con los pies en la tierra

A los venezolanos se les debe hablar con la verdad y con un sentido profundo de reconciliación nacional. El mensaje tiene que centrarse en el reencuentro de las familias y la reconstrucción del tejido social desde abajo. Machado debe posicionarse como la garantía de un cambio ordenado, pacífico y sin revanchismos, donde quepan todos los sectores, incluidos los ciudadanos que una vez apoyaron al oficialismo.

A quienes tienen el poder: Incentivos para la entrega

Al entorno de Delcy Rodríguez y la cúpula del Psuv no se les puede hablar desde la promesa de la aniquilación política. El discurso debe enfocarse en las garantías de coexistencia democrática. Machado debe plantear con claridad que una transición negociada ofrece puentes de plata y un futuro político legal para el chavismo como fuerza de oposición, algo que la radicalización les terminará negando.

A los militares: Institucionalidad y respeto

El mensaje a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) debe apelar estrictamente a la Constitución y profesionalización. Hay que dejar atrás la retórica de la confrontación con los cuarteles. El planteamiento central debe ser que la transición respetará sus carreras, rescatará el bienestar económico de las tropas y devolverá a la institución su rol legítimo de defensa soberana, sin interferencias políticas ni partidistas.

A Washington: Coordinación estratégica y realismo

La relación con la Casa Blanca y la administración de Donald Trump exige pragmatismo absoluto. Machado debe coordinar esfuerzos demostrando que la oposición democrática es el único aliado confiable para una estabilidad energética y geopolítica duradera en la región. El mensaje a Washington debe enfocarse en que las inversiones masivas y el flujo petrolero seguro solo serán sostenibles bajo un Estado de derecho pleno, el cual requiere obligatoriamente elecciones libres.

El nuevo momento político de Venezuela demanda una audacia distinta. La transición tiene una enorme ventana de oportunidad para su andadura, pero su rumbo final dependerá de la capacidad de la oposición para leer la metamorfosis del adversario. Si María Corina Machado logra articular el deseo de cambio interno con las presiones de la geopolítica actual, la ruta electoral dejará de ser una aspiración para convertirse en la realidad que redefina el destino del país.

En el momento político actual existen tres actores con peso en la realpolitik. Trump afianzado en su supremacía tecnológica y militar en el campo geopolítico del hemisferio occidental, Delcy con el control institucional y territorial del gobierno en Venezuela y María Corina con su vinculación directa con el deseo de cambio en el país y su predominio como figura referencial del liderazgo opositor. Estos tres actores, tienen que concretar un camino que comulgue gradualmente con las aspiraciones nacionales de la gente que, hasta ahora, ha sido apartada de las grandes decisiones sobre el futuro de Venezuela.

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Las opiniones expresadas en esta sección son de entera responsabilidad de sus autores.

Del mismo autor: Trump y Delcy, dos tutelajes sobre Venezuela: ¿Y el pueblo?

Autor(a)

Politólogo con especialización en gerencia social. Actualmente es el coordinador general del Centro Gumilla en el Estado Lara. Profesor universitario de pre y postgrado. Analista político y de tendencias electorales. Columnista de opinión. Locutor y conductor de programas de radio.