Megabandas usan economías criminales para consolidar autoridad en barriadas, dicen expertos - Efecto Cocuyo

SUCESOS · 3 MAYO, 2020 19:00

Megabandas usan economías criminales para consolidar autoridad en barriadas, dicen expertos

Texto por Reynaldo Mozo Zambrano | @reymozo

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Las megabandas están presente en los barrios de Venezuela y lo hacen saber. Para los expertos en criminología y el área social, el hecho de que las cabezas de los grupos delictivos se atribuyan responsabilidades estatales, como el garantizar los alimentos en sus comunidades, envía un mensaje claro: “ellos son la autoridad”.

Desde el surgimiento de las llamadas zona de paz, que poco a poco se han transformado en lugares donde el Estado venezolano no tiene presencia, y ahora a la situación de la pandemia provocada por el COVID-19, los denominados pranes buscan consolidar el reconocimiento como autoridades en los sitios donde el Estado venezolano la perdió.

Una foto que circula por las redes sociales muestra a Carlos Luis Revette, alias “El Coqui,” con una cerveza en la mano, mientras le entrega una arepa envuelta en papel de aluminio a una anciana. El líder de la banda criminal de la Cota 905  posa para la foto y la mujer toma el alimento, como si de una campaña política se tratara.

En otra publicación se observa a siete niños que fueron retratados mientras les entregaban arepas y computadoras de juguetes. En la imagen no aparece el líder negativo de la Cota 905 (conocido por su prontuario delictivo). Aun así, Revette fue el encargado de repartirlos tal y como aseguran las fuentes consultadas.

Ambas imágenes se volvieron tendencia en Venezuela a través de las redes sociales entre el viernes 17 y el domingo 19 de abril. Expertos en el área criminalística y social coincidieron que este tipo de actos buscan reivindicar la figura delictiva, asemejándolos a acciones filantrópicas, con el fin de ratificar su control social en las zonas controladas por la banda.

Ejercer control social

El sociólogo y director de la ONG Paz Activa, Luis Cedeño, asegura que las bandas delictivas en las principales barriadas, así como las megabandas, son estructuras delictivas de cierta importancia económica y la aprovechan para ejercer un control social dentro de las comunidades más vulnerables.

Sostiene que la crisis producida  por el COVID-19 en el país ha hecho que se activen múltiples frentes de “solidaridad” en los sectores de mayor vulnerabilidad. Por esto, no es de extrañar que las bandas delictivas aprovechara la coyuntura.

“Uno de esos frente se abre en estas organizaciones delictivas que hacen vida en estas comunidades, y que las reconoce como una autoridad frente a la ausencia de la autoridad formal del Estado”, añade.

Cedeño señala que acciones emprendidas como las de “El Coqui”, no son extrañas para los habitantes de los sectores con poblaciones vulnerables, debido a que la ley y los códigos de lo que se puede o no se puede hacer son dictados por estas megabandas que lideran entre otros  “El Galvis” y “El Vampi”, que se establecieron como centro de la organización y tienen un liderazgo carismático.

“El apropiamiento del espacio empezó justamente con la zona de paz, y esa negociación que llegó al Estado para disminuir los homicidios; las bandas empieza a tener un pie en las comunidades y tras el retiro del Estado, son reconocidas por los habitantes como las únicas autoridades del sector”, detalló.

Afianzar poder

Para el abogado penalista Luis Izquiel  los delincuentes que dominan sectores como la Cota 905 aprovechan las gigantescas necesidades que surgen en la población en situación de vulnerabilidad, para ratificar su figura de autoridad al actuar como una especie de Robin Hood, entregando una parte de las ganancias que le generan las actividades criminales.

“Esto lo que busca es acentuar su aceptación y popularidad en la barriada, para de esta manera afianzar su poder y garantizar la fidelidad de los habitantes, procurando profundizar su impunidad”, dice el abogado.

Aunque es cuestionable el poder adquisitivo que llegan a tener las megabandas criminales en Venezuela, a través de las economías criminales, con el repunte de la pandemia en el país en las redes sociales los usuarios han destacado las donaciones de alimentos e insumos en sus comunidades, lo que cuestiona con gran fuerza la ausencia del Estado venezolano en dichas zonas.

Imitación hecha en Venezuela

Las acciones de “El Coqui”, así como de otras cabezas de bandas buscan imitar a algunos de los líderes negativos presente en los  carteles de droga y mafias de otras regiones del mundo.

En El Salvador, los integrantes de las Mara Salvatrucha también se han retratado repartiendo alimentos e imponiendo toques de queda durante la cuarentena social para prevenir la propagación del COVID-19 en sus comunidades.

Las mafias italianas, presente en uno de los países más afectados por la pandemia, han repartido alimentos y dado préstamos a la población en situación de vulnerabilidad.

Izquiel, experto en crimen organizado, señaló que el caso venezolano se puede comparar con algunos estados de México, donde los que los carteles imponen su ley por encima del Gobierno.

“Por ejemplo, ‘El Coqui’ es el jefe de una megabanda criminal que domina la zona de la Cota 905 que ha suplantado al Estado en el control social de la barriada, tras el abandono de las autoridades gubernamentales, al desaparecer la presencia de los cuerpos de seguridad. Casi ningún barrio tiene una estación policial en sus adentros. Los operativos que se realizan son puntuales, y luego los cuerpos de seguridad se retiran”, detalla Izquiel.

Enfatizó que “en Brasil la situación también es similar, pero por lo menos allá se intentó con buen éxito el plan de las Unidades de Policía Pacificadora en Río de Janeiro, una Policía con perfil comunitario que tiene presencia permanente en buena parte de las favelas de esa ciudad”.

Megabandas venezolanas copian sistema de jerarquía militar para delinquir

La otra cara de la Cota 905

La estigmatización, además de la delincuencia y la brutalidad policial, es una de las batallas que llevan a cabo cada día los habitantes de las barriadas venezolanas, a quienes otros sectores de la población señalan de apoyar y, en otros casos, pertenecer a las economías criminales.

Roberto Patiño ha visto la otra cara de la Cota 905. Desde hace cuatro años, el activista social y defensor de derechos humanos, tiene un comedor de Alimenta la Solidaridad en el sector San Miguel de la Cota 905, para ayudar a alimentar a los más vulnerables.

“Nosotros hemos visto otra cara de la Cota 905, que es la cara de la comunidad, de la mayoría de la gente que es trabajadora, que es muy vulnerable pero que quiere salir adelante”, reafirma Patiño.

El defensor indica que la Cota 905 es una comunidad que ha estado victimizada por la violencia ejercida por las bandas y por los cuerpos de seguridad del Estado. “Conocemos en muchos casos personas inocentes que han sido víctimas de las Fuerzas de Acciones Especiales (Faes) y en su momento de las Operación de Liberación al Pueblo (OLP)”.

Fracaso de políticas públicas

El activista deja claro que la gran mayoría de las personas que habitan en la Cota 905, no tienen nada que ver con las actividades delictivas que allí se desarrollan. “Es una comunidad que ha estado estigmatizada por lo que allí sucede”, dice.

Patiño califica como fracasada las políticas públicas implementadas por el régimen de Nicolás Maduro, en la zona. Es por eso que clasifican en dos extremos los errores en la gestión de seguridad ciudadana en la Cota 905.

Por un tiempo se implementaron las mal llamadas zonas de paz, donde los cuerpos de seguridad no podían entrar y entonces tienes a grupos criminales actuando a sus anchas extorsionando, secuestrando y usando la violencia para imponer su ley.

El otro extremo de la política pública en seguridad ciudadana que emplean en la Cota 905, es la mano dura sangrienta que simplemente es entrar con los cuerpos de seguridad y parece que el trofeo es un cadáver. “No importa quién es, siempre argumentan que es un criminal cuando conocemos a muchas familias que han demostrado que no era el caso”.