Stonewall, cómo un disturbio cambió para siempre a la comunidad Lgbtiq

SOLAZ · 25 JUNIO, 2021 06:09

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Efecto Cocuyo | @efectococuyo

Foto por EFE

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En el barrio neoyorquino Greenwich Village, entre la 51 y 53 de la calle Christoper, se encontraba el bar nocturno Stonewall Inn. A finales de los años 60, el local era frecuentado por un grupo de personas marginados por la sociedad, debido a su orientación sexual e identidad de género. Era un refugio contra la discriminación que les permitía expresarse. Eran libres en ese mundo clandestino.

Este famoso bar estaba administrado por la mafia. En una noche de verano, el 28 de junio de 1969, seis policías de la ciudad entraron al bar para hacer una redada, habitual para la época. Pero, ese particular viernes, los clientes del Stonewall dijeron ¡Basta! Y sin saberlo cambiaron millones de vida para siempre.

La entrada brutal de la policía provocó enfrentamientos. Stonewall estaba a reventar: 200 personas fueron desalojadas del local, entre lesbianas, gays, Drag Queens, transgéneros y algunos adolescentes.

Unos días antes, la policía había hecho una redada, pero la noche del viernes las personas de la comunidad Lgbtiq (lesbianas, gays, bisexuales, transgeneros, intersexuales y queer), que hacían vida en el bar, se enfrentaron a los agentes de seguridad de la ciudad. Ya no soportaban huir, pues no cometían un delito.

«Lo cambió todo. Los gais tenían orgullo, pero no era un orgullo de ser gay, era un orgullo de ser ellos mismos, era un orgullo individual. Después del Stonewall se convirtió en orgullo colectivo», cuenta a la agencia EFE, Martin Boyle, uno de los que frecuentaba el bar y que participó en aquellos disturbios.

Aunque no fue ese disturbio el que dio vida completa al movimiento en pro de defender los derechos de las personas de la comunidad Lgbtiq, en Stonewall se catalizó este movimiento. Un año después de los enfrentamientos con la policía, se convocó lo que sería la primera marcha del Orgullo Gay para conmemorar la rebelión y rechazar la brutalidad de la policía contra los miembros de la comunidad.

Tras el motín, la comunidad gay organizada y de forma pacífica protagonizaron un ciclo de protestas para exigir sus derechos y repudiar el abuso y la discriminación a la que estaban sometidos.

A finales de los 60 las personas de la comunidad Lgbtiq no podían trabajar para las instituciones del gobierno federal de EEUU; tampoco podían formar parte de las fuerzas armadas de ese país. Además, les prohibían licenciase en algunas profesiones, si revelaban al público su orientación sexual o identidad de género.

“Nueva York era completamente diferente. Era como una película de cine negro. Una ciudad oscura, no tan brillante como ahora, y en la que todas las leyes estaban dirigidas contra la gente homosexual», recuerda Boyle.

La noche de la redada

La noche de la redada Boyle no se encontraba dentro del bar, más bien fue un espectador más de la redada desde la calle. Le relata a EFE que aquel viernes del verano de 1969, llegó después junto a un amigo, cuando empezaron a evacuar a la clientela.

«Fuimos a mirar. Pude ver a las ‘drag queens‘ saliendo del bar y saludando con la mano. Después siempre salía la gente que se sentía avergonzada, la que había sido pillada de improviso y temía quedar expuesta”.

La redada era como las acostumbradas contra las personas de la comunidad gay. “Pero, la revuelta se desató cuando uno de los policías empujaba a alguien hacia el interior del vehículo policial y un zapato con tacones apareció y le respondió con una patada”, aseguró Boyle.

Tras un momento de indecisión, el agente entró y, desde fuera, los testigos escucharon el ruido de «carne y huesos golpeando contra el metal» del interior del vehículo. «Ya habéis visto el espectáculo, ahora fuera de aquí», dijo el Policía a Boyle, confiando en que se marcharían, como siempre ocurría. Pero esta vez no fue así.

“Por alguna razón que ni siquiera ahora puedo explicar, empezamos a dar pasos hacia él. No sé qué pinta teníamos porque ninguno de nosotros se giró para ver las caras de los demás. El policía agarró su porra e iba a hablar de nuevo, pero no lo hizo. Vio algo en nosotros que le asustó. Pestañeó, tragó saliva y se dirigió hacia dentro del bar», explicó.

Algunos activistas recuerdan a la drag queen Stormé DeLarverie como la primera en resistirse. Pero, según Boyle, los disturbios ocurrieron en diferentes puntos al mismo tiempo y en un espacio reducido, “porque había habido suficiente provocación por parte de la policía para que todo comenzara».

En la ciudad cientos de personas eran arrestadas y eran culpadas de “crímenes contra la naturaleza”, solo por tener una preferencia sexual distinta.

Otros delitos que se les imputaba a quienes agarraban era la prostitución y comportamientos lascivos.
Después que la policía se refugió en el bar la situación se descontroló por completo. «Todos nos volvimos locos. Primero les lanzamos peniques, que eran de cobre (copper) y era también el nombre de pila de la Policía (“coppers”), y después empezamos a lanzar cosas más serias hasta que nuestros bolsillos se quedaron vacíos», cuenta Boyle a EFE.

Tras tener acorralados a los funcionarios llegaron las fuerzas antidisturbios para acabar con la revuelta en el Stonewell, pero los manifestantes siguieron firmes. Se agarraron uno a los otros y comenzaron a cantar We are the Village’s girls» (Nosotras somos las chicas del pueblo)».

Boyle señala que, si no hubieran organizado las protestas pacíficas después de lo que ocurrió en el Stonewell, las revueltas de 1969 hubieran quedado invisibilizadas.

En 1970, en el Central Park de la ciudad de Nueva York , se celebró la primera marcha del Orgullo Gay, la movilización pacífica con más homosexuales en la historia de Estados Unidos en la época.

Gracias a este movimiento se organizó la comunidad Lgbtiq y cada 28 de junio se realizan cientos de desfiles del Orgullo Gay en todo el mundo.

El Stonewall sigue funcionando, pero con nuevos dueños. Ahora el bar se mantiene como un espacio histórico para preservar y mantener su espíritu de lucha.

Con información de EFE