Los maestros del cuatro llegaron a El Naranjal para verlo florecer

SOLAZ · 6 MAYO, 2022 07:45

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Danisbel Gómez

Foto por Sergio González | @kuamachi

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La vida entera es posible con la música. Es una manera de florecer, dice Juan Carlos La Rosa cuando presenta a los maestros Cheo Hurtado y Ángel Martínez junto a la maestra Milagros Figuera, quienes el pasado viernes 30 de abril visitaron la comunidad de El Naranjal, ubicada a 40 minutos de Caracas muy cerca del túnel de Los Ocumitos.

En la visita compartieron sus conocimientos en la capilla del pueblo, en donde unas 50 personas escucharon las cuerdas de estos grandes cuatristas, formadores de generaciones que hoy difunden y protegen la música venezolana. 

Llegaron con sus cuatros a conversar de melodías, posturas, técnicas, música y sentires. Contaron anécdotas y estimularon inquietudes. A medida que tocaban el cuatro o la bandola, tarareaban, hablaban y respondían preguntas. 

Cheo, Ángel y Milagros pisaron El Naranjal horas antes de la convocatoria para un recital que le hicieran los organizadores de la campaña «Un Cuatro pal conuco«.

Los maestros del cuatro llegaron a El Naranjal para verlo florecer
Cheo, Ángel y Milagros pisaron El Naranjal horas antes de la convocatoria. Foto: Sergio González | @kuamachi

Eso les permitió almorzar junto a la comunidad y enterarse de los cuentos de los Velorios de Cruz de Mayo, de la siembra de verduras y frutas, de cómo protegen el agua de los manantiales y de todo lo que rodea a la actividad de recaudación de fondos con la cual quieren fortalecer el trabajo que iniciaron hace un año de la mano de los mayores del pueblo, quienes con métodos artesanales de fabricación han ayudado a construir instrumentos para hacer crecer una escuelita de música que ya lleva 30 integrantes.

No hay límites

«Como no existe la Rac, la Real Academia del Cuatro, nosotros podemos hacer lo que queramos al tocar el cuatro, no hay límites, no es eso de si no se usa el pulgar, o sí debe estar sentado y no parado al tocar, aquí vale lo que mejor sirva a la música», le dijo Cheo Hurtado a los niñas y niños que escuchaban con atención.

El maestro, quien lleva 55 años difundiendo la música de nuestra tierra, también les dio consejos sobre cómo proyectar el sonido. «Si tienes el cuerpo en el regazo el sonido proyectado será diferente a cuando lo tienes alejado, tú lo abrazas o lo sueltas según el efecto que quieres lograr».

«Queremos enseñarles que el cuatro esté vivo dentro de ellos y ellas, después decidirán si son ejecutores, instrumentistas o músicos», agregó La Rosa, activista y promotor cultural de El Naranjal, quien junto a Robzaida Marco lideran el proyecto #ElAguaNosUne y Un Cuatro pa´l Conuco, campaña de crowdfunding con la que buscan juntar recursos para fortalecer la enseñanza de la música en la zona.

El objetivo: la música

El maestro Ángel Martínez secundó esta visión y desde su generosidad les dijo a los niños y niñas que el objetivo de tocar es la música, no la técnica, por lo que la forma de tocar no puede anteponerse al cómo te sientes cuando estás tocando. No hay una fórmula, podemos dar consejos, pero es lo que le funciona a cada uno, lo importante es lo que sientes.

Exhibiendo una diversidad de instrumentos, Milagros Figuera hizo un recorrido por nuestra geografía al explicar las diferencias entre las bandolas, expresadas en la encordadura de los hombros o en el sonido que difunden. Está la barinesa o llanera, la sucrense, la de Guárico o cuerdas de metal, la guayanesa. Y entre una y otra interpretó polos margariteños y joropos.

Foto: Sergio González | @kuamachi

La otra siembra

Así transcurrieron tres horas de un proceso en el que no solo aprendió la muchachera de El Naranjal y sus familias, sino los propios músicos, quienes expresaron su agradecimiento por la oportunidad de compartir y de participar en esta otra siembra del cuatro, una siembra que complementa la iniciada por Cheo Hurtado en 2004 y que dejó más de 10 festivales de cuatristas venezolanos.

En esta oportunidad, sembrar la música además de contribuir a rescatar tradiciones, reanima las esperanzas en una población que ha sido víctima de la violencia policial y que convirtió el miedo dejado por una una oleada de allanamientos ocurridos el año pasado, en rosarios al ritmo de palmas y cantos como ritual de sanación.

Juancho y Robzaida forman parte de #ElAguaNosUne, una propuesta de activismo sociocultural y educomunicacional que desde hace 10 años trabaja en las montañas norteñas de la cuenca del Río Tuy, en donde abundan manantiales y en la que sus habitantes luchan por preservar la cultura del conuco y del agua; por la preservación del Velorio de Cruz de Mayo, que ahora también florece en diversos hogares que sirven de paradas para cantar y animar las tradiciones del campo, al ritmo de fulías y décimas.