“Oliver quería que su lucha no fuera tan tormentosa”, mamá del niño que murió

SALUD · 27 MAYO, 2016 11:52

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Mariel Lozada | @marielozadab


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Una metra, una carta con un personaje de Cars y un rosario acompañaban a Oliver Sánchez cuando su urna entró al horno crematorio. La mamá, vestida de blanco, lo despedía con una cruz en la mano y la gorra que el ñiño usaba. “Mi Oliver. Adiós, hijo“, decía entre sollozos.

Este jueves 26 de mayo, día de Corpus Christi, cuando el bien vence sobre el mal, en la sala del camposanto los Jardines del Cercado, en Guarenas, familias y amigos se abrazaban, condolían y también se daban fuerza para mantenerse de pie y despedir una vida de apenas 8 años de edad.

En noviembre del año pasado, a Oliver le diagnosticaron linfoma de Hodgkin, un cáncer en el sistema linfático en el que sus células sanas cambian y crecen sin control. Seis meses después de sus padres batallar por hacerse de los medicamentos para su tratamiento, el niño cayó vencido.

“Él estaba muy consciente de su enfermedad, y quería que su lucha no fuera tan tormentosa”, comentó Mitzaida junto a su esposo Alexis Sánchez, padres del niño, mientras parientes y vecinos se acercan a expresarles su solidaridad.

“Oliver tuvo una ayuda de Dios demasiado grande”, contó su padre al hacer referencia a las donaciones que permitieron que su hijo completara parte del tratamiento, porque “sus medicinas no aparecieron jamás ( en una farmacia)”. Ahora quieren retribuirlo, sobre todo luego de conocer  casos similares durante los meses de lucha del niño. Ya donaron Fernobarbital y piensan hacerlo con los demás medicamentos que les quedaron.

El calvario de la familia Sánchez

Oliver estuvo durante casi 40 días con fiebre. Los médicos que lo trataban pensaban que era una amigdalitis. Inicialmente no daban con el diagnostico, hasta que le hicieron una tomografía y vieron un tumor en su riñón. En diciembre empezaron las quimioterapias y con ellas el calvario de los Sánchez. Sin embargo, Mitzaida y Alexis se mantenían esperanzados. “El doctor nos decía que siempre los niños salen de eso”, dijo Mitzaida, quien además recordaba que su hijo menor se mantenía en buenas condiciones físicas.

La fiebre había desaparecido y Oliver parecía sentirse mejor, pero en febrero empezó a mostrar resistencia al tratamiento y le asignaron un nuevo protocolo, esta vez más agresivo. Ocho ciclos de quimioterapia, de los que logró hacer cuatro. Para este protocolo debía tratarse con Procarbazina, necesario para inhibir el crecimiento de las células cancerosas;  sus padres no lograron conseguirlo. Recuerdan que para que su hijo cumpliera el tratamiento tuvieron que acudir a donaciones.

La Bleomicina, un  antibiótico que desacelera el crecimiento de células cancerígenas, tampoco pudieron conseguirla en una farmacia. “Nos parece injusto lo agrio que fue hallarlos (los medicamentos)”.

El miércoles 20 de abril, luego de tres días con fiebre y dolor de cabeza, Oliver convulsionó y lo internaron en el Hospital Pediátrico Dr. Elías Toro de Catia, donde lo habían tratado desde el inicio. El doctor tratante le recetó 500 cc de Trileptal, un antiepiléptico. Solo pudieron hallar 250 cc. Al día siguiente volvió a convulsionar, pero no fue hasta la noche que sus padres lograron hacerse con Epamin, usado para tratar crisis convulsivas.

El sábado 23 le hicieron una punción lumbar,  y le descubrieron que tenía meningitis bacteriana, una enfermedad que caracteriza por inflamar las membranas de tejido conectivo que cubren todo el sistema nervioso central.

Mitzaida no descarta que la bacteria haya entrado en el sistema de Oliver por la contaminación de los centros de salud. “Estaban en muy mal estado. Yo misma tenía que llevar detergente y cloro para limpiar, y evitaba a toda costa que Oliver usara los baños. Estaban muy sucios”. En esa oportunidad estuvo hospitalizado 22 días.

El sábado 14 de mayo Oliver convulsionó una vez más. Sus padres lo trasladaron inmediatamente al Hospital Pérez Carreño, donde no tenían camas de terapia intensiva para niños. Le suministraron una dosis del analgésico dipirona, y, al ver que mejoraba, fue enviado a casa. Más tarde volvió a convulsionar y cayó en coma. Lo llevaron al Hospital Elías Toro, donde pasó toda la noche internado a la espera de una cama en terapia intensiva.  

A la mañana siguiente decidieron trasladarlo al Centro Médico Loira, en El Paraíso, donde le diagnosticaron neumonía y una infección de orina. Ya la meningitis estaba controlada, pero una resonancia evidenció que tenía una infiltración en el cerebro. Además, tenía una infección por el Virus de Epstein-Barr, que impedía seguir su ciclo de quimioterapias. Este martes 24, Oliver falleció.

La cara de la lucha

La entereza de su madre sorprende. Fue Mitzaida  la de la idea de ir a la protesta en Plaza Venezuela aquel 27 de febrero, cuando médicos, enfermeras, pacientes y familiares manifestaron contra la escasez de medicamentos e insumos médicos. No solo lo hizo por su hijo: su madre y su prima también son pacientes oncológicas.

A Hilaria Machado, la abuela de Oliver, hace tres años le volvió un cáncer de mama que hace diez años se creyó curado. Volvió agravado: ahora también le afecta el hígado y los pulmones. El Tykerb es el medicamento indicado para su padecimiento, pero desde hace tres meses no se lo aplica, porque no hay . La última vez que lo usó fue en mayo “y costó ubicarlo”. Tuvieron que cambiarle el tratamiento, lo que le ha perjudicado la salud, cuenta su hija. “No es el apropiado para ella”.

La decisión de ir a protestar fue de las dos, pero Oliver se sumó con entusiasmo. Sin embargo, recuerda que ese día sintió a su hijo atemorizado por la cantidad de policías que lo rodeaban.

Mitzaida y Alexis consideran que fue “injusto” el trabajo que tuvieron que pasar para dar con  las medicinas, que los hacía gastar tiempo y mucha energía, por eso luchan porque eso cambie. Forman parte  de un grupo de Whatsapp donde pacientes de todo el país solicitan o ayudan a ubicar medicinas, y a ellos irán a parar sus donaciones.

Por ahora, juntan la fuerza de recordar a su hijo como era: un niño deportista amante de béisbol y el fútbol, fanático de la tecnología y enamorado de la música y el baile.

Foto: Andrea Hernández / El Estímulo