Hasta el colchón hay que cuidar en el Hospital Vargas: crónica de la crisis en la salud pública

SALUD · 29 JUNIO, 2021 08:00

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Yamel Samantha Rincón | @yamelr

Foto por Yamel Rincón

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Sol fue llevada a la sala 16 del Hospital José María Vargas, en Caracas. En ese espacio se encontraban 20 cubículos separados por parabanes de metal endeble y cortinas de material de batas médicas. Las camas no tenían colchón, por lo que los familiares de la paciente lo solicitaron reiteradas veces al personal médico de guardia. Una vez que lograron tener uno, les advirtieron que no lo dejaran solo, pues corrían el riesgo de no encontrarlo y si eso ocurría no tendrían cómo sustituirlo.

Luego de un año, Sol logró llegar al quirófano. Le diagnosticaron numerosos cálculos en la vesícula. Dada la cantidad de piedras, ese órgano ya estaba deformado, lo que generó un alerta de posible emergencia si no se hacía una extracción a tiempo

La opción de hacerse una cirugía en una clínica privada estaba descartada por lo cuesta arriba que resultaba recolectar el dinero (el presupuesto más económico era de 3.200 dólares). Su cirujano de cabecera, jefe del servicio de Cirugías en el Hospital Universitario de Caracas (HUC), presentó su caso tres veces ante el directorio para la cirugía, y todas las veces fue rechazado por no ser un caso de emergencia.

Sus dos hijos comenzaron una cruzada para conseguir un cupo en un hospital y fue así como llegaron al Hospital Vargas con el doctor Carlos Baptista, jefe de cirugía y profesor de la institución.

La sala 16 del Hospital José María Vargas

Batista atendió a Sol en su consulta privada, le informó los procesos que se debían cumplir en el hospital y le pidió que se realizara a la brevedad posible todos los exámenes preoperatorios, para poder abrirle el expediente médico y buscar una fecha cercana para la intervención. 

Sol -de 72 años de edad- se hizo todos los exámenes y los entregó a Batista. Al pasar dos semanas, el cirujano llamó y pidió a la familia llevar a la paciente con su asistente en el hospital, quien sería el encargado de dar el listado de insumos que se debían buscar para la operación y quien podría darle la fecha de la intervención.

La llamada para ir al hospital fue el miércoles 16 de junio en la tarde, el hijo mayor de Sol llevó a su mamá a primera hora del jueves 17 y ahí les indicaron que la operación se llevaría a cabo el martes 22 de junio, por lo que se tenía que hospitalizar el lunes 21 a las 7:00 a. m. La intervención sería a primera hora y, si todo salía bien, el miércoles 23 ya estaría en su casa en la fase de recuperación.

Búsqueda de insumos

Pero lo del colchón no fue lo único que sorprendió a los hijos de Sol. Para cuando llegaron al centro hospitalario ya tenían largas horas de estrés e incertidumbre. Les dieron un listado de insumos que debían completar, para que pudieran atender a su mamá.

Les pedían desde alcohol hasta un electrobisturí, sumado al pago de 50$ por el alquiler de la cámara de laparoscopia, pues el hospital no cuenta con ese aparato.

La lista de insumos que le pidieron a Sol

Sonia y Raimundo recorrieron varias farmacias por toda la ciudad para encontrar el listado completo, que incluía la compra de ampollas para el proceso de anestesia, los cartuchos de grapas para cerrar los cortes necesarios, productos que solo se pudieron encontrar gracias a los contactos -una cadena casi infinita de personas- vinculados con el acceso a materiales médicos.

Cuando llegó el día de hospitalización, y con todos los temores previos a cualquier procedimiento médico, Sol y sus hijos llegaron al Hospital Vargas a eso de las 6:00 a.m. donde los esperaba el asistente de Batista, quien los recibió dándoles varias indicaciones, entre ellas hacía dónde dirigirse y de cómo sería el resto del día. 

Fue llevada a la sala 16 donde fue impactada de nuevo por la crisis hospitalaria. Ahora no solo rezar para que todo salga bien en el pabellón. “También debemos cuidar que no se lleven el colchón”, decían los hijos.

Sol tiene desde hace 10 años una bolsa de colostomía, producto del cáncer de recto del que la salvaron en el 2011, por lo que su estadía en una sala común la hizo sentir minimizada y avergonzada: tenía que limpiar su bolsa con potes de agua recolectada de un tambor de agua sucia, por lo que decidió no volver a comer nada en el hospital, para no tener que vivir de nuevo esa desagradable experiencia.

El agua en el baño de la sala 16 la almacenan en potes

El siguiente impacto que tuvo fue cuando a las 10:00 p. m. la enfermera de guardia se despidió de los pacientes, les deseó descanso y éxito en su intervención del día siguiente. En el transcurso de la noche, Sol escuchó a personas llorar, a otras quejarse y a más de una rezar por su salud y recuperación, acompañados únicamente por los gatos y perros que recorren el hospital.

El día de la intervención, a las 6:30 a. m. la buscaron y también sacaron a otras cuatro mujeres que tendrían la misma operación. Sus hijos llegaron una hora antes para asegurarse que su madre tuviera apoyo; la pudieron acompañar hasta la sala de preanestesia, para poner la sábana y la cobija que habían llevado el día antes en el colchón donde se acostaría Sol previo a su intervención.

Luego, regresaron de inmediato a la sala 16. A esa hora los pasillos estaban repletos de personas esperando para ser atendidas, saber de familiares o retirar resultados. La mayoría tenía sus tapabocas puestos, pero no guardaban distancia física; otros lo tenían en el cuello o debajo de la nariz. Sonia y Raimundo se turnaban para salir a caminar y tener alguna noticia de su madre, sin descuidar el colchón del cubículo.

A las 3:00 p. m., Sonia logró acercarse hasta el área previa a los quirófanos donde una enfermera le solicitó una bolsa de colostomía, una ampolla de dipirona (calmante) y a modo de confidencia le indicó que fuese buscando a un camillero. “Enamora al camillero, llévale una galleta y un café para que pueda buscar a tu mamá y te la lleve a la sala”, le dijo la enfermera antes de retirarse sin dar más explicaciones.

Sin dudarlo, siguió las indicaciones: subió hasta el piso dos del hospital y entre el gentío se fijó en los hombres que movían camas clínicas de un lado al otro, se acercó a uno y le pidió que por favor la ayudara con el traslado de su mamá de quirófano a la sala 16. Sin retrasos el camillero avisó que bajaría al quirófano a buscar a una paciente.

Entró al área de quirófano y salió con Sol en la camilla. Ella iba con mucho dolor tras la cirugía. A diferencia de las otras mujeres a quienes le retiraron la vesícula, no la intervinieron por laparoscopia dado sus antecedentes quirúrgicos. “Según nos dijeron lo intentaron en reiteradas oportunidades pero fue imposible y una operación de 45 minutos se convirtió en hora y media de duración, por lo que su recuperación sería más lenta y dolorosa”, dijo Raimundo.

Los familiares esperan en los alrededores, donde no se guarda el distanciamiento

Ante este escenario, Sonia conversó con el médico y solicitó que tramitara un permiso para que ella pudiera quedarse con su madre y poder atender cualquier solicitud que se le presentara. El doctor consiguió la autorización y una silla blanca para que pasara la noche del martes atendiendo a su madre, quien estaría sin ninguna atención especializada luego de las 10:00 p. m., pues el personal asistencial se retira a esa hora.

Pero, antes de irse la enfermera de guardia, le preguntó a Sonia por la ampolla para calmar el dolor de su mamá. La muchacha le respondió que todo lo había entregado en la mañana y que no le habían devuelto nada, tampoco le indicaron que debía comprar de nuevo. 

Contó que la enfermera se encogió de hombros y le dijo que intentaría ver si quedaba algo disponible. Volvió 30 minutos después y le dijo: “No le pude conseguir nada, la sala 16 no tiene autorización de usar ningún calmante, así que me lo negaron”. 

Revisó la cartera de su madre y pudo encontrar un frasco de gotas de Plidan, una especie de calmante gastrointestinal que tomaba su mamá cuando tenía gastritis, y gracias a esas dosis Sol logró dormir en períodos de dos horas, hasta llegar el día siguiente.

El miércoles 23 de junio la dieron de alta. Salió con las indicaciones médicas para su recuperación; si sobró algo de la lista no se lo regresaron, tampoco el dinero del alquiler. “El doctor dijo que aunque no se hizo por esa vía, se usó para explorar la posibilidad”, dijeron los hermanos a su salida del hospital.

Durante las noches no hay personal de enfermería