Cuatro venezolanos entre los primeros en vacunarse contra el COVID-19 en EEUU - Efecto Cocuyo

SALUD · 29 DICIEMBRE, 2020 07:40

Cuatro venezolanos entre los primeros en vacunarse contra el COVID-19 en EEUU

Texto por Efecto Cocuyo Fotos por Efecto Cocuyo

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Una infectóloga, un otorrinolaringólogo, un cardiólogo y una enfermera, todos venezolanos, reafirman su confianza en la ciencia y aspiran dar el ejemplo al estar entre los primeros trabajadores de salud en recibir la vacuna contra el COVID-19 en Estados Unidos

Lilian Abbo ha visto todas las caras de la pandemia. Como jefa del programa de control de infecciones del Jackson Health System en Miami, uno de los sistemas médicos académicos más importantes de Estados Unidos, esta infectóloga venezolana ha lidiado con el COVID-19 desde enero de 2020, cuando aún se conocía poco sobre la nueva enfermedad que a finales del año superó los 80 millones de contagios. A partir de ese momento ha atendido desde personas asintomáticas hasta pacientes que han permanecido tres meses en terapia intensiva en espera de un trasplante de pulmón.

El 15 de diciembre de 2020, Abbo, egresada de la Universidad Central de Venezuela (UCV), fue una de los nueve primeros trabajadores de salud en recibir la vacuna de Pfizer BioNTech contra el COVID-19 en el condado de Miami-Dade y en todos los Estados Unidos, pocas horas después de su autorización de uso de emergencia por parte de la Administración de Medicamentos y Alimentos (FDA, por sus siglas en inglés).

“Se respira un ambiente de esperanza. Es como ver la luz al final de este túnel tan difícil que ha sido el 2020. Aquí nos venimos preparando con esta pandemia desde enero de este año. Hemos trabajado muy duro, la gente está muy cansada. Nuestro pico fue en el mes de julio, donde los hospitales estaban llenos de pacientes de COVID-19, y saber que ahora hay una vacuna, saber que esto es ya ‘como el final’ de la pandemia es un momento muy emocionante y estoy muy orgullosa de ser parte de este momento”, relata Abbo en entrevista exclusiva con Efecto Cocuyo.

La doctora Abbo espera inspirar a todos, incluidos los venezolanos, a ponerse la vacuna cuando puedan| Foto: JHS

La pandemia la tocó de cerca. Algunos de sus colegas fallecieron y ella fue la única familiar que pudo despedir a su tío y mentor, el destacado reumatólogo venezolano Isaac Abadí, uno de los pioneros en Venezuela de la medicina basada en la evidencia. El doctor Abadí murió el 1 de abril por COVID-19 en el Jackson Memorial Hospital, el principal hospital del Jackson Health System, donde permanecía internado y donde expresó que no quería ser intubado ni sometido a maniobras de resucitación.

“Mis tíos estuvieron hospitalizados aquí en el mes de marzo, cuando la pandemia estaba comenzando. Mi tía estuvo muy grave pero se recuperó y mi tío lamentablemente falleció el 1 de abril. También es médico venezolano. Eso a mí me afectó muchísimo psicológicamente es muy duro ver morir a un ser querido con una enfermedad nueva. No había en ese momento tratamiento, no sabíamos qué funcionaba y qué no funcionaba. Ahora meses después tenemos ciertos conocimientos que no teníamos antes. De todas maneras sigue siendo una enfermedad muy terrible y todos los días vemos gente hospitalizada”, añade.

Abbo, quien también es profesora de Infectología de la Universidad de Miami, asegura que al vivir la pandemia de cerca pudo conocer lo dura que es la enfermedad. Trabajar de frente al virus y liderar los esfuerzos contra la pandemia la motivó a dar el ejemplo. Desde que anunciaron que recibirían las dosis de la vacuna de Pfizer de parte del Estado, les preguntaron si querían vacunarse de primeros. Ella y algunos colegas, como el jefe de la terapia intensiva o un médico que ve pacientes con VIH, decidieron voluntariamente ser los primeros. 

Como mujer, como médico, como líder en el hospital quiero dar el ejemplo, quiero darle el ejemplo a la gente y que sepan lo importante que es vacunarse, que esta vacuna la tecnología tiene más de 20 años, dos décadas estudiándose la vacuna de ARN. Son vacunas que no entran a tu ADN, no van a entrar a las células del cuerpo a causar mutaciones genéticas. Son vacunas que se han estudiado”, resalta.

Aunque representa un momento esperanzador, Abbo sabe que la pandemia aún no ha terminado y pide a las personas que se cuiden. Ella misma es la prueba de los resultados de las medidas de prevención, pues pudo mantenerse a salvo durante todo el año.

“Cuando salgo del hospital o cuando estoy en el hospital interactuando con mis colegas, no estoy comiendo ni en el comedor de médicos ni en la cafetería. Como sola, o al aire libre o en mi oficina. No estoy viéndome con nadie sin máscara igual, no estoy socializando. Si voy a una reunión, solo estoy yendo a reuniones con menos de 10 personas y todo al aire libre. No estoy yendo a eventos que sean a puerta cerrada que no sean al aire libre y manteniendo la máscara, la distancia física, protegiéndome y protegiendo a mis seres queridos”, destaca.

Recomienda el lavado de manos, el uso correcto de las máscaras adecuadas y el distanciamiento físico. Espera que las personas se protejan tanto en Venezuela como en el resto del mundo.

“Cuidarnos y la prevención es lo más importante hasta que esta vacuna pueda llegarle no solo a los trabajadores de salud sino que cada persona pueda recibirla alrededor del mundo. Esperamos que en 2021, de aquí a seis o nueve meses, podamos volver a vivir una vida un poco más normal“, afirma.

La vacunación comenzó el 15 de diciembre y en tres días habían vacunado a más de 3.000 personas| Foto cortesía

Juan Chiossone: más esperanza de vida

El 17 de diciembre llegó el día más esperado desde inicios de la pandemia por el otorrinolaringólogo venezolano Juan Armando Chiossone, profesor de la Universidad de Miami y quien vive desde mediados de 2018 en Estados Unidos. Por su especialidad y el contacto cercano con las vías aéreas en su trabajo, al norte de Miami y en el Jackson Memorial Hospital, supo que daría un paso más para protegerse del coronavirus: se vacunaría cuando se le presentara la oportunidad.

“Es algo que va a cambiar probablemente el curso de esta pandemia. Yo no tuve ninguna duda. Lo dije desde un primer momento: cuando salga la vacuna yo trataré de ser de los primeros en la fila para ponerme la vacuna. Por alguna de mis condiciones puedo ser personal de riesgo, no solamente por mi trabajo sino por algunas condiciones que tengo de salud, y la verdad que pensándolo mucho, le tengo más miedo al virus que a la vacuna, y no tengo ninguna duda de la ciencia que está detrás de la vacuna”, dice el médico otólogo y neurotólogo.

El médico otólogo es uno de los venezolanos que no dudó en ponerse la vacuna | Foto: Juan Chiossone

Al principio de la emergencia mundial, no saber a qué se enfrentaba y qué tan expuesto estaba fue la peor sensación que experimentó. Meses después, resalta que uno de los principales aprendizajes es que tomar medidas a tiempo es crucial. Con la emoción de haberse puesto la primera dosis de la vacuna y tras mantenerse por 15 minutos en observación, con la indumentaria necesaria para protegerse, fue a trabajar como en un día normal.

“Salí a mi trabajo y ese día operé. Me puse a la vacuna a las 8:10 de la mañana y ese día salí del hospital a las 7:35 de la noche después de haber hecho cirugía”, relata. No tuvo ningún síntoma más allá de dolor en el punto del brazo donde recibió la inyección, un dolor similar al generado por cualquier otra inyección.

Desde mayo de 2020, el exvicepresidente de la Fundación Venezolana de Otología además es voluntario en un estudio sobre la susceptibilidad del personal de salud al coronavirus. Regularmente le toman muestras de sangre, le realizan pruebas PCR y le miden otros valores, proceso que se extenderá por otros cuatro o cinco meses más, cuando ya tenga la segunda dosis de la vacuna.

Tarjeta vacuna COVID-19

Así luce la tarjeta de vacunación del personal sanitario | Foto: Juan Chiossone

“Yo me hice voluntario porque creo que es muy importante la información que se pueda obtener de allí para el resto de la comunidad, no solamente la comunidad que trabaja en salud, sino toda la población en general para aprender un poco más de este virus y para poder aprender un poco más de la efectividad real de la vacuna”, indica.

Chiossone, exjefe de la Cátedra de Otorrinolaringología de la Escuela de Medicina Luis Razetti de la UCV, se describe a sí mismo como un fiel creyente en las vacunas: destaca que sin ellas viviríamos en un mundo distinto.

“Las vacunas han aportado uno de los más importantes hitos de la medicina y de la salud pública mundial. Sin las vacunas, el mundo estaría diezmado de fiebre amarilla, de sarampión, de viruela, que acabó con muchísimas vidas durante el siglo XIX y siglo XX. Hay cantidad de enfermedades que hoy en día se pueden controlar y se puede atribuir a la vacunación que hoy en día el ser humano tiene una expectativa de vida que fácilmente comparando principios del siglo XIX y hasta la fecha casi duplica la esperanza de vida inclusive en países muy pobres”, resalta.

Chiossone vacuna

El doctor Chiossone no reportó efectos secundarios el día en que recibió la vacuna | Foto cortesía

Iván Mendoza: más fe en la ciencia

Desde que comenzó la pandemia, el cardiólogo Iván Mendoza, quien acumula ocho años como electrofisiólogo en el Jackson Memorial Hospital de Miami, no ha dejado de atender pacientes. A diario, el venezolano entra a la unidad de cuidados intensivos y atiende a personas con arritmias y problemas cardiovasculares.

Con emoción, pero sin dejar de pensar en todas las personas que no alcanzaron a tener una vacuna, el también egresado de la Escuela Luis Razetti de la Universidad Central de Venezuela estuvo entre los primeros grupos de trabajadores sanitarios vacunados en Miami.

“Es muy emocionante. Somos personas que amamos la ciencia, estudiamos la ciencia y creemos en la ciencia 100%. En esta pandemia que comenzó hace menos de un año que todos hayamos trabajado juntos, todos los diferentes países e institutos, instituciones, compañías y gobiernos para desarrollar una vacuna en tan poco tiempo y una vacuna que utiliza un método que nunca había sido utilizado como el RNA, un método completamente diferente, restaura la fe en la humanidad y en la ciencia”, expresó.

Cuando se convirtió en uno de los primeros venezolanos en recibir la primera dosis de la vacuna, sintió menos dolor que cuando se vacunaba contra la influenza. Dos días después, no reportaba ningún efecto secundario.

El cardiólogo Iván Mendoza recibe la vacuna

El doctor Mendoza pide a todos los venezolanos mantener las medidas de prevención mientras llega la vacuna| Foto: Iván Mendoza

“El dolor en el momento en el que colocan la vacuna fue casi nulo, mucho menor que en el caso de la influenza o de la gripe, como la llamamos en Venezuela. La vacuna de la gripe tiende a ser un poquito más dolorosa al colocarla. Yo no he tenido mialgias, que se vieron en 10% de los pacientes que estuvieron en los estudios clínicos. Yo me he sentido perfecto. He estado trabajando más de 12 horas al día. A nosotros nos observan 15 minutos después de colocar la vacuna por si acaso hay una reacción alérgica o efecto adverso. Mientras estuve ahí, nadie tuvo un efecto adverso”, señala.

Ahora está a la espera de la segunda dosis, prevista para el 5 de enero de 2021. Aunque vive en Estados Unidos desde hace 14 años, Mendoza afirma que siempre será venezolano y deseará su misma suerte para sus compatriotas. Se pregunta cuándo llegará alguna vacuna contra el COVID-19 a Venezuela y alienta a todas las personas a mantener las medidas de prevención.

“Para que las vacunas funcionen, tiene que estar más del 70 % de la población vacunada. Entonces probablemente por el resto del 2021 no vamos a estar protegidos, la humanidad no va a estar protegida contra el COVID-19. Tenemos que seguir exactamente las mismas medidas. Protegernos, usar nuestro tapaboca y el aislamiento va a seguir por lo menos seis meses o un poco más en 2021”, agrega.

María Beatriz Diamantis: la esperanza de compartir ciencia

“Nosotros nos entrenamos para salvar vidas y ver cómo se nos escapan de las manos sin poder lograr nuestro objetivo y por qué luchamos y por qué estudiamos, después de 25 años siendo enfermera, es muy duro. Así que si está disponible y si tienen alcance a la vacuna, no le tengan miedo, sigan las instrucciones de los médicos”, dice María Beatriz Diamantis pocas horas después de recibir la primera dosis de la vacuna de Pfizer-BioNTech.

Diamantis se formó como enfermera en la Escuela de Enfermería del Centro Médico de Caracas, pero se mudó a Estados Unidos en 1998. Allí revalidó su título y pasó por todas las especialidades de la enfermería. Desde hace cuatro años trabaja en el Jackson Memorial Hospital de Miami. Su día a día se resume en evaluar pacientes que necesitan rehabilitación física luego de haber sufrido accidentes de tránsito, politraumatismos, derrames cerebrales o accidentes cerebrovasculares.

Pero con la pandemia también ha tenido que rehabilitar a pacientes que han superado el coronavirus. Su pareja también es enfermero, especializado en terapia intensiva cardiovascular, y además está a cargo de la unidad de cuidados intensivos de COVID-19 en el hospital de la Universidad de Miami. Su trabajo y el contacto con él la llevaron a ser elegida como persona de alto riesgo y una de las primeras en recibir la vacuna contra el COVID-19 el 15 de diciembre.

Diamantis se aplicó la vacuna el 15 de diciembre

María Beatriz Diamantis siente orgullo por contribuir con la ciencia | Foto cortesía

“Veo los pacientes en el hospital y los rehabilitamos. Aquí estamos realmente en vista de todo esto, nosotros no hemos parado de trabajar. He tenido la satisfacción de rehabilitar pacientes poscovid, después de haber sido víctimas del virus, una vez que han pasado muchos de ellos dos meses en terapia intensiva, siendo tratados dentro de lo que conocemos, he tenido la oportunidad de llevarlos a rehabilitar en el área de rehabilitación física y ver realmente cómo renacen”, cuenta.

Tras aplicarse la primera dosis de la vacuna, Diamantis no ha tenido efectos secundarios importantes. Solo sintió dolor en el área del brazo donde la inyectaron algunas horas después. Su pareja tampoco ha tenido alguna reacción. Solo algunos de sus conocidos han reportado dolor de cabeza pasajero. Todos los días, el hospital les hace seguimiento para detectar efectos secundarios. Para ella, ser una de las primeras venezolanas vacunadas en Estados Unidos la motiva a continuar su labor como trabajadora de salud.

“Siento que es un privilegio poder ser parte de este momento histórico y realmente siento que lo estoy haciendo por la humanidad, por la ciencia, por mis hijos, por mis nietos en un futuro, por aquellos que se nos fueron y no tuvieron la oportunidad de tener alcance a la vacuna. El mensaje es si la tienen disponible, utilícenla, pónganse la vacuna”, dice.

Vacuna Abbo y Diamantis

Diamantis y Abbo son conocidas y se vacunaron el mismo día | Foto cortesía 

Como venezolana y como profesional del área de salud, el mayor deseo de María Beatriz Diamantis es que los venezolanos puedan tener acceso a los mismos recursos que ella para enfrentar la pandemia.

“Son sentimientos encontrados. Es agridulce para mí porque qué más quisiera yo y qué más quisiéramos todos los venezolanos que estamos en el exterior poder hacer de esta vacuna algo común y podérsela hacer llegar a todos los venezolanos en nuestro país y en el mundo entero. Mi corazón, mi alma están en Venezuela, y a pesar de tener 23 años en este país, sigue doliendo. Aprendemos, nos acostumbramos, tratamos de adaptarnos, pero el corazón sigue estando allá y la lucha sigue siendo la misma desde aquí para poder de alguna manera en algún momento compartir la salud”, expresa.