El economista Rodrigo Cabezas Morales denunció que en Venezuela se consolidó en los últimos cinco años un sistema de ingreso laboral no salarial, de carácter «infrahumano y naturaleza feudal», en el que el salario dejó de valorar la fuerza de trabajo o el esfuerzo realizado.
“Los trabajadores quedaron condenados a ingresos de mera supervivencia. Sus ahorros a largo plazo y su patrimonio desaparecieron”, afirmó el exministro de Finanzas.
Según Cabezas, Venezuela se convirtió en un «capitalismo anómalo» en términos de acumulación. Criticó el reciente incremento de los bonos, que apenas alcanzó los 50 dólares americanos, equivalente a un ajuste del 26 %.
A su juicio, esta medida resulta insuficiente ante una pérdida acumulada del poder adquisitivo del 90 % en los últimos años y no saca a la mayoría de la población de la pobreza monetaria.
“Esos 50 dólares adicionales se anularán en pocos días por las expectativas inflacionarias, porque los precios de los productos básicos se ajustan de inmediato”, señaló.
El economista indicó que con ingresos petroleros estimados por encima de los 20 mil millones de dólares entre mayo y diciembre de 2026, existe base fiscal suficiente para un aumento salarial mayor, sin comprometer las reservas internacionales ni poner en riesgo la estabilidad cambiaria.
“El monto aprobado se cubre con solo 3,5 meses de regalías petroleras”, precisó en nota de prensa enviada a los medios.
Cabezas explicó que, a diferencia de cualquier otra economía donde el salario mínimo es un piso de negociación, en Venezuela el ingreso bonificado se transformó en un techo que apenas cubre el 35 % del consumo de alimentos necesarios.
Denunció la existencia de un consenso implícito entre el gobierno y los gremios empresariales para no elevar el salario mínimo.
«En cualquier otra economía el salario mínimo es un piso de negociación, en Venezuela, el ingreso bonificado es un techo que alcanza apenas para un 35% del consumo de alimentos necesarios. En nuestro país, Venezuela, el único consenso implícito es el existente entre el gobierno y los gremios de empresarios para no aumentar el salario mínimo», dijo.
A su criterio, el modelo de bonificación funciona como un subsidio indirecto a la tasa de ganancia del capital, especialmente en sectores de baja productividad o alta dependencia de importaciones.
“El trabajador sobrevive en el subconsumo de alimentos y medicinas. Eso permite que el excedente de las ventas se mantenga como ganancia empresarial o se reinvierta en importaciones”, dijo.
Señaló que aunque el gobierno celebra 20 trimestres consecutivos de crecimiento, este se concentró en la acumulación de capital y no en la redistribución vía salarios. Consideró inaceptable que se justifique la desaparición del salario histórico, lo que retrotrae al país a condiciones propias de la Edad Media.

