Se cumplen dos meses (19 de octubre) desde que Estados Unidos iniciara el despliegue militar en el mar Caribe para combatir el tráfico de drogas hacia ese país y, pese a ello, la escalada continua en acciones y narrativa.
A juicio de analistas, siguen sin estar claros los objetivos de la Casa Blanca tanto para la opinión pública nacional e internacional como para la administración de Nicolás Maduro que, sin embargo, denuncia una intervención extranjera inminente, por lo que el desenlace del contexto de tensiones bilaterales sigue levantando apuestas sobre posibles desenlace.
En el último mes, se combinaron los hundimientos de lanchas -al menos seis- que, según Washington, transportaban drogas con la toma de decisiones por parte de Trump, que incluyó principalmente la declaratoria de conflicto armado no internacional notificada al Congreso contra los carteles de la droga latinoamericanos, aderezada con un severo discurso en Naciones Unidas contra Maduro. El líder chavista respondió con la fallida búsqueda de un diálogo a su medida y más militarización interna.
“El mayor despliegue desde Panamá 1989”
Informaciones filtradas por el diario The New York Times (NYT) y otros medios norteamericanos, más declaraciones de la líder opositora y Premio Nobel de la Paz 2025, María Corina Machado y el “está pasando”, también han alimentado la incertidumbre.
El último anuncio hecho personalmente por el presidente de EEUU, Donald Trump, apunta hacia una incursión de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) para realizar operaciones encubiertas en territorio venezolano como parte de los operativos antidrogas “que incluyen acciones letales”. Miraflores, por su parte, avanza en la militarización del país, con apoyo de los cuerpos policiales, y con presencia hasta ahora en Caracas y diez estados.
“En los últimos dos meses, la administración Trump ha realizado el mayor despliegue militar estadounidense en el hemisferio occidental desde la Operación Causa Justa, la invasión de Panamá en diciembre de 1989 (que llevó a la caída del dictador Noriega). Las unidades y efectivos desplegados en el Caribe, según EEUU, tienen como objetivo contrarrestar la ruta de narcotráfico utilizada por los carteles en la zona, vinculando a la cúpula autoritaria en Venezuela; pero el despliegue es mucho mayor al que sería necesario para interceptar cargamentos de drogas”, es la valoración que hace el presidente del Consejo Venezolano de Relaciones Internacionales, Kenneth Ramírez.
A continuación un balance de los hitos más importantes de otros 30 días de acciones, demostraciones, cruce de declaraciones y versiones extraoficiales que se han sumado para complicar cada vez más el panorama, a partir del despliegue militar norteamericano en aguas internacionales:
Más lanchas hundidas
A la fecha se han reportado al menos seis lanchas hundidas en aguas internacionales en medio del operativo, señaladas por las autoridades estadounidenses de transportar drogas, provenientes de Venezuela. El saldo hasta ahora es de 27 tripulantes muertos que el propio Trump ha calificado de “narcoterroristas”, sin que hasta ahora se sepan sus identidades.
La última voladura de lancha se reportó este 16 de octubre con la novedad de que al parecer hubo dos sobrevivientes. Sobre este último ataque, Trump declaró este 17 de octubre que se trató de un submarino que transportaba narcóticos. Por la embarcación hundida antes de esa (13 de octubre) hubo protesta desde Trinidad y Tobago, donde las autoridades investigan si dos de sus ciudadanos se encontraban entre las seis personas que iban a bordo y que resultaron fallecidas en el ataque cinético. Esto a partir de reportes de vecinos y familiares.
Ramírez destacó que el discurso de “narcoterrorismo” usado por EEUU los lleva a justificar los ataques letales, sin que los tripulantes hayan tenido derecho a juicio, que es el procedimiento legal (más la incautación de la droga) que sigue la Guardia Costera norteamericana. Coincide en que se viola el derecho internacional.
“Normalmente, estas actividades serían competencia de la Guardia Costera estadounidense; pero dado el tamaño del despliegue y la potencia de fuego, se especula que la segunda administración Trump tiene otros objetivos en mente, incluyendo la presión e intimidación para generar fracturas que lleven a un cambio de régimen en Venezuela”, expresó el internacionalista.

Más movimiento
Además de los ataques letales a las embarcaciones, se ha seguido reportando la llegada de buques y aeronaves a países centroamericanos y del Caribe como la llegada (21 de septiembre) del buque destructor (el tercero) de EEUU, USS Stockdale, a Panamá como parte de una «sólida colaboración en materia de seguridad» contra el crimen organizado.
El 2 de octubre, el Comando de Transporte Marítimo Militar de EEUU confirmó la llegada del “buque fantasma”: MV Ocean Trader al Caribe. Su principal característica es que navega frecuentemente sin informar su ubicación a los sistemas de rastreo civiles, además de estar diseñado para camuflarse entre los buques mercantes comunes, mientras apoya secretamente operaciones encubiertas.
Los países del Caribe han mostrado colaboración con EEUU. Es el caso de Trinidad y Tobago, que el pasado 9 de octubre permitió el aterrizaje del avión de transporte militar de EEUU, modelo C-17A Globemaster III y matrícula 09-9208 que se encontraba en Puerto Rico. Washington también pidió autorización (9 de octubre) a Granada (país insular cercano a Venezuela) para instalar equipo militar y personal técnico en la isla, a lo cual el gobierno respondió que la solicitud será evaluada bajo criterios de soberanía y seguridad nacional.
Este 16 de octubre, The Washington Post reseñó que dos helicópteros de operaciones especiales (unidad de élite) habrían volado a menos de 145 kilómetros de Venezuela, sobre aguas abiertas cerca de plataformas petroleras y gasíferas. Un funcionario estadounidense citado por el diario, bajo condición de anonimato, señaló que el MH-6 Little Bird y MH-60 Black Hawk participaban en ejercicios de entrenamiento, que podrían servir como preparación para un conflicto ampliado contra presuntos narcotraficantes, incluidas misiones dentro de Venezuela.

“Desde el final de la Guerra Fría, el Hemisferio Occidental se ha acostumbrado a una presencia militar estadounidense reducida y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños ha declarado la región una zona de paz. El Comando Sur de las Fuerzas Armadas de EEUU que se enfoca en América Latina y El Caribe es el comando combatiente con menos fondos y relevancia del Departamento de Defensa de EEUU. El despliegue actual es el más significativo que el Comando Sur ha visto en una generación”, apunta Ramírez, profesor de la Escuela de Estudios Internacionales de la Universidad Central de Venezuela.
Cuando el río suena…
El 23 de septiembre, Trump pronunció un discurso ante la 80ª Asamblea General de la ONU en el que incluyó severas palabras para con Maduro: “Hemos empezado a usar al poderoso Ejército estadounidense para destruir a los terroristas venezolanos y las redes de tráfico que dirige Nicolás Maduro y a todos los matones que envían drogas a EEUU que sepan que los vamos a bombardear para que dejen de existir, no tenemos más opción que eso”.
Para el 26 de septiembre, la cadena NBC News, citando a dos funcionarios estadounidenses anónimos, aseguró que EEUU planeaba atacar pronto a narcotraficantes dentro de territorio venezolano, mediante bombardeos. El 30 del mismo mes, Trump pareció confirmar a medias la información al advertir que monitorearian “muy seriamente” a “narcos venezolanos” en tierra.
«Veremos qué pasa con Venezuela. (…) Golpeamos varios botes, y desde que hicimos eso no tenemos absolutamente ninguna droga entrando a nuestro país por vía acuática, porque era letal. Y ahora vamos a mirar a los carteles. Vamos a mirar muy seriamente a los carteles que vienen por tierra», dijo Trump a la prensa de camino a una inusual reunión con cientos de generales norteamericanos.
Pero el 2 de octubre vino la validación de dichas versiones. Según información publicada por el medio estadounidense The New York Times, Trump notificó al Congreso la firma de un decreto con el que declaró que EEUU está en conflicto armado no internacional contra los carteles de la droga.
La medida implica, de acuerdo con expertos, persecución en caliente fuera de la jurisdicción internacional y desplegar fuerza militar letal –drones, operaciones especiales o incluso bombardeos.
La declaración, detallada en un memorando del Pentágono, apunta directamente a grupos como el Tren de Aragua y el Cartel de los Soles de Venezuela, clasificándolos como «combatientes ilegales» en una supuesta «guerra irregular» contra la seguridad estadounidense.

“Este enfoque represivo se concentra en la oferta de drogas utilizando la fuerza militar, partiendo de la idea de que el tráfico de drogas es un complot fraguado desde el exterior sobre una sociedad estadounidense que podría mantenerse limpia y sana, de no ser por esta invasión de elementos nocivos desde afuera. En este contexto, los carteles pasan de ser mafias organizadas que controlan un negocio ilícito a grupos armados no estatales, sus miembros pasan a ser de criminales a enemigos combatientes que pueden ser liquidados en el marco de un conflicto armado no internacional, tal como indicó la propia administración Trump en un memorándum a líderes del Congreso”, acotó el internacionalista.
Escala la narrativa
La disposición de Trump a perseguir a los carteles de la droga -en este caso al llamado Cartel de los Soles con el que vincula a Maduro- hasta donde haga falta parece haber quedado sellada con su declaración sobre haber autorizado a la CIA a realizar operaciones encubiertas en Venezuela.
Exagentes de la CIA, citados por la BBC, explicaron que una vez aprobadas por el presidente, las acciones pueden tomar la forma de “asesinatos selectivos, operaciones encubiertas, acciones para influir en la política local o ayuda para equipar grupos armados que intentan derrocar gobiernos de otras naciones”.
De acuerdo con la cadena CNN, existe una “lista secreta” de carteles de la droga que el Departamento de Justicia de EEUU autorizó atacar.
El aviso de Trump fue considerado poco usual porque suele ser información clasificada, por lo que se entiende más bien como una escalada en la narrativa para presionar más a Miraflores.
“El despliegue militar en el Caribe puede considerarse como un show de fuerza para presionar e intimidar a Maduro e intentar generar fracturas en la cúpula autoritaria. Pero en paralelo, para magnificar el efecto intimidatorio, la administración Trump también ha escalado la retórica discursiva al considerar a Maduro como un gobernante ilegítimo, y señalarlo como supuesto jefe de carteles de narcotráfico (Cartel de los Soles” y Tren de Aragua)”, señaló Ramirez.
A su juicio, el reciente anuncio de Trump sobre la CIA permite ver la posibilidad de una escalada mayor por parte de la Casa Blanca, mientras la cúpula del chavismo se atrinchera y no deja ver las fisuras internas a las que estaría apostando Washington.
“EEUU podría optar por usar misiles Tomahawks, drones o aviones de combate de quinta generación F-35 para atacar objetivos dentro de Venezuela, incluyendo supuestas pistas de aeronaves vinculadas con el narcotráfico, o quizás supuestos laboratorios o centros de acopio y distribución. También podría optar por atacar campamentos de la guerrilla colombiana en estados fronterizos. Más tenso, y menos probable al menos por ahora, un ataque a una base militar venezolana con el pretexto de la supuesta presencia de operaciones del narcotráfico”, dijo Ramírez sin dejar de advertir que estas acciones podrían estar reñidas con el derecho internacional.
Cerrado canal Rodríguez-Grenell
En medio de este despliegue militar, ¿dónde quedan las negociaciones para tratar de desescalar el conflicto? De acuerdo con el NYT, en reporte del 6 de octubre, Trump había cortado contactos diplomáticos con Miraflores y la orden fue dada al enviado especial Richard Grenell, quien antes aseguró que mantenía diálogo con la administración de Maduro.
Miraflores hasta había enviado una carta a Trump para solicitar conversaciones y dijo que mandaría más. La Casa Blanca hizo acuse de recibo, pero sin dejar de advertir que la misiva contenía “muchas mentiras” y que seguían considerando ‘ilegítimo” al régimen madurista. También se supo de esfuerzos de Qatar, desde cuya Cancillería se afirmaba que había un canal abierto entre EEUU y Venezuela para desescalar las tensiones.
En otro medio estadounidense, Miami Herald, apareció este 16 de octubre la supuesta explicación a la negativa a dialogar por parte de EEUU: los hermanos Delcy y Jorge Rodríguez habrían propuesto un gobierno de transición sin Maduro, quien contaría con tres años para renunciar y la vicepresidenta completaría el mandato. La oferta fue rechazada por la Casa Blanca y Delcy Rodríguez tildó la información publicada como “guerra psicológica”.
¿Qué más ha hecho Miraflores en este último mes de tensiones, aparte de procurar un diálogo? Amenazar con un decreto de conmoción exterior que, según dijo Delcy Rodríguez el 29 de septiembre, ya firmó Maduro; pero no ha salido en Gaceta Oficial; denunciar vuelos de aeronaves norteamericanas cerca de Venezuela, aunque sin violar el espacio aéreo; hacer ejercicios militares como el de La Orchila y profundizar la militarización del país.
El Consejo Nacional por la Soberanía y la Paz (instalado el 17 de septiembre), con el jefe de las negociaciones de Miraflores, Jorge Rodríguez, a cargo, sigue reuniéndose con sus «afines» para intentar mostrar «unidad nacional», frente a la «amenaza externa».
Además de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (Fanb), a través del denominado Plan Independencia 200 activado desde el 11 de septiembre, hay despliegue de cuerpos policiales, Milicia Bolivariana y de grupos civiles armados en Caracas y diez estados del país (La Guaira, Miranda, Aragua, Falcón, Zulia, Carabobo, Trujillo, Mérida, Lara y Yaracuy) a la fecha.
El despliegue busca proteger, según Maduro, «montañas, costas, escuelas, hospitales, fábricas, mercados y comunidades» de eventuales ataques externos. El ministro del Interior y número dos del chavismo, Diosdado Cabello, ha estado recorriendo estados y advirtiendo: “Los estamos vigilando a todos”. Defensores de derechos humanos han alertado que se afianza el control interno para evitar protestas ciudadanas, por lo que el despliegue no es solo un mensaje para Trump.

“Hasta finales de año o 2026”
“A mi juicio, el presidente Trump mantendrá este operativo al menos hasta finales de año. Si bien se caracteriza por perder la paciencia rápidamente, no puede descartarse que el despliegue militar se prolongue hacia 2026 tomando en cuenta el ciclo electoral. En cualquier caso, el Comando Sur acaba de crear un grupo de tarea para combatir el narcotráfico en la región, lo cual nos indica cierta permanencia. Sin embargo, la nota donde se anuncia su creación señala que es principalmente un esfuerzo marítimo”, estimó Ramirez.
A la par no descarta que sigan los intentos de negociación por distintas vías, incluyendo Qatar y que la apuesta es porque se abran caminos democráticos.
“Se echa en falta un involucramiento diplomático de los países latinoamericanos como Brasil y del nuevo Secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA), Albert Ramdin. Aquí existe una oportunidad (negociaciones) que debe ser explorada con seriedad”, añadió el internacionalista.
