A 200 años de la batalla de Carabobo, la República “pende de un hilo”

POLÍTICA · 24 JUNIO, 2021 08:00

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Ibis Leon | @ibisL

Foto por Iván Ernesto Reyes

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El bicentenario de la batalla de Carabobo, decisiva para la independencia de Venezuela, encuentra una República “disminuida” que “pende de un hilo”, a juicio de historiadoras consultadas.

El desmantelamiento de las instituciones democráticas tiene su génesis en la herencia militarista que arrastramos desde el siglo XIX, destacan las académicas.

“La República hoy en día pende de un hilo, está al borde del precipicio, se le ha ido asfixiando gradualmente”, sentencia la doctora en historia María Soledad Hernández.

La profesora, miembro del instituto de investigaciones históricas de la Ucab, señala que Carabobo es más que la gesta en el campo de batalla, “es la culminación de un proceso que inicia en abril de 1810 (revolución que antecede a la firma del acta de la independencia), donde lo militar no es lo que tiene más peso en la balanza, el elemento civil va a jugar un papel fundamental”, afirma.

Sin embargo, sostiene que el componente militar predomina en la historiografía venezolana porque existe un “culto al héroe” que data del siglo XIX y se ha ido profundizando, con el paso de los años, en la figura del libertador Simón Bolívar visto como jefe militar.

“El militarismo no solo marcó a Venezuela, marcó a América Latina, hay como una especie de nostalgia, de paradigma que hay que romper, de ver en lo militar la solución de los problemas. El siglo XIX es del caudillismo, de las guerras civiles y esa herencia no se puede borrar de un plumazo, está en el ADN. Después, a finales del siglo XIX, llegan los andinos (con Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez al poder), tenemos golpes de estado, la dictadura de Pérez Jiménez”, enumera.

La historiadora y  doctora en Ciencias Sociales Margarita López Maya explica el origen del militarismo: “El esfuerzo por romper el lazo colonial produjo la masacre de la generación de ese momento, particularmente de los hombres que perdieron la vida en los campos de batalla. Esto dejó en manos de los militares sobrevivientes de la guerra el campo abierto para instalar un orden político fundamentalmente militar que hasta hoy padecemos”.

¿Y la democracia?

López Maya destaca la batalla de Carabobo como una de las fechas de mayor relevancia para la historia de la nación venezolana “porque es el momento en el que definitivamente se produce la derrota del imperio español a manos del ejército que lidera Bolívar”. “Lo que viene de ahí en adelante es la construcción de la República y la conformación de una nación que, en 1830, se va a llamar Estados Unidos de Venezuela”, expone.

A 200 años de esta gesta, el saldo es escaso y la República está “disminuida”, en opinión de la analista: “Este es uno de los peores momentos en los 200 años que ha tenido la historia del país. Venezuela fue uno de los países más pobres de América Latina y hoy vuelve a serlo, con una pobreza atroz que abarca más del 80% de las familias, con la destrucción de cualquier institucionalidad moderna y democrática, además de la imagen que nos acosa de los millones de venezolanos que siguen saliendo del país tratando de encontrar lo que este territorio ya no les puede dar”.

“En términos de soberanía, los últimos acontecimientos revelan que el Estado no controla parte del territorio, su dependencia a las potencias en el exterior como China, Rusia, Turquía, las asesorías permanentes de Cuba, nos señala que en cuanto a soberanía también estamos bastante disminuidos”, agrega.

La investigadora destaca los factores que contribuyeron a la implosión de la democracia representativa que se consolidó en el país durante 40 años. “Se falló en comunicar e interiorizar el valor del esfuerzo que se había hecho para salir de la bota militar, las generaciones llegaron a pensar que eso era una cosa normal, que vivir en democracia era algo dado, que no estaba en riesgo y tan en riesgo estaba que la perdimos”, expresa.

En 1998 el fantasma del caudillo militar reaparece “porque los pactos y los acuerdos entre los actores políticos y sociales se estaban rompiendo, había cada vez mayor beligerancia, se seguían sosteniendo políticas inviables en virtud de la desorientación de los precios en el mercado internacional de petróleo y en las encuestas se decía que los venezolanos estaban desencatados con la democracia y creían que un hombre de mano dura podía resolver la situación”, apunta López

“Muchos actores jugaron a la antipolítica contra los partidos y provocaron el radicalismo que tuvo el ciudadano venezolano de votar consecutivamente por la destrucción de las instituciones democráticas que estaba llevando a cabo Hugo Chávez, sobre todo en su segundo mandato”, expone.

“El régimen que construye Maduro y estas cúpulas civiles y militares que nos gobiernan y nos oprimen tienen sus raíces en la cultura militarista, patrimonialista, clientelar, de falta de justicia. Esta dictadura se parece mucho a los de la región del Caribe, a la de los Somoza (Anatasio Somoza en Nicaragua), los Trujillo (Leonidas Trujillo en República Dominicana) pero también es un modelo futuro porque en la medida en que Maduro permanezca ahí es un ejemplo para otras autocracias como la que lidera (Vladimir) Putin en Rusia o (Recep) Erdogan en Turquía”, concluye López.

Otra visión

El director del doctorado de Historia de la UCV, especialista en historia militar y coronel del Ejército, Fernando Falcón, considera que en Venezuela no hay militarismo sino «usos y costumbres militares aplicados al intento de hacer un socialismo del siglo XXI». «No es precisamente el orden, la planificación y la disciplina lo que caracteriza esto sino la parafernalia, el exceso y, en algunos casos, la caricaturización de lo militar», apunta.

El profesor universitario destaca el papel protagónico que tuvieron los civiles en la gesta independentista: «En Venezuela no podemos hablar de militarismo porque no lo ha habido, no lo hubo en la guerra de independencia donde no hubo una distinción clara entre civiles y militares, el padre (Ramón Ignacio) Méndez y el jurisconsulto Francisco Javier Yanes pelearon con el general José Antonio Páez en la batalla de El Yagual como lanceros; Josefa Camejo, la esposa del coronel Briceño Méndez, es la que toma La Vela de Coro. Lo que hay es un abuso de lo militar usado para fines inconfesables».

Para Falcón, Carabobo «es la batalla estratégicamente mejor planeada, logísticamente mejor conducida y tácticamente mejor operada en territorio nacional».