OPINIÓN · 24 DICIEMBRE, 2021 05:22

Venezuela: cartomancia política

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Oscar Doval

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Como les comenté la semana pasada, esta entrega, en vísperas de navidad, haremos malabarismos analíticos para intentar visionar lo que podríamos esperar políticamente en nuestra amada patria en el 2022.

2021

Durante el primer semestre del año, sin mayores aspavientos políticos, los venezolanos entramos en un estado de resignación en lo que a política se refiere, después de un prolongado encierro por la pandemia. Nos dimos a la tarea de pensar y decir que el aspecto político, ya no nos interesaba, sino el foco sobre lo económico, en términos de supervivencia, buscando dinero difícil o fácil, a como diera lugar para mejorar nuestras golpeadas finanzas personales.

De allí, grupos empresariales tradicionales y nuevos se acercaron al gobierno en búsqueda de contratos, así como de una simiente sembrada en la pandemia dura, que comprendía una enorme cantidad de iniciativas y emprendimientos que comenzó a dar frutos, aprovechando la burbuja económica surgida de la ingente cantidad de dólares en cash que corrían de mano en mano en el sistema financiero venezolano.

Una nefasta gestión de la oposición liderada por Guaidó, con la sombra (y raya) de Leopoldo López detrás, culminó en la irreductible fractura entre una facción radical conformada por partidos como Proyecto Venezuela, Casusa R, Voluntad Popular, Copei, Ciudadanos, y un ala moderada, a la denominaron “alacranes”, conformada por UNT, Acción Ciudadana, el AD de Bernabé, la nueva Voluntad Popular y PJ, que terminaron de matar toda pasión de los venezolanos por tan siquiera pensar en “sacar” a Maduro de su cómoda posición como presidente.

Los grupos de poder en torno a Maduro, aglutinados con el propósito de perpetuar al régimen, se reordenaron e hicieron visibles hasta para los más ciegos. Maduro y la primera combatiente, como bloque demostraron que detentaban la cabeza de un incuestionable poder. Los hermanos Rodríguez, muy cercanos al presidente, se erigieron como las primeras cabezas políticas, ocupando la Vicepresidencia Ejecutiva y cartera de Finanzas, así como la presidencia de la Asamblea Nacional. Los seguía un herido El Aissami, al que desplazaron a PDVSA, al mismo nivel de Padrino López, quien, con una lealtad incuestionable al presidente, lejos de toda tesis golpista y conspirativa, garantizaba el poder militar alineado totalmente con el gobierno. Otro grupo, liderado por Diosdado, quien fuera el probable sucesor de Maduro, perdió fuerza política de manera significativa.

Con la aversión de muchísimos países del orbe, Cuba, Rusia, China, Turquía, Bielorusia, Bolivia, la Argentina Kirchnerista (y otros capitalistas, bien escondiditos), se convirtieron los primeros aliados comerciales de Venezuela, dando aliento económico al gobierno para sobreponerse, malamente, a la crisis económica que atravesamos.

Durante el segundo semestre del año, comenzaron las conversaciones entre la oposición y el oficialismo en México, en virtud de las cuales y tras la firma de un Memorando de Entendimiento, se reconoció a Maduro como presidente y Guaidó quedó implícitamente derogado como mandatario paralelo.

El diálogo en México, que comenzó con aparente buen pie, fue interrumpido por el oficialismo en octubre de este año, alegando que la detención y extradición de Alex Saab, a quien el gobierno dio es estatus de diplomático, era promovida por la “oposición golpista” que hacía vida en la mesa de diálogo.

Buena excusa para dedicarse de lleno a las elecciones regionales del 21N, donde un gobierno fortalecido, a través de una bien lograda campaña populista y asimétrica en recursos y medios, así como gracias a la inmensa abstención del 60% de los votantes, “barrió” a la divida oposición, que, además, con un confuso discurso, nos llamaba simultáneamente a votar y a no votar.

La misión de supervisión de la Unión Europea fue enfática al decir que el proceso electoral y el CNE habían sido sin duda incuestionables, aunque criticó abiertamente las asimetrías en el uso de recursos, medios de comunicación, así como abusos jurídicos cometidos por el oficialismo. Como resultado, la misión fue expulsada a los pocos días del país, lo que me parece una inaudita torpeza diplomática, aunque el gobierno, “no da puntada sin dedal”.

Tras el triunfo del oficialismo y la frustración de la oposición, los venezolanos nos regresamos a nuestra trinchera de “rebuscarnos la vida” y celebrar la navidad, que ya había sido declarada oficialmente por Maduro en octubre. Si seguimos, en esta anticipación decembrina, imaginamos que pondremos el nacimiento, adornos y pinos en julio del año entrante.

Dudas y más dudas en el futuro inmediato

A principios de 2022, tendremos como regalo de Reyes la duda de si Guaidó prolongará o no su presidencia paralela, en virtud de una providencia que así lo permite, generada por el TSJ paralelo (ya estoy mareado de tanto paralelo, de pana), o si de una vez por todas, asumirá su muerte política y pasará la batuta a algún líder más serio.

Por otra parte, el 9 de enero, serán re-celebradas las elecciones de Barinas, con Jorge Arreaza como candidato único del PSUV, Sergio Garrido como candidato por la MUD y Claudio Fermín en representación de los alacranes. Nuevamente, la oposición dividida. Estará por verse según el ganador, si el oficialismo quería quemar o exaltar a Arreaza, así, como la capacidad de convocatoria de la debilitada oposición. Si el oficialismo hubiese cedido la gobernación a la oposición, se anotaría un punto desde la legitimidad, por lo que no entiendo el afán por Barinas, aunque este estado, sea un bastión por ser el lugar de nacimiento del eterno comandante. El empeño por Barinas es otra decisión que no entiendo del oficialismo, pero nuevamente digo, el gobierno debe tener sus razones, ya que no da paso en falso.

Se suma a lo anterior, que el 10 de enero se cumple la mitad de mandato del presidente y puede ser solicitada la activación del referendo revocatorio, lo que, pondría a la oposición ante la compleja decisión, de si lanzarse la aventura de aglutinarse y ganar aceleradamente capital político ante el claro rechazo popular de un 80% de la gestión de Maduro, o robustecerse y esperar las elecciones presidenciales de 2024 para darle un “sablazo” electoral. ¡Estará por verse!

Escenarios

Vemos muy poco probable un escenario de retrocesión que conduzca al gobierno a retomar las sendas dogmáticas marxistas que destruyeron económicamente al país, además de la consabida corrupción, el mal manejo administrativo y las sanciones, ya que, tras descubrir las bondades del libre mercado, se han convertido en más neoliberales que Friedman, como una manera de hacerse de dineros para mantener el status quo.

Como escenario más probable, consideramos una pensada y calma continuidad, sosteniendo la desinstitucionalización que vivimos, mayor pericia y hasta comodidad en el manejo de sanciones, ostracismo internacional estrechando aun más las relaciones económicas y políticas con los países alineados. Asimismo, prevemos un robustecimiento de las conversaciones ya iniciadas por el gobierno en Washington, para aligerar la presión de los gringos. Si en esta circunstancia, se lanza un referéndum revocatorio, sin duda sería ganado por el oficialismo, ya que la desgastada oposición, no da más de si.

También podríamos sumar al escenario anterior cierto avance no institucional, con reanudación del diálogo en México, buscando la sonrisa y simpatía de los países que adversan y aíslan a Venezuela, ya que una caricia política de los mismos significaría cierto desahogo económico, y, en consecuencia, una generación de mayor capital político a punta de “realazos”, lo que bastante requiere Maduro para ganar las elecciones presidenciales del 2024. Esto, el gobierno lo haría para hacerse nuevamente de la credibilidad política de un ya, muy harto pueblo.

Como un escenario, también muy poco probable, vemos un avance institucional con acuerdos vinculantes entre oficialismo y oposición, conciliación política nacional y convocatoria a unas elecciones presidenciales tempranas, para ratificar al oficialismo o dar espacio a la oposición. Por cierto, esta última posibilidad, aunque la consideremos casi ensoñadora, es altamente riesgosa para ambas facciones políticas.

Hablan los ciudadanos

Como comentáramos en otra entrega, en recientes encuestas, el 40% de la población no comulgaba con el oficialismo ni con la oposición. Por otra parte, un 20% de los entrevistados opositores y un 15% de los chavistas no creían en sus líderes actuales. Esto nos habla de que el 85% de los venezolanos, no quieren seguir con el gobierno actual, no quieren ver a Maduro y sus notables acólitos, así como a los líderes tradicionales de oposición, ocupando la silla de Miraflores.

Las mismas encuestas revelaban que más de un 40% de los venezolanos consideraban que de su propio seno y no de los políticos conocidos, debe emerger el nuevo liderazgo que conduzca al país. Menos del 10% de los entrevistados creen que los partidos tradicionales oficialistas u opositores, los militares u otras instituciones deben ser los responsables de decidir el destino de la patria.

Lo anterior deja entrever que la gente, de a pie, pide a gritos un nuevo liderazgo que no venga de las trincheras tradicionales.

Ojalá la oposición y el oficialismo escucharan este llamado de la población. Queda en nuestras manos pues, organizarnos como ciudadanos para suscribir un nuevo hacer político que conduzca a nuestra amada tierra de gracia a buen puerto.

***

Las opiniones expresadas en esta sección son de entera responsabilidad de sus autores.

Del mismo autor: Clarividencia económica: Venezuela en 2022

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2021

Durante el primer semestre del año, sin mayores aspavientos políticos, los venezolanos entramos en un estado de resignación en lo que a política se refiere, después de un prolongado encierro por la pandemia. Nos dimos a la tarea de pensar y decir que el aspecto político, ya no nos interesaba, sino el foco sobre lo económico, en términos de supervivencia, buscando dinero difícil o fácil, a como diera lugar para mejorar nuestras golpeadas finanzas personales.

De allí, grupos empresariales tradicionales y nuevos se acercaron al gobierno en búsqueda de contratos, así como de una simiente sembrada en la pandemia dura, que comprendía una enorme cantidad de iniciativas y emprendimientos que comenzó a dar frutos, aprovechando la burbuja económica surgida de la ingente cantidad de dólares en cash que corrían de mano en mano en el sistema financiero venezolano.

Una nefasta gestión de la oposición liderada por Guaidó, con la sombra (y raya) de Leopoldo López detrás, culminó en la irreductible fractura entre una facción radical conformada por partidos como Proyecto Venezuela, Casusa R, Voluntad Popular, Copei, Ciudadanos, y un ala moderada, a la denominaron “alacranes”, conformada por UNT, Acción Ciudadana, el AD de Bernabé, la nueva Voluntad Popular y PJ, que terminaron de matar toda pasión de los venezolanos por tan siquiera pensar en “sacar” a Maduro de su cómoda posición como presidente.

Los grupos de poder en torno a Maduro, aglutinados con el propósito de perpetuar al régimen, se reordenaron e hicieron visibles hasta para los más ciegos. Maduro y la primera combatiente, como bloque demostraron que detentaban la cabeza de un incuestionable poder. Los hermanos Rodríguez, muy cercanos al presidente, se erigieron como las primeras cabezas políticas, ocupando la Vicepresidencia Ejecutiva y cartera de Finanzas, así como la presidencia de la Asamblea Nacional. Los seguía un herido El Aissami, al que desplazaron a PDVSA, al mismo nivel de Padrino López, quien, con una lealtad incuestionable al presidente, lejos de toda tesis golpista y conspirativa, garantizaba el poder militar alineado totalmente con el gobierno. Otro grupo, liderado por Diosdado, quien fuera el probable sucesor de Maduro, perdió fuerza política de manera significativa.

Con la aversión de muchísimos países del orbe, Cuba, Rusia, China, Turquía, Bielorusia, Bolivia, la Argentina Kirchnerista (y otros capitalistas, bien escondiditos), se convirtieron los primeros aliados comerciales de Venezuela, dando aliento económico al gobierno para sobreponerse, malamente, a la crisis económica que atravesamos.

Durante el segundo semestre del año, comenzaron las conversaciones entre la oposición y el oficialismo en México, en virtud de las cuales y tras la firma de un Memorando de Entendimiento, se reconoció a Maduro como presidente y Guaidó quedó implícitamente derogado como mandatario paralelo.

El diálogo en México, que comenzó con aparente buen pie, fue interrumpido por el oficialismo en octubre de este año, alegando que la detención y extradición de Alex Saab, a quien el gobierno dio es estatus de diplomático, era promovida por la “oposición golpista” que hacía vida en la mesa de diálogo.

Buena excusa para dedicarse de lleno a las elecciones regionales del 21N, donde un gobierno fortalecido, a través de una bien lograda campaña populista y asimétrica en recursos y medios, así como gracias a la inmensa abstención del 60% de los votantes, “barrió” a la divida oposición, que, además, con un confuso discurso, nos llamaba simultáneamente a votar y a no votar.

La misión de supervisión de la Unión Europea fue enfática al decir que el proceso electoral y el CNE habían sido sin duda incuestionables, aunque criticó abiertamente las asimetrías en el uso de recursos, medios de comunicación, así como abusos jurídicos cometidos por el oficialismo. Como resultado, la misión fue expulsada a los pocos días del país, lo que me parece una inaudita torpeza diplomática, aunque el gobierno, “no da puntada sin dedal”.

Tras el triunfo del oficialismo y la frustración de la oposición, los venezolanos nos regresamos a nuestra trinchera de “rebuscarnos la vida” y celebrar la navidad, que ya había sido declarada oficialmente por Maduro en octubre. Si seguimos, en esta anticipación decembrina, imaginamos que pondremos el nacimiento, adornos y pinos en julio del año entrante.

Dudas y más dudas en el futuro inmediato

A principios de 2022, tendremos como regalo de Reyes la duda de si Guaidó prolongará o no su presidencia paralela, en virtud de una providencia que así lo permite, generada por el TSJ paralelo (ya estoy mareado de tanto paralelo, de pana), o si de una vez por todas, asumirá su muerte política y pasará la batuta a algún líder más serio.

Por otra parte, el 9 de enero, serán re-celebradas las elecciones de Barinas, con Jorge Arreaza como candidato único del PSUV, Sergio Garrido como candidato por la MUD y Claudio Fermín en representación de los alacranes. Nuevamente, la oposición dividida. Estará por verse según el ganador, si el oficialismo quería quemar o exaltar a Arreaza, así, como la capacidad de convocatoria de la debilitada oposición. Si el oficialismo hubiese cedido la gobernación a la oposición, se anotaría un punto desde la legitimidad, por lo que no entiendo el afán por Barinas, aunque este estado, sea un bastión por ser el lugar de nacimiento del eterno comandante. El empeño por Barinas es otra decisión que no entiendo del oficialismo, pero nuevamente digo, el gobierno debe tener sus razones, ya que no da paso en falso.

Se suma a lo anterior, que el 10 de enero se cumple la mitad de mandato del presidente y puede ser solicitada la activación del referendo revocatorio, lo que, pondría a la oposición ante la compleja decisión, de si lanzarse la aventura de aglutinarse y ganar aceleradamente capital político ante el claro rechazo popular de un 80% de la gestión de Maduro, o robustecerse y esperar las elecciones presidenciales de 2024 para darle un “sablazo” electoral. ¡Estará por verse!

Escenarios

Vemos muy poco probable un escenario de retrocesión que conduzca al gobierno a retomar las sendas dogmáticas marxistas que destruyeron económicamente al país, además de la consabida corrupción, el mal manejo administrativo y las sanciones, ya que, tras descubrir las bondades del libre mercado, se han convertido en más neoliberales que Friedman, como una manera de hacerse de dineros para mantener el status quo.

Como escenario más probable, consideramos una pensada y calma continuidad, sosteniendo la desinstitucionalización que vivimos, mayor pericia y hasta comodidad en el manejo de sanciones, ostracismo internacional estrechando aun más las relaciones económicas y políticas con los países alineados. Asimismo, prevemos un robustecimiento de las conversaciones ya iniciadas por el gobierno en Washington, para aligerar la presión de los gringos. Si en esta circunstancia, se lanza un referéndum revocatorio, sin duda sería ganado por el oficialismo, ya que la desgastada oposición, no da más de si.

También podríamos sumar al escenario anterior cierto avance no institucional, con reanudación del diálogo en México, buscando la sonrisa y simpatía de los países que adversan y aíslan a Venezuela, ya que una caricia política de los mismos significaría cierto desahogo económico, y, en consecuencia, una generación de mayor capital político a punta de “realazos”, lo que bastante requiere Maduro para ganar las elecciones presidenciales del 2024. Esto, el gobierno lo haría para hacerse nuevamente de la credibilidad política de un ya, muy harto pueblo.

Como un escenario, también muy poco probable, vemos un avance institucional con acuerdos vinculantes entre oficialismo y oposición, conciliación política nacional y convocatoria a unas elecciones presidenciales tempranas, para ratificar al oficialismo o dar espacio a la oposición. Por cierto, esta última posibilidad, aunque la consideremos casi ensoñadora, es altamente riesgosa para ambas facciones políticas.

Hablan los ciudadanos

Como comentáramos en otra entrega, en recientes encuestas, el 40% de la población no comulgaba con el oficialismo ni con la oposición. Por otra parte, un 20% de los entrevistados opositores y un 15% de los chavistas no creían en sus líderes actuales. Esto nos habla de que el 85% de los venezolanos, no quieren seguir con el gobierno actual, no quieren ver a Maduro y sus notables acólitos, así como a los líderes tradicionales de oposición, ocupando la silla de Miraflores.

Las mismas encuestas revelaban que más de un 40% de los venezolanos consideraban que de su propio seno y no de los políticos conocidos, debe emerger el nuevo liderazgo que conduzca al país. Menos del 10% de los entrevistados creen que los partidos tradicionales oficialistas u opositores, los militares u otras instituciones deben ser los responsables de decidir el destino de la patria.

Lo anterior deja entrever que la gente, de a pie, pide a gritos un nuevo liderazgo que no venga de las trincheras tradicionales.

Ojalá la oposición y el oficialismo escucharan este llamado de la población. Queda en nuestras manos pues, organizarnos como ciudadanos para suscribir un nuevo hacer político que conduzca a nuestra amada tierra de gracia a buen puerto.

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Las opiniones expresadas en esta sección son de entera responsabilidad de sus autores.

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OPINIÓN · 3 OCTUBRE, 2022 05:30

Tratar la miopía con un cambio de aire

OPINIÓN · 2 OCTUBRE, 2022 05:30

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OPINIÓN · 1 OCTUBRE, 2022 05:00

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