OPINIÓN · 17 DICIEMBRE, 2021 05:03

Clarividencia económica: Venezuela en 2022

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Oscar Doval

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Cuando le comenté a un querido amigo que estaba haciendo proyecciones del comportamiento macro y microeconómico de Venezuela para el 2022, su respuesta inmediata fue, que, en un entorno lleno de incertidumbre, eso era más difícil que matarse comiendo manzanas. Dada esa respuesta más rara, que un “perro a cuadros”, le pregunté si uno se podía morir comiendo manzanas. El pana, docto en conocimientos médicos, me explicó, que la referida fruta contenía cianuro, y para alcanzar la dosis letal de esa sustancia, uno debe comerse al menos 1000 manzanas. Demasiado complicado y caro, pensé.

No obstante, al comentario de las manzanas, decidí lanzarme la aventura de ofrecerles un resumen sobre lo que visionamos para el año entrante desde el punto de vista económico.

2021, un año raro

Tras una caída en barrena del PIB desde el 2015, que contrajo la economía nacional en un 85% tanto por la ineptitud en el manejo financiero del gobierno así como por la pandemia y las salvajes sanciones y bloqueo de los gringos, cerramos 2020, con un PIB de apenas 50 millardos de dólares y un déficit fiscal de 35%. Además, vimos una exultante inflación de 2500% una devaluación de casi 100%, además de cifras de desempleo históricas que sobrepasaban el 50%. Poco poder adquisitivo, graves problemas en los servicios básicos y escasez de combustible, pasó a ser parte de nuestro día a día.

Ante tal panorama, esperábamos un 2021 tan desastroso o peor que el 2020. Pero contra todo pronóstico, de los más avezados analistas económicos venezolanos e internacionales, así como de multilaterales de peso como el Banco Mundial y el FMI, el año 2021 nos sorprende al cierre con un discreto crecimiento económico, que podría situarse entre un 2% y 4%.

¿Cómo puede ocurrir esto en un país con tal paupérrimo entorno? Este fenómeno ha sido visto en otros países también sancionados y atravesando crisis hiperinflacionarias. En Venezuela, vivimos una sorprendente disociación entre la macroeconomía o grandes cifras que reflejan la salud económica de un país, y la microeconomía, referida al comportamiento de mercados y capacidad de consumo de la gente.

El gobierno, que ya venía coqueteando con las huestes del “maligno mercado” entre 2020 y 2021 y movido por los cada vez más mermados ingresos, decidió tomar la senda del capitalismo. No obstante, ha mantenido su tradicional retórica socialista. El oficialismo laxó y hasta cesó sus controles sobre los precios, puso a un lado las expropiaciones, fomentó un acercamiento al sector privado, liberó aranceles y permitió que el empresariado se moviera con holgura y libertad en términos de generación o importación de materia prima, transformación de ésta y comercialización de bienes y productos, erigiéndose como máxima, “la muy neoliberal ley de oferta y demanda”, muy poco socialista, por cierto.

Además, con fines de contener la inflación, restringió liquidez en bolívares a través de un encaje bancario del 85%, lo que extinguió a la banca, créditos y bolívares, favoreciendo una rápida y extensa dolarización informal de la economía en cash que hoy alcanza cerca de un 90% de las transacciones a nivel nacional.

Se sumó a lo anterior, una sorprendente disciplina fiscal que hizo que el BCV emitiera menos bolívares inorgánicos para cubrir la deuda púbica, y el gobierno nacional se dio a la tarea de contar centavito por centavito, en una política de ahorro, que este servidor jamás ha visto ni en la IV, ni en la V República.

Incluso Maduro, en varias alocuciones entre ataque y ataque al malvado imperio, destacó las bondades del flujo de dólares en efectivo que entraban al país.

Dada la ausencia de banca internacional y corresponsales bancarios en el país, esos dólares en efectivo, que ingresan a Venezuela por vía aérea o marítima, se encuentran presos en nuestro sistema monetario, salvo una que otra fuga por frontera, que los cambistas llaman “bancarización”. Lo anterior, ha generado una masa flotante que a lo largo del año ha superado la cifra de 5,5 millardos de dólares, en contraste con los escasos bolívares circulando en el país, que a duras penas llega a una cifra de 800 mil dólares, a la tasa de cambio del día.  

Esta burbuja de divisas en efectivo, en conjunto con la informalización de la economía, dada por el ingente desempleo, ha hecho que el “venezolano de a pie” haya entrado en una suerte de economía del rebusque, en virtud de la cual, un sinnúmero de iniciativas, microemprendimientos y el libre ejercicio de toda suerte de oficios y profesiones, hayan incrementado sustancialmente los ingresos en dólares de la gente, lo que le permite mejorar su calidad de vida.

En virtud de lo señalado, además del discreto crecimiento del PIB referido, las ventas y el consumo a nivel nacional, aumentaron en promedio un significativo 30% y esperamos al cierre del año una tasa de inflación de 750% a 800%, muy por debajo de la reportada el año pasado.

¿Y el 2022?

 El gobierno ha podido hacerse de mayores ingresos producto de las remesas y de las muchas o pocas exportaciones petroleras, auríferas, de chatarra y cuanto perol más existe por ahí, para venderlo a precio de remate a países alineados, como Rusia, China, Turquía, Irán y otros tantos más (algunos bastante capitalistas, por cierto).

Curiosamente, la mayoría de los analistas auguran un 2022 con un crecimiento económico que podría llegar en cifras macros a un 10%, así como una tasa de hiperinflación y devaluación totalmente corregida, ante la ya inminente dolarización del 100% del quehacer económico nacional A lo anterior, se suma un nuevo repunte en el consumo con crecimientos que podrían superar al observado durante este año.

Para no pecar de optimistas, nos paseamos por 3 escenarios posibles:

Una retrocesión económica, con regreso a las expropiaciones, controles de precios, y la resurrección de una gestión económica al mejor estilo de Giordani, quien destrozó la economía patria, aplicando anacrónicas tesis marxistas. Este escenario lo consideramos, muy, pero muy poco probable, dado que, al Ejecutivo oficialista, “le cayó la locha”. Aprendió, que mientras menos se meta e intervenga en las finanzas del país, y permita mayores libertades económicas, tiene garantizado un mayor capital político y su persistencia en el poder. Esto debido, a que los venezolanos, muy poco a poco, va conquistando un mejor nivel de vida, en comparación con los años de hambruna que se vivieron entre 2017 y 2019, en pleno apogeo de la hiperinflación.

Un segundo escenario sería de continuidad, encontrando en ella una conducta económica nacional similar a la del presente año. En este escenario, se mantendría una producción y exportación petrolera, en torno a los 700 mil barriles diarios, que hoy en día se ha logrado estabilizar, así como los precios internacionales del crudo oscilando entre 60 y 80 dólares por barril.  También debemos contabilizar el ingreso por las otras exportaciones referidas, y las remesas de 4 millardos de dólares, que garantizarían al país, en su balanza de pagos, ingresos por 14 a 16 millardos de dólares a lo largo del año. Asimismo, se suma a lo anterior, un mejor manejo de las sanciones financieras y bloqueo comercial, con buena asesoría de los iraníes, expertos en la materia.

En este escenario, que lo vemos altamente probable, esperaríamos para el 2022 un crecimiento modesto del PIB que podría situarse en un 5%, así como una decreciente devaluación e inflación, si se mantiene la disciplina fiscal y una tan extensa dolarización de la economía como la que hoy vivimos, el aluvión de dólares en efectivo creciente, atrapados dentro de las fronteras patrias, y que, pasando de mano en mano, podrían propiciar un incremento de consumo entre 20% a 30%, respecto a 2021.

Un escenario de avance económico al que adjudicamos una probabilidad apreciable pero no tan alta como al escenario de continuidad, ocurriría si se logra la atracción de inversión extranjera pública y privada, a través de la implantación exitosa de la Ley de Zonas Económicas Especiales, así como erigiendo la Ley Antibloqueo como una nueva Ley de Inversión Extranjera. Ambas llenas de beneficios fiscales y con promesas de retornos respecto a la tasa de riesgo país, realmente irrenunciables para los inversionistas. A lo anterior, sumariamos una dolarización completa de la economía, a través del uso de nuestra principal divisa de referencia o del bolívar digital, anclado absolutamente al precio del dólar, lo que es una manera de hacerse de una dolarización de facto, ajustada a la retórica, a todas luces demagógica, de defensa de nuestra soberanía monetaria.

En este último escenario, esperaríamos una significativa activación del aparato productivo venezolano, con nuevas fuentes de empleo, incremento de la producción petrolera y un crecimiento del PIB sobre los 10 puntos porcentuales, así como un crecimiento comercial y de consumo superior al 50%, y una extinción definitiva de la hiperinflación y la devaluación.

Sin duda requerirá un manejo mucho más curado de las sanciones, ayudados con una escondida patadita de los propios gringos, ante un exitoso lobby y acuerdos del gobierno con Washington, derivados de las conversaciones que recientemente se iniciaron.

Cualquiera de los escenarios planteados de continuidad y progreso, no sólo benefician al gobierno sino a todos nosotros los ciudadanos de a pie. Pero dejan entrever, que no habría cambios políticos de ningún tipo en el horizonte.

La próxima entrega, haremos un acto de cartomancia, respecto a los escenarios políticos que visionamos para 2022. ¡Que Dios nos acompañe!

***

Las opiniones expresadas en esta sección son de entera responsabilidad de sus autores.

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