OPINIÓN · 4 AGOSTO, 2021 05:42

Saltos Olímpicos

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Susana Reina | @feminismoinc

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5
QUÉ CHÉVERE
QUÉ INDIGNANTE
QUÉ CHIMBO

El deporte es un poderoso vehículo de transformación social. En el marco de unas olimpíadas mundiales la repercusión que tienen las actuaciones por parte de los y las atletas es enorme. Vivimos en carne propia las emociones generadas con solo mirar a quienes participan de estas gestas y celebramos o lloramos con intensidad cada competencia, cada resultado, cada hazaña o derrota. Los acontecimientos que allí se suscitan, amplificados e intensificados por el poder de las redes sociales, pueden cambiar nuestra comprensión del mundo y de la forma cómo vivimos en él. 

Particularmente en estas olimpíadas pandémicas Tokio 2020, en solo la primera semana desde su inauguración, han ocurrido situaciones que retan nuestra tradicional manera de entender las desigualdades entre mujeres y hombres, que bien valen la pena revisar porque son señaladoras de los muchos cambios sociales que, gracias al feminismo, se vienen registrando en éste y todos los ámbitos de convivencia humana.
Veamos algunos de estos hitos

Las noruegas cambian el uniforme de un bikini incómodo a un short parecido al que usan los hombres en la misma especialidad de balonmano de playa. Son multadas por alterar las reglas y obligadas a usar la prenda autorizada. La cantante norteamericana Pink asume pagar el monto de la deuda y aboga por el derecho de las mujeres a poder elegir. La delegación alemana, en la disciplina de gimnasia, cambia las mallas de corte alto por pantalones de licra, para dejar claro que lo importante de la ejecución deportiva es el talento más que la estética corporal.
Las feministas sabemos que la historia de la vestimenta de las mujeres es, en gran parte, la historia del control del cuerpo para disfrute de los hombres. Por ello cualquier manifestación que defienda el derecho a que cada mujer elija lo que quiere para sí en sus propios términos, constituye un acto revolucionario y nada banal en esta lucha contra la desigualdad.

No por casualidad, un número creciente de atletas de élite, incluidas Simone Biles y ex deportistas olímpicas, han optado por cerrar nuevos tipos de contratos con empresas más pequeñas (cuyas dueñas son mujeres) en lugar de patrocinadores tradicionales como Nike o Adidas. Varias corredoras jóvenes dicen que estas nuevas marcas de ropa deportiva están dispuestas a trabajar con ellas de diferentes maneras, como por ejemplo incorporarlas como empleadas, darles equidad o brindarles más atención a sus historias personales. En pocas palabras, tratarlas como gente.

Es bueno recordar la denuncia por discriminación que hizo la atleta Allyson Félix hace unos meses, debido a las políticas salariales de Nike para las deportistas embarazadas, que equiparaban la maternidad con una lesión. Las grandes marcas están siendo llevadas a escrutinio y a replantearse sus políticas, servicios y productos de manera que tomen en cuenta las expectativas y necesidades de las jugadoras en un sector históricamente hiper masculinizado.

Otro ejemplo de cómo opera este intento de control sobre la imagen de las mujeres fue la situación vivida por An San, surcoreana y ganadora de tres medallas en estas mismas olimpíadas por Tiro con Arco. Una oleada de comentarios machistas de sus connacionales sobre su pelo corto inundó las redes, pidiendo que devolviera las medallas por tener “gestos feministas”. Miles de mujeres con cabello corto postearon sus fotos en apoyo a An, logrando hacerse viral el machismo absurdo de un país que es potencia económica, pero subdesarrollado en defensa de los derechos humanos de sus mujeres.


Más diferencias

Además del acostumbrado trato negativo al género, que lleva a muchos medios tradicionales a publicar titulares que destacan de forma sexista y estereotipada los desempeños deportivos de mujeres vs hombres con un abordaje abiertamente diferenciado y que daría tela como para un solo artículo, identifico más casos de trato desigual en el medio olímpico:

Las gimnastas femeninas deben realizar sus rutinas de piso con música, los hombres no lo tienen permitido. Leo en CNN que esto se explica porque al incorporarse las mujeres a esta disciplina (30 años después que los hombres) se esperaba que la gimnasia femenina destacara la gracia y la feminidad, y que las rutinas de gimnasia masculina resaltaran la fuerza. El caso es que esta regla sigue intacta y el Comité Olímpico Internacional como que lo quiere seguir reforzando: “Los jueces otorgan puntos a las gimnastas por su arte, musicalidad y coreografía, mientras que a los hombres se les califica principalmente por sus habilidades acrobáticas”. Qué parecido esto a la forma como se evalúa desempeño en las empresas y qué importante ponerles perspectiva feminista a cosas que antes nos parecían naturales o que sencillamente ni notábamos.

Y para cerrar esta nota, no puedo dejar pasar por alto la decisión de la gimnasta Simone Biles de retirarse de la competencia olímpica al poner de prioridad su salud mental, tal y como hizo Naomi Osaka en días pasados en Francia. En reacción, el tenista serbio Djokovic la critica haciendo alarde de la forma como él sí sabe lidiar con la presión. Horas después, frustrado por perder, en pleno juego revienta su raqueta contra la red y lanza otra a las gradas (sin ser penalizado por el juez de línea). Finalmente declara: “No me gusta hacer esas cosas, lo siento por enviar ese tipo de mensajes. Pero al fin y al cabo somos seres humanos y a veces es difícil controlarse”. Qué bueno que admite que no es de acero y que las emociones nos constituyen. Buen valor feminista que espero más hombres abracen y practiquen.


Saltos a lo Yulimar

En estas olimpíadas y con estos pocos ejemplos, es notable el cambio en la manera como se está redefiniendo el éxito y los términos en los cuales hemos aceptado las normas establecidas, bajo la consigna de la presión extrema y el uso de tácticas agresivas, que describen muy bien el estilo masculino prescrito, copado por reglas de dominación y poder.

El impacto que estos hechos puede tener en las nuevas generaciones -extrapolando mundo deportivo a mundo personal, familiar, organizacional- podría equivaler a varios de los saltos que nuestra admirable atleta venezolana Yulimar Rojas consiguió para el mundo.

Rompamos récords de prevención de machismo olímpico señalando, denunciando, moviendo conciencias y haciendo evidentes prácticas que son reflejo de un desigual trato entre hombres y mujeres. Pasa en el deporte y pasa en la vida.

***

Las opiniones expresadas en esta sección son de entera responsabilidad de sus autores.

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Particularmente en estas olimpíadas pandémicas Tokio 2020, en solo la primera semana desde su inauguración, han ocurrido situaciones que retan nuestra tradicional manera de entender las desigualdades entre mujeres y hombres, que bien valen la pena revisar porque son señaladoras de los muchos cambios sociales que, gracias al feminismo, se vienen registrando en éste y todos los ámbitos de convivencia humana.
Veamos algunos de estos hitos

Las noruegas cambian el uniforme de un bikini incómodo a un short parecido al que usan los hombres en la misma especialidad de balonmano de playa. Son multadas por alterar las reglas y obligadas a usar la prenda autorizada. La cantante norteamericana Pink asume pagar el monto de la deuda y aboga por el derecho de las mujeres a poder elegir. La delegación alemana, en la disciplina de gimnasia, cambia las mallas de corte alto por pantalones de licra, para dejar claro que lo importante de la ejecución deportiva es el talento más que la estética corporal.
Las feministas sabemos que la historia de la vestimenta de las mujeres es, en gran parte, la historia del control del cuerpo para disfrute de los hombres. Por ello cualquier manifestación que defienda el derecho a que cada mujer elija lo que quiere para sí en sus propios términos, constituye un acto revolucionario y nada banal en esta lucha contra la desigualdad.

No por casualidad, un número creciente de atletas de élite, incluidas Simone Biles y ex deportistas olímpicas, han optado por cerrar nuevos tipos de contratos con empresas más pequeñas (cuyas dueñas son mujeres) en lugar de patrocinadores tradicionales como Nike o Adidas. Varias corredoras jóvenes dicen que estas nuevas marcas de ropa deportiva están dispuestas a trabajar con ellas de diferentes maneras, como por ejemplo incorporarlas como empleadas, darles equidad o brindarles más atención a sus historias personales. En pocas palabras, tratarlas como gente.

Es bueno recordar la denuncia por discriminación que hizo la atleta Allyson Félix hace unos meses, debido a las políticas salariales de Nike para las deportistas embarazadas, que equiparaban la maternidad con una lesión. Las grandes marcas están siendo llevadas a escrutinio y a replantearse sus políticas, servicios y productos de manera que tomen en cuenta las expectativas y necesidades de las jugadoras en un sector históricamente hiper masculinizado.

Otro ejemplo de cómo opera este intento de control sobre la imagen de las mujeres fue la situación vivida por An San, surcoreana y ganadora de tres medallas en estas mismas olimpíadas por Tiro con Arco. Una oleada de comentarios machistas de sus connacionales sobre su pelo corto inundó las redes, pidiendo que devolviera las medallas por tener “gestos feministas”. Miles de mujeres con cabello corto postearon sus fotos en apoyo a An, logrando hacerse viral el machismo absurdo de un país que es potencia económica, pero subdesarrollado en defensa de los derechos humanos de sus mujeres.


Más diferencias

Además del acostumbrado trato negativo al género, que lleva a muchos medios tradicionales a publicar titulares que destacan de forma sexista y estereotipada los desempeños deportivos de mujeres vs hombres con un abordaje abiertamente diferenciado y que daría tela como para un solo artículo, identifico más casos de trato desigual en el medio olímpico:

Las gimnastas femeninas deben realizar sus rutinas de piso con música, los hombres no lo tienen permitido. Leo en CNN que esto se explica porque al incorporarse las mujeres a esta disciplina (30 años después que los hombres) se esperaba que la gimnasia femenina destacara la gracia y la feminidad, y que las rutinas de gimnasia masculina resaltaran la fuerza. El caso es que esta regla sigue intacta y el Comité Olímpico Internacional como que lo quiere seguir reforzando: “Los jueces otorgan puntos a las gimnastas por su arte, musicalidad y coreografía, mientras que a los hombres se les califica principalmente por sus habilidades acrobáticas”. Qué parecido esto a la forma como se evalúa desempeño en las empresas y qué importante ponerles perspectiva feminista a cosas que antes nos parecían naturales o que sencillamente ni notábamos.

Y para cerrar esta nota, no puedo dejar pasar por alto la decisión de la gimnasta Simone Biles de retirarse de la competencia olímpica al poner de prioridad su salud mental, tal y como hizo Naomi Osaka en días pasados en Francia. En reacción, el tenista serbio Djokovic la critica haciendo alarde de la forma como él sí sabe lidiar con la presión. Horas después, frustrado por perder, en pleno juego revienta su raqueta contra la red y lanza otra a las gradas (sin ser penalizado por el juez de línea). Finalmente declara: “No me gusta hacer esas cosas, lo siento por enviar ese tipo de mensajes. Pero al fin y al cabo somos seres humanos y a veces es difícil controlarse”. Qué bueno que admite que no es de acero y que las emociones nos constituyen. Buen valor feminista que espero más hombres abracen y practiquen.


Saltos a lo Yulimar

En estas olimpíadas y con estos pocos ejemplos, es notable el cambio en la manera como se está redefiniendo el éxito y los términos en los cuales hemos aceptado las normas establecidas, bajo la consigna de la presión extrema y el uso de tácticas agresivas, que describen muy bien el estilo masculino prescrito, copado por reglas de dominación y poder.

El impacto que estos hechos puede tener en las nuevas generaciones -extrapolando mundo deportivo a mundo personal, familiar, organizacional- podría equivaler a varios de los saltos que nuestra admirable atleta venezolana Yulimar Rojas consiguió para el mundo.

Rompamos récords de prevención de machismo olímpico señalando, denunciando, moviendo conciencias y haciendo evidentes prácticas que son reflejo de un desigual trato entre hombres y mujeres. Pasa en el deporte y pasa en la vida.

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