Reconversión y dolarización, un año después - Efecto Cocuyo

OPINIÓN · 20 AGOSTO, 2019 05:22

Reconversión y dolarización, un año después

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Ronald Balza Guanipa

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Ha pasado un año desde la segunda reconversión en una década. Fue presentada como parte del Plan de Recuperación Económica, Crecimiento y Prosperidad de Nicolás Maduro que produciría, según él, un “equilibrio revaluador”. Para entonces ya se discutían las ventajas y desventajas de una dolarización oficial para contener la hiperinflación y recuperar la economía y las condiciones de vida de los venezolanos. Sobre estos tres puntos publiqué mis comentarios en Prodavinci.

Un año después, la situación es peor. Era previsible. No se presentó el presupuesto, se retrasó la divulgación de la nueva normativa cambiaria, no se publicaron regularmente las cifras oficiales del BCV (con la excepción de la divulgación de un conjunto incompleto de datos muy agregados en mayo de 2019). Con el paso de los meses, el mismo Maduro dejó de hablar del Petro, el salario mínimo y su plan de ahorro en oro. Imponer sobre los bancos un encaje legal  ordinario de 57% y marginal del 100% desde el 29 de enero de 2019 no fue anunciado en el plan original, cuya divulgación a cuenta gotas nunca fue acompañada por un documento escrito que lo respaldara.

Atribuir el empeoramiento de la situación económica a las sanciones ha sido frecuente entre los partidarios de Maduro. Sin embargo, no pueden presentar ningún presupuesto que explique cómo el Plan hubiera distribuido recursos para lograr sus objetivos y de qué modo las sanciones lo impidieron, como tampoco pueden identificar el destino de los recursos recibidos durante la anterior bonanza petrolera y mediante endeudamiento externo. La misma reconversión monetaria sirve de ejemplo de un programa pésimamente ejecutado, que para nada fue perjudicado por las llamadas sanciones “económicas”.

En medio de una hiperinflación era evidente que una reconversión tendría efectos muy provisionales. Eliminar ceros podía facilitar transacciones electrónicas, pero no tendría efectos duraderos sobre el poder de compra de billetes y monedas. Por eso no  tenía sentido acuñar monedas (como se hizo), ni encargar billetes de alta calidad (como se hizo) ni fijar un tope al billete de mayor denominación (que se fijó en Bs. 500) sin hacer pública una regla de actualización del nuevo cono monetario. No se publicó cuánto gastó el BCV en billetes, pero la reconversión fue más costosa de lo que pudo ser, porque las piezas de efectivo que circularon fueron más que las que hicieron falta y cada una más cara de lo que debía ser una pieza evidentemente desechable.

La escasez de efectivo fue una de las  consecuencias obvias de mantener como billete de mayor denominación el de Bs. 500. La respuesta tardía del BCV fue emitir billetes de Bs. 10.000, 20.000 y 50.000 sin denominaciones intermedias, lo cual dificulta el uso del efectivo disponible. En un país con fallas eléctricas y de internet y con muy bajos límites para tarjetas de crédito, una consecuencia fue el uso cada vez más visible de dólares o pesos en efectivo como medios de pago.

Es difícil estimar el monto y origen de las divisas que circulan actualmente en el país. Para provenir de remesas o comercio, ilegal o no, los billetes deberían cruzar la frontera y no hay registros de la cantidad. Es más probable que una proporción importante provenga de ahorros de residentes que comenzaron a usarlos como medio de pago. Una vez en circulación, los dólares pasan de unas manos a otras, facilitando las transacciones que no serían posibles por falta de bolívares en efectivo o por transferencias.

Reconversión sin disciplina fiscal

Sin embargo, la evidencia “casual” del pago en dólares no basta para afirmar que todas las transacciones en el país se han dolarizado, como suele afirmarse. Es conveniente recordar que la hiperinflación fue consecuencia de una emisión acelerada de bolívares, que aún se encuentran en circulación a pesar de todas las complicaciones conocidas. Los bolívares no sirven para ahorrar, pero sí para hacer transacciones. Su velocidad de circulación puede ser mayor que la de los dólares, cuyo poder de compra se preserva mejor en el tiempo.

Sugerir una dolarización oficial en este momento implicaría deshacerse de un medio de pago sin el cual muchas transacciones no podrían realizarse. Es preferible reconocer como una solución la cocirculación de monedas, y promover la creación de condiciones para un sistema cambiario estable y capaz de responder a las variaciones entre los tipos de cambio de las monedas de los países más fuertes, como China y Estados Unidos.

Un año después de la reconversión el resultado es descorazonador, porque era completamente previsible la pérdida de tiempo y de recursos en ausencia de un conjunto de políticas muchas veces recomendado. Nicolás Maduro prometió una “disciplina fiscal prusiana”, pero no presentó un presupuesto público y verificable. El próximo 15 de octubre la Asamblea Nacional debería haber recibido del Ejecutivo un proyecto de ley de presupuesto, pero parece imposible que esto ocurra. En consecuencia, con o sin sanciones, la contracción del producto y la dificultad para invertir e innovar continuarán agravándose. En este contexto, los problemas que resolvería una nueva reconversión serían prácticamente irrelevantes.

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Las opiniones expresadas en esta sección son de entera responsabilidad de sus autores

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