OPINIÓN · 16 FEBRERO, 2018 12:50

Maduro abolió por completo el proyecto original de Chávez

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Javier Antonio Vivas Santana | @jvivassantana

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Para mí el chavismo murió con la muerte de Chávez. Lo que existe es una disidencia chavista. Ni siquiera tenemos textos escritos con fundamentación epistemológica que nos expliquen sobre lo que fue el chavismo. Ya algunos saldrán a hablar que si el “plan de la patria” o tal o cual documento. El marxismo tiene El Capital y Adam Smith escribió sobre el liberalismo económico ¿Quién puede hablar qué es el chavismo? Sobre esto he dicho que lo único que nos deja el chavismo es un movimiento de masas con arraigo popular y mucho sentido nacionalista que lamentablemente se diluyó con el fallecimiento del líder. El eminente profesor y amigo Heinz Dieterich escribió sobre El socialismo del siglo XXI, pero también nos ha dicho que Maduro abolió por completo el proyecto original de Chávez.

A partir de allí, surgió el madurismo como forma neototalitaria por controlar y mantener el poder, y de eso hemos venido escribiendo bastante. Maduro y su claque aplicaron todas las perversiones posibles en la destrucción de un Estado y su constitución. La sujeción del pensamiento único se está intentando instaurar en las escuelas y liceos. Los sectores populares están muy empobrecidos y cruelmente maltratados por la crisis. El madurismo sólo utiliza la imagen de Chávez como forma de propaganda política, pero en la praxis hace todo lo contrario al pensamiento del líder.

El madurismo obliga a la población y empleados públicos para que asistan a sus concentraciones. Chávez era un aluvión por donde pasaba. Sólo bastaba decir que estaría en determinado sitio para ver la manera espontánea en que se desplazaba un pueblo, incluso más allá de las fronteras venezolanas. El madurismo ha aplicado un perverso programa económico que ha hecho vivir a los venezolanos una hiperinflación terrible en el plano social. Chávez teniendo el barril del petróleo en 7 dólares cuando llegó al poder, o ser objeto de un golpe de Estado, una auténtica guerra económica y paro petrolero entre 2002 y 2003, los venezolanos no vivimos una crisis de esta magnitud, sino por el contrario se vivieron picos de prosperidad y reducción de la pobreza entre 2005 y 2012.

La mayoría del pueblo rechaza a Maduro, y la mejor prueba de ello es ver a los sectores más humildes huyendo de la dictadura que agobia a Venezuela por el norte, el sur, el este o el oeste. Sólo habría que echarle un vistazo a la frontera con Brasil, Colombia o islas vecinas para ver que las personas que emigran no son precisamente oligarcas ni millonarios, es el pueblo pobre que ha sido totalmente destruido por quien se autodenomina “hijo de Chávez”.

Hace unos días escribí en Venezuela desde el portal Aporrea un artículo al cual titulé: ¡Maduro saldrá en menos de 10 días del poder! Ese texto generó un debate inmenso en el país y conmocionó a la clase política madurista.

Coincidencialmente, al otro día fueron tomados por la guardia nacional todas las grandes, medianas y pequeñas cadenas de centro comerciales, supermercados y mercados populares. Tal vez muchos lo comprendieron como si textualmente estaba pronosticando la salida de Maduro de Miraflores en ese periodo de tiempo, pero el centro de esos 10 días se inicia en el momento en que se desencadene de manera espontánea, una gran protesta nacional de todos los sectores de la población por la terrible crisis que vivimos.

El adelanto de las elecciones responde ante lo que está por venir, y el madurismo lo sabe. Esa es la razón por la cual intentan posicionarse ilegítimamente del poder. La verdad es que cuando llegue ese día de protesta nacional originado por los sectores populares, Maduro no resistirá más allá de 10 días con el control político, aunque sea un día después de cualquier elección fraudulenta, porque tendría que masacrar a un pueblo, y nuestra fuerza armada, esa que está apartada de la cúpula militar controlada por Vladimir Padrino, (quien tiene a su familia viviendo en el exterior), es decir, el pueblo uniformado, como decía Chávez, esa oficialidad y tropa es la que vive en el corazón de los sentimientos de la gente.

Se avecinan días de mucha trascendencia para Venezuela, pero sobre todo la incertidumbre y quiebra económica atentan contra Maduro. No habrá bono que valga, ni “carnet de la patria” que le apoye cuando absolutamente nada pueda comprarse con el pulverizado bolívar, y ese día está cada vez más cerca.

Para salir de la crisis se requiere, una vez que Maduro haya abandonado el poder, la construcción de un gobierno de unidad. Tenemos una excelente Constitución y un marco jurídico que debe ser reformado. Hay que crear un plan económico serio y creíble, como por ejemplo similar al Plan Real que aplicó Cardozo durante su presidencia en Brasil y ampliado con las políticas que posteriormente generó Lula Da Silva en Brasil.

Venezuela debe recuperar su industria petrolera, reencontrar cauces en su alicaída agrouindustria, y abrirse al capital nacional e internacional con reglas claras que respeten los derechos no sólo empresariales, sino laborales y sociales vapuleados por este gobierno de Maduro que se hace llamar “socialista. Sólo así podremos salir de este trance hacia el corto, mediano y largo plazo.

En consecuencia, una cosa es ser nacionalista y otra vivir con una xenofobia política contra los Estados Unidos. Y esa ha sido la política madurista, e incluso que tuvo Chávez mientras estuvo en el poder. El madurismo es hipócrita cuando nos habla de soberanía pero entrega nuestros espacios petroleros y de explotación minera a las transnacionales rusas, chinas, canadienses u otras, sin el mínimo respeto sobre las normas ambientales y laborales, y peor aún, permitir el acceso de cubanos en áreas estratégicas de control político y militar en el país.

Donald Trump no es precisamente el mejor presidente que haya tenido la nación estadounidense, y es probable que sea el tipo más soberbio y egocéntrico que ha pasado por la Casa Blanca, razón por la cual, el madurismo subestima que exista una posible intervención contra Venezuela, ignorando que la materia geopolítica no puede tratarse como si quienes no comparten mis ideas en el plano internacional fueran un albañal de desechos sólidos.

Es mentira que China o Rusia van a declararle la guerra a Estados Unidos, si este decidiese de manera remota y unilateralmente invadir nuestro país, con todo y el derecho a veto que tienen esas naciones en caso de que el tema llegara al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Como venezolano rechazaría cualquier intervención de potencia extranjera sobre Venezuela, pero también debo rechazar que bajo ese argumento, Maduro destruya a la nación e imponga un régimen neototalitario y empobrecedor. Es tácito. Ni una cosa ni la otra, pero los venezolanos no seremos responsables, sí mañana la torpe conducción del país genera un conflicto extraterritorial, al desafiar a todos los vecinos y convertirse en una permanente confrontación política que sólo genera problemas de desarrollo social, en especial con las naciones que rodean a Venezuela.

Por ahora, considero que el gobierno de Trump le está haciendo advertencias a Maduro para que regrese al camino de las normas constitucionales, pero además abandone esa diplomacia jíride que le ha caracterizado en los últimos años. ¿Volverá Maduro al carril de la democracia? Realmente lo dudo. Por ello, sólo esperamos que cuando se inicien los últimos días del madurismo en el poder, la sangre no llegue al río. A propósito de ser ciego. Quien tenga ojos que vea.

***

Las opiniones expresadas en esta sección son de la entera responsabilidad de sus autores. 

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A partir de allí, surgió el madurismo como forma neototalitaria por controlar y mantener el poder, y de eso hemos venido escribiendo bastante. Maduro y su claque aplicaron todas las perversiones posibles en la destrucción de un Estado y su constitución. La sujeción del pensamiento único se está intentando instaurar en las escuelas y liceos. Los sectores populares están muy empobrecidos y cruelmente maltratados por la crisis. El madurismo sólo utiliza la imagen de Chávez como forma de propaganda política, pero en la praxis hace todo lo contrario al pensamiento del líder.

El madurismo obliga a la población y empleados públicos para que asistan a sus concentraciones. Chávez era un aluvión por donde pasaba. Sólo bastaba decir que estaría en determinado sitio para ver la manera espontánea en que se desplazaba un pueblo, incluso más allá de las fronteras venezolanas. El madurismo ha aplicado un perverso programa económico que ha hecho vivir a los venezolanos una hiperinflación terrible en el plano social. Chávez teniendo el barril del petróleo en 7 dólares cuando llegó al poder, o ser objeto de un golpe de Estado, una auténtica guerra económica y paro petrolero entre 2002 y 2003, los venezolanos no vivimos una crisis de esta magnitud, sino por el contrario se vivieron picos de prosperidad y reducción de la pobreza entre 2005 y 2012.

La mayoría del pueblo rechaza a Maduro, y la mejor prueba de ello es ver a los sectores más humildes huyendo de la dictadura que agobia a Venezuela por el norte, el sur, el este o el oeste. Sólo habría que echarle un vistazo a la frontera con Brasil, Colombia o islas vecinas para ver que las personas que emigran no son precisamente oligarcas ni millonarios, es el pueblo pobre que ha sido totalmente destruido por quien se autodenomina “hijo de Chávez”.

Hace unos días escribí en Venezuela desde el portal Aporrea un artículo al cual titulé: ¡Maduro saldrá en menos de 10 días del poder! Ese texto generó un debate inmenso en el país y conmocionó a la clase política madurista.

Coincidencialmente, al otro día fueron tomados por la guardia nacional todas las grandes, medianas y pequeñas cadenas de centro comerciales, supermercados y mercados populares. Tal vez muchos lo comprendieron como si textualmente estaba pronosticando la salida de Maduro de Miraflores en ese periodo de tiempo, pero el centro de esos 10 días se inicia en el momento en que se desencadene de manera espontánea, una gran protesta nacional de todos los sectores de la población por la terrible crisis que vivimos.

El adelanto de las elecciones responde ante lo que está por venir, y el madurismo lo sabe. Esa es la razón por la cual intentan posicionarse ilegítimamente del poder. La verdad es que cuando llegue ese día de protesta nacional originado por los sectores populares, Maduro no resistirá más allá de 10 días con el control político, aunque sea un día después de cualquier elección fraudulenta, porque tendría que masacrar a un pueblo, y nuestra fuerza armada, esa que está apartada de la cúpula militar controlada por Vladimir Padrino, (quien tiene a su familia viviendo en el exterior), es decir, el pueblo uniformado, como decía Chávez, esa oficialidad y tropa es la que vive en el corazón de los sentimientos de la gente.

Se avecinan días de mucha trascendencia para Venezuela, pero sobre todo la incertidumbre y quiebra económica atentan contra Maduro. No habrá bono que valga, ni “carnet de la patria” que le apoye cuando absolutamente nada pueda comprarse con el pulverizado bolívar, y ese día está cada vez más cerca.

Para salir de la crisis se requiere, una vez que Maduro haya abandonado el poder, la construcción de un gobierno de unidad. Tenemos una excelente Constitución y un marco jurídico que debe ser reformado. Hay que crear un plan económico serio y creíble, como por ejemplo similar al Plan Real que aplicó Cardozo durante su presidencia en Brasil y ampliado con las políticas que posteriormente generó Lula Da Silva en Brasil.

Venezuela debe recuperar su industria petrolera, reencontrar cauces en su alicaída agrouindustria, y abrirse al capital nacional e internacional con reglas claras que respeten los derechos no sólo empresariales, sino laborales y sociales vapuleados por este gobierno de Maduro que se hace llamar “socialista. Sólo así podremos salir de este trance hacia el corto, mediano y largo plazo.

En consecuencia, una cosa es ser nacionalista y otra vivir con una xenofobia política contra los Estados Unidos. Y esa ha sido la política madurista, e incluso que tuvo Chávez mientras estuvo en el poder. El madurismo es hipócrita cuando nos habla de soberanía pero entrega nuestros espacios petroleros y de explotación minera a las transnacionales rusas, chinas, canadienses u otras, sin el mínimo respeto sobre las normas ambientales y laborales, y peor aún, permitir el acceso de cubanos en áreas estratégicas de control político y militar en el país.

Donald Trump no es precisamente el mejor presidente que haya tenido la nación estadounidense, y es probable que sea el tipo más soberbio y egocéntrico que ha pasado por la Casa Blanca, razón por la cual, el madurismo subestima que exista una posible intervención contra Venezuela, ignorando que la materia geopolítica no puede tratarse como si quienes no comparten mis ideas en el plano internacional fueran un albañal de desechos sólidos.

Es mentira que China o Rusia van a declararle la guerra a Estados Unidos, si este decidiese de manera remota y unilateralmente invadir nuestro país, con todo y el derecho a veto que tienen esas naciones en caso de que el tema llegara al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Como venezolano rechazaría cualquier intervención de potencia extranjera sobre Venezuela, pero también debo rechazar que bajo ese argumento, Maduro destruya a la nación e imponga un régimen neototalitario y empobrecedor. Es tácito. Ni una cosa ni la otra, pero los venezolanos no seremos responsables, sí mañana la torpe conducción del país genera un conflicto extraterritorial, al desafiar a todos los vecinos y convertirse en una permanente confrontación política que sólo genera problemas de desarrollo social, en especial con las naciones que rodean a Venezuela.

Por ahora, considero que el gobierno de Trump le está haciendo advertencias a Maduro para que regrese al camino de las normas constitucionales, pero además abandone esa diplomacia jíride que le ha caracterizado en los últimos años. ¿Volverá Maduro al carril de la democracia? Realmente lo dudo. Por ello, sólo esperamos que cuando se inicien los últimos días del madurismo en el poder, la sangre no llegue al río. A propósito de ser ciego. Quien tenga ojos que vea.

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