OPINIÓN · 6 SEPTIEMBRE, 2021 05:30

Armando la historia de los cubos de Heisenberg

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Paulino Betancourt Figueroa | @p_betanco

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El misterioso cubo llegó un caluroso día de agosto de 2013. Koeth estaba saliendo cuando recibió una llamada telefónica, la voz al otro lado dijo: “Necesito conocerlo lo antes posible”. El físico Timothy Koeth había accedido a ir manejando hasta un estacionamiento cercano para una entrega no especificada. Veinte minutos después, se encontró mirando dentro de un bolso de tela azul en la maleta de un carro, el cubo de color gris estaba envuelto en hojas de papel blanco, como si se tratara de una nota de rescate. Allí estaba el pequeño trozo de uranio, de unos 5 centímetros de ancho y poco menos de 2,5 kilos. En el papel había un mensaje: “Tomado del reactor que Hitler intentó construir. Obsequio de Nininger”.

Koeth, un coleccionista de reliquias radiactivas, quedó absorto y dijo “sé qué es esto”. Miró alrededor, y preguntó: “¿Sabes qué es?”. Y el extraño respondió: ¡Creo que sí! Koeth los había visto en viejas fotos de los libros de historia nuclear, eran cubos de Heisenberg. Durante la Segunda Guerra Mundial, los científicos alemanes habían intentado construir un reactor nuclear, hasta que sus cubos de uranio, más de 600 de ellos, fueron confiscados por las fuerzas aliadas y desaparecieron.

Inmediatamente, Koeth pensó que el cubo podría ser de ese grupo, pero quería confirmar la corazonada. Preguntándose, ¿cómo acabó un trozo de uranio en un estacionamiento? ¿Cuántos cubos quedan? ¿Quién es Nininger? Decidido a responder a estas inquietudes, él y su estudiante de posgrado, Miriam Hiebert, empezaron por estudiar el cubo en la maleta del vehículo. La primera pista sobre la herencia del cubo fue su superficie. Salpicada de burbujas, propio de las técnicas primitivas de procesamiento de uranio utilizadas en ese momento.

Semanas después, estando en un mercadito de pulgas y mirando una caja de viejos libros de ciencia, Koeth encontró uno llamado Minerales para la Energía Atómica de Robert Nininger. Resulta que Robert Nininger estaba a cargo de parte del inventario del Proyecto Manhattan. Su viuda confirmó que una vez tuvo un cubo de uranio y se lo dio a un amigo. Posiblemente, él o uno de sus colegas repartieran algunos de los cubos como suvenires. A nosotros nos parece una locura, pero para los físicos de la década de 1940, no habría sido tan alarmante.

Koeth y Hiebert pudieron verificar que Nininger tenía un cubo que mantuvo en su poder hasta que murió. De hecho, hay otros cubos por ahí. Uno fue donado a Harvard por un físico que trabajó en la misión original para recuperar el uranio. El Smithsonian tiene otro que se encontró en la parte posterior de un cajón en Nueva Jersey. Además del recuperado en un riachuelo de Alemania. Según los informes, este último fue arrojado por el famoso físico Werner Heisenberg, mientras huía de las fuerzas aliadas que se acercaban. Todavía hay alrededor de 650 cubos desaparecidos.

En la investigación publicada en Physics Today por Koeth y Hiebert se indica que midieron la energía de los rayos gamma, partículas de alta energía, emitidas por el cubo a medida que los átomos se desintegran. Esas mediciones confirmaron que era de uranio natural no enriquecido. Otras pruebas realizadas indicaron que el cubo nunca estuvo en un reactor en funcionamiento. De haber sido usado, los investigadores habrían detectado rayos gamma del isótopo cesio-137.

Mientras Koeth y Hiebert buscaban documentos en los Archivos Nacionales, la pareja  de científicos encontró referencias de otros 400 cubos en poder de un grupo de investigación alemán diferente. En ese momento, los equipos científicos alemanes competían entre sí. De haber combinado fuerzas, habrían tenido suficiente uranio para hacer un reactor. Sin embargo, los científicos alemanes aún estaban lejos de producir una bomba atómica.

Sería difícil obtener una prueba definitiva del origen de los cubos, pero analizando la edad, la composición y los diferentes recubrimientos, podrían rastrearse estos objetos hasta los laboratorios de origen, con un alto nivel de confianza.

Es así que otro grupo de investigadores están ahora, por primera vez, llevando a cabo análisis forenses nucleares de los tres cubos de uranio que se cree provienen de laboratorios nazis, en un proyecto que podría tener importancia histórica. Brittany Robertson y Jon Schwantes revelaron el proyecto el martes en una reunión de la American Chemical Society. Están usando un proceso llamado radiocronometría para confirmar el “pedigrí” de los cubos, así como sus revestimientos. Si pueden determinar su edad llegando hasta el año exacto de elaboración, también podrían indicar de qué laboratorio eran, ya que los esfuerzos de producción de Heisenberg y Diebner se realizaron con un año de diferencia.

Robertson continuará las horas de extenuante trabajo de laboratorio que podría desvelar los secretos del esfuerzo de guerra nazi, y ofrecerá información sobre los orígenes de los metales pesados que podrían haber cambiado la historia. Como parte de su investigación, Robertson está intentando hacer coincidir “firmas” de elementos de tierras raras en el cubo de Koeth con muestras de minas de uranio. Si las firmas corresponden, es posible que pueda determinar de dónde obtuvieron los nazis sus materiales. Los principales candidatos incluyen minas en la República Checa y la República Democrática del Congo, que fueron accesibles para los alemanes durante la guerra.

Koeth finalmente planea entregar su cubo a un museo. Por ahora, lo ha instalado en una vitrina hecha a la medida y es la joya de su colección de artefactos nucleares. Esos otros artículos incluyen relojes antiguos con esferas de radio resplandecientes, grafito del primer reactor en la Universidad de Chicago, vidrio verdoso de arena fundido por la prueba de la bomba atómica y cristalería con infusión de uranio, conocida como vidrio de vaselina, que brilla de color verde bajo la luz ultravioleta.

“Me siento honrado por el cubo”, dijo Koeth. El uranio alimenta la energía nuclear, lo que podría ayudar a liberar a la humanidad de la dependencia de los combustibles fósiles. Pero el elemento también se puede utilizar en armas devastadoras. La física nuclear tiene la capacidad de salvarnos o destruirnos por completo. ¡Y ese pequeño cubo representa como comenzó todo!

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Las opiniones expresadas en esta sección son de entera responsabilidad de sus autores.

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