Yordano: Tengo la fantasía de dar un concierto en Venezuela, gratis, en la calle - Efecto Cocuyo

LA HUMANIDAD · 20 JUNIO, 2020 19:57

Yordano: Tengo la fantasía de dar un concierto en Venezuela, gratis, en la calle

Texto por Laura Weffer Cifuentes

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Yordano viste de riguroso negro. De las mangas sobresalen sus manos largas y blancas, que a veces levanta como movidas “por la brisa de la tarde”. Todo lo que intenta ocultar tras los lentes oscuros se le escapa en las inflexiones de su voz tan conocida, en las pausas de la conversación que ofreció este viernes en un “Con la Luz” junto a Luz Mely Reyes y Laura Weffer y en la letra  de las canciones que forman parte de su más reciente disco, “Después de todo”.

A pesar de que son las 8 p.m. y es la tercera entrevista que brinda en el día, no escatima anécdotas, no le huye a ninguna pregunta y hasta comparte animadísimo la receta para la passata de pizza que hacía su nonno. Habla de Dios, de su enfermedad, de las mujeres, del amor, de la amistad, de sus fantasías y de sus ciudades. 

Cuenta, por ejemplo, que no conoce París; que antes de que explotara la pandemia había llegado de una gira por España e Italia, donde volvió  a ver a sus primos; de su Nueva York adoptiva y, por supuesto, de “ese puntico que duele, Caracas”.

 

A la tierra de los sueños/ voy a ver qué es lo que invento/ para darte, vida mía/ la felicidad perdida (Ay, mujer)

Su fantasía es volver a Caracas, y tan solo mencionar ese nombre hace que se le quiebre la voz. Durante doce segundos no puede hablar. Intenta recuperarse, pero le gana un gemido contenido. Atina a decir “ya va”, mientras el peso de la distancia y la nostalgia se sienten desde su apartamento en Nueva York. Es la tristeza del inmigrante que sabe que regresar es un sueño. Luego se recompone: “Ya estoy de vuelta”, dice. Carraspea y sigue.

“Tengo la fantasía de dar un concierto en Venezuela, gratis, en la calle…Y cuando yo pueda dar un concierto así, yo voy a regresar a Venezuela”. Lamenta estar lejos de su familia y amigos. Dice que la lejanía a la que están sometidos los venezolanos está haciendo que sean distintos, “hay algo distinto en la manera de relacionarnos, pero no por la tecnología, sino existencial”. Confiesa, insiste, que siempre quiso tener a su familia cerca. “Ahora los amigos regados, la familia regada”. Igual, el regreso tiene que estar condicionado por las precauciones que debe tomar, pues aunque logró superar un cáncer, aún es trasplantado de médula y debe vivir con ciertas restricciones. 

 

El tiempo pasa/ vuela en un lamento/ y yo no quiero perderme ni un momento (Allá iré) 

Asegura que está recuperado, pero que depende de medicamentos. Es su segunda cuarentena. La primera vez estuvo seis meses de contacto mínimo con otras personas, luego del trasplante de médula. “Yo estaba muy vulnerable, sin sistema inmunológico. Tenía que estar aislado”, durante 180 días no pudo salir o tomar un taxi. “Los primeros 47 días en el hospital fueron días duros para todos. No se sabía nada”. Asegura que para él fue difícil, pero se preocupa por el peaje emocional de quienes lo acompañaron en esos días. Su esposa Yuri, el resto de la familia y sus amigos. Compara su situación con la de una persona que se está ahogando en un río y los que están en la orilla no pueden hacer nada para salvarlo. “A veces dices: nada, se ahogó. Y es un subibaja muy fuerte. Fueron seis meses difíciles”. Pero la historia no termina ahí. Después, por su propio estado de salud, tuvo que someterse en un par de ocasiones a un coma inducido y “tres veces al borde…”. Ni siquiera menciona la palabra muerte, no hace falta porque es un militante del ahora, del presente.

 

Recuperar el mes de abril/Ir a devolvérselo a Madrid/Seguro que Sabina sigue ahí (Enamorarnos otra vez) 

El proceso creativo de Yordano es riguroso. Habla de estrofas, estructura y edición. Sin embargo, todavía se deja sorprender. Entrena como un deportista de alto rendimiento, pero permite que lo distraigan los detalles que se consigue en el camino. De la canción “Enamorarnos otra vez” dice que tenía el título y que de allí arrancó. Hay canciones que son de un día y hay otras que son como un buen vino, que pueden estar mucho tiempo macerándose hasta que alcanzan el momento correcto. Y cuando dice mucho tiempo, es mucho tiempo. Por ejemplo, en este grupo incluye “Solo ilusión” que tiene más de 40 años en bodega, esperando ver la luz.  “Yo hice esa canción hace mucho tiempo. La hice al principio, pero había algo que no me gustaba o que no funcionaba. O no era para Sietecueros (el grupo con el que inició su carrera musical)…y al final, prácticamente la terminamos el día que hicimos la premezcla. La estructura de la canción la hicimos editando el día que terminamos de hacer la premezcla. Pero yo quería que estuviera en este disco”. Rendida el alma/perdida en sueños sueños absurdos, sueños, al fin/ que al despertar parecen decir/fue solo ilusión, solo pasión/ un sueño que despertó y ahora parece mentira (Solo ilusión).

 

Yo encuentro en tu silueta mi lugar/Y aunque no hay nada que celebrar/por ti, mi vida, yo voy a brindar/por un futuro que no es lo que iba a ser/ por la hora que nos da (Qué sería de mi) 

Yordano ha estado rodeado de mujeres toda su vida, y no se queja. Se ha casado cuatro veces, tiene cinco hijas; “nunca sentí que el hijo varón era importante”, dice entre risas; ha tenido suegras (algunas con las que se llevaba mejor que otras), hermanas, cuñadas, amigas. Sus canciones son una celebración constante a lo femenino. Pero desde hace unos años la presencia constante de Yuri Bastidas, ha estado entrañablemente unida a su producción, a su recuperación, a su vida. Durante la entrevista la hace parte de la conversación y ella, observa todo desde un punto cercano. Le recuerda que no puede decir groserías y él asiente. Se saben y eso es lo que importa. 

 

Ya no cargo mi alma dura/la dejé con la amargura/ y mi traje de cordura (Después de todo) 

Cuando su hija Adela anunció en su cuenta de Instagram que Yordano había vencido al cáncer dijo: “el amor todo lo puede”. No hay un solo disco de los 18 que Yordano tiene en su haber, en el que no hable de él. En el que no lo increpe, lo precise, lo celebre, lo pinte de colores, lo presione, lo destroce. En fin, que lo cante. Y no siempre tiene que ser un amor romántico, también cabe el amor de amigos. Yordano recordó la reciente muerte de uno de sus más cercanos cómplices, Carlos Morales, con quien compartió más de 50 años de amistad, que, como suele suceder en estos casos, se transformó en hermandad. Sí, es verdad, el amor no lo salvó del coronavirus, pero va a hacer que permanezca. “El amor queda. Más allá del amor físico, lo que deja la persona en el alma, puede hacer que el amor sea eterno…Lo que deja la persona con amor, eso queda. Pasas a formar parte de todo. Cuando uno dice todo, uno dice Dios, lo que es Dios, sin ponerle un físico, una imagen. Dios es todo, Dios está en todo. Bueno, eso es el todo, yo creo que el sentido que el amor lo puede todo, es eso”. 

Para qué llorar/si el mundo sabe ya/de tu maldad y tus mentiras/ y la vas a pagar/ por todo el daño y cada herida (Para qué llorar) 

La discografía de Yordano ha musicalizado buena parte de la vida de los venezolanos durante estas cuatro décadas. Seguramente de otras nacionalidades, también; pero es casi seguro que alguna ida a la playa, algún enamoramiento, alguna agarrada de manos, algún suspiro, alguna rabia, algún despecho de quienes han vivido dentro de esas fronteras, haya sido bajo  los acordes de su guitarra.  Y seguramente cada quien tendrá una favorita. Están las más conocidas como “Perla negra” o “Días de junio” o “Por estas calles”. Hay otras más discretas. Pero hay una frase que al decirse es casi irremediable pensar en él: “Algo bueno tiene que pasar”¿Sí? ¿Todavía cree que algo bueno tiene que pasar? “Está como difícil…El futuro es incierto, uno lo que quiere es que la humanidad viva cosas buenas; no violencia ni racismo ni pandemia. Ese es el deseo…La humanidad, la historia, te batuquea y hace contigo lo que le da la gana. Con ella no hay salida fácil”.

Y en plena contradicción con la dificultad de la vida, tras un pedido de Yuri, Yordano agarra a su eterna compañera, la guitarra, y con una facilidad pasmosa ofrece una canción de su repertorio. La que sea. Y así, sin artificios ni poses, lleva una serenata digital en donde una vez más, derrama su “manantial de corazón”.

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