Treinta y dos horas para escapar, estudiante venezolano cuenta su travesía para salir de Ucrania (II)

LA HUMANIDAD · 1 MARZO, 2022 12:25

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Albany Andara Meza | @AlbanyAndara


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Su madre lloró de alivio cuando lo escuchó pedirle la bendición al otro lado del teléfono; al otro extremo del planeta. Era 28 de febrero y, a 10 mil kilómetros de Venezuela, Jesús Blanco acababa de huir de una guerra; se hallaba de pie en un aeropuerto de Varsovia, en Polonia.

«Bendición, mamá. Estoy bien», musitó el tachirense.

El 24 de febrero Rusia atacó Ucrania en la madrugada. Los vuelos se cancelaron mientras varias zonas del país eran bombardeadas, las universidades cerraban y los bancos colapsaban. El día siguiente, Blanco subió a un vagón en la estación de Kiev, luego de esperar 10 horas en un andén abarrotado de mujeres, niños y extranjeros. Se bajó en Lviv, una ciudad fría, a 70 kilómetros de la frontera polaca. Allí tomó otro tren, con el objetivo de salir de territorio ucraniano y comprar un boleto de avión con destino a España

Veintidós horas transcurrieron de un punto a otro. De Lviv a Polonia, un viaje que normalmente dura poco más de 120 minutos. Los trenes partían a su máxima capacidad. Cuando pudo subirse a uno, Jesús se apretujó en un asiento y notó que se le había acabado el agua embotellada. Sin señal telefónica y con la garganta reseca por la deshidratación, se dedicó a mirar el paisaje nublado a través de las ventanas, mientras el cansancio le cerraba los ojos. 

Tras cinco días de enfrentamientos entre rusos y ucranianos, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) alertó que se registraban más de medio millón de desplazados y refugiados, en lo que podría convertirse en «la peor crisis humanitaria en Europa de la última década». Blanco caminó entre cientos de ellos. Muchos se sentaron a su lado. Vio semblantes agotados, ojos infantiles confusos y lágrimas retenidas de los que, como él, se marchaban.

Divisó la frontera polaca a través del cristal, antes de poner un pie en ella. Estaba repleta de rostros aliviados y otros perdidos. Niños hipando, personas cargando enormes paquetes y cientos de maletas en todas partes. Jesús pestañeó con dificultad. El frío le partía los labios y sentía sed como nunca antes, pero el suspiro que salió de sus labios fue honesto. Treinta y dos horas, eso fue lo que tardó en abandonar Ucrania. En dejar atrás el primer año del Instituto Politécnico de Kiev (KPI) y la invasión de tropas rusas.

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«En el momento en el que salí de Lviv y llegué aquí a Varsovia fue trayecto bastante largo: casi un día completo en que no pude hablar con mi familia. Fue esta mañana que pude hablar con mi mamá y eso fue llorar y llorar. Yo igual estaba desesperado por comunicarme con ella, porque había llegado a Polonia y no me pasó nada, pero no podía decírselo porque no tenía cómo», contó Blanco a Efecto Cocuyo, el 28 de febrero de 2022. 

La solidaridad de la frontera polaca

«La verdad es que el recibimiento fue buenísimo. Hay muchísimos voluntarios. Nos entregaron comida, agua, cobijas, toallitas húmedas, té, café. De todo. Hubo muy buena acogida», explicó Blanco sobre la frontera polaca. 

El viceministro de Interior de Polonia, Pawel Szefernaker, informó el 27 de febrero que por lo menos 115 mil ucranianos habían cruzado, debido al conflicto con Rusia. Sobre todo mujeres, niños y ancianos. Los hombres de entre 18 y 60 años suelen quedarse en Kiev para pelear. Pero Jesús proviene del Táchira, de los verdes andes venezolanos. Al ver su pasaporte, las autoridades lo sellaron y le desearon suerte.  

El joven de 22 años, estudiante del KPI, miró a su alrededor. Se habían acabado las estaciones de tren y necesitaba un nuevo plan. No tardó en encontrarse un hombre que sostenía un cartel con una sola palabra: «Varsovia», la capital de Polonia. Blanco se acercó y le sonrió con amabilidad. El desconocido le estrechó la mano y le ayudó a subir su bolso a un auto cercano. La solidaridad polaca lo llevó al Aeropuerto Chopin de Varsovia donde, por fin, se sintió a salvo. 

Consecuencias de la guerra

Jesús Blanco subió a un avión con dirección a España, la noche del 28 de febrero de 2022. Como él, miles de universitarios extranjeros han tenido que abandonar los estudios de sus carreras, mientras continúa el conflicto entre Rusia y Ucrania. 

El Ministerio de Exteriores de Marruecos alertó que más de 10.000 estudiantes árabes, provenientes de distintos países del Oriente, quedaron inicialmente atrapados en territorio ucraniano cuando empezó el ataque ruso. Solo 3.000 alumnos marroquíes han podido regresar a su país de origen, de los 8.000 que residían en Ucrania.

De Latinoamérica, se registran aproximadamente 700 ecuatorianos en institutos de educación superior ucranianos, según cifras de la Cancillería de Ecuador. 

Venezuela no cuenta con representación consular en Ucrania y no hay cifras oficiales de cuántos connacionales residen allí. Johan Obdola, analista, experto en seguridad y coordinador de un pequeño grupo de evacuación, comentó a Efecto Cocuyo que se estiman entre 100 y 200; sin embargo se desconoce cuántos de ellos son estudiantes.