Un planeta llamado Cervantes - Efecto Cocuyo

LA HUMANIDAD · 17 ABRIL, 2016 11:38

Un planeta llamado Cervantes

Texto por Eloi Yagüe Jarque | @eloiyague

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Unos ojos profundos, soñadores, nos miran desde los kioscos madrileños. Muchas revistas le han dedicado sus portadas del mes de abril a Cervantes, debido a los 400 años de su muerte. Son los mismos ojos que desde un enorme pendón colgado de la fachada de la Biblioteca Nacional de España, en el Paseo de la Castellana, invitan a la exposición Miguel de Cervantes: de la vida al mito (1616-2016).

España se prepara para una fiesta cervantina que tendrá repercusiones, principalmente editoriales. Ya la Casa del Libro, la principal cadena de librerías, acaba de publicar un catálogo que reseña más de 100 libros recién publicados dedicados a Cervantes y a su época (así como a los 400 años de Shakespeare cuyo cuatricentenario también se conmemora).

Muchos de estos títulos serán protagonistas estelares de la Feria del Libro de Madrid que se instalará en el parque El Retiro del 27 de mayo al 12 de junio. Los libreros esperan tener un segundo buen año consecutivo gracias a Cervantes (en 2015 aumentaron las facturación un 6% en relación con 2014).

De la vida al mito

Una cabeza virtual en tercera dimensión saluda a los visitantes y se presenta a sí mismo: “Me llamo Miguel de Cervantes Saavedra. Nací en Alcalá de Henares el 29 de septiembre de 1547, día de San Miguel Arcángel y fui bautizado el 9 de octubre en la parroquia de Santa María la Mayor. Fui el cuarto de los siete hijos del matrimonio de Rodrigo de Cervantes Saavedra y Leonor de Cortinas…”

La Biblioteca Nacional de España se ha convertido en un santuario para celebrar los 400 años de la muerte del genio literario Miguel de Cervantes Saavedra, autor, entre otras obras, de Don Quijote de la Mancha, considerada la novela más importante escrita en lengua castellana. “Hombre, personaje y mito son los tres ejes en los que se ha estructurado la exposición”, explica su comisario José Manuel Lucía Megías.

La muestra tiene como objetivo humanizar al gran escritor mostrando en primer lugar una visión de su época y de sus viajes por todo el Mediterráneo. Cervantes siempre estuvo vinculado a la corte de la monarquía hispánica, “esa corte que iba construyendo un delicado equilibrio de amistades, odios e intrigas y que constituye el espacio en el que se desarrolló la mejor literatura de su época”, considera Lucía Megías.

Para ganar influencia en la corte, Cervantes se hizo militar en Italia y luchó contra los turcos en la batalla de Lepanto. Alcalá de Henares (la Complutum del imperio romano, sede de la universidad fundada por el cardenal Cisneros en 1508), Roma, Génova, Argel, Messina, Denia, Valladolid, Sevilla y sobre todo Madrid fueron algunas de las ciudades donde Cervantes dejó su huella.

La segunda parte de la exposición está dedicada a la representación de Cervantes desde el punto de vista de las artes visuales. Aunque nunca fue pintado en vida, hay sin embargo notables retratos atribuidos a Juan de Jaúregui, el de Antonio Muñoz Degraín –Cervantes escribiendo la dedicatoria de su obra al conde de Lemos (1916)– o el más reciente retrato de Martí-Ramón Durbán Bielsa (1936). Este último se exhibe por primera vez. Dicho retrato forma parte del manuscrito del Quijote realizado por Pío Cabañas, que fue comprado por el cervantófilo Juan Sedó Perís-Mencheta. Además de este retrato, Durbán realizó otros de don Quijote y Sancho para esta misma copia manuscrita, una de las piezas más singulares que alberga la colección cervantina de la Biblioteca Nacional de España.

Madrid, la ingrata

La boca del Metro nos arroja frente a la Plaza de España. Multitud de personas atraviesan la calle para dirigirse al monumento al Quijote. Turistas de todas las nacionalidades hacen cola para fotografiarse. No falta algún osado que pretenda subirse a Rocinante para cabalgar junto con el caballero de la enjuta figura.

Pocos saben que el conjunto escultórico, cuya maqueta puede verse en la exposición, fue financiado mediante suscripción popular. El primer donante fue el Banco de España. Se invitó a los países iberoamericanos a donar, pero, hasta donde se sabe, ninguno lo hizo. El monumento fue comenzado a principios del siglo XX y terminado más de 50 años después.

Miguel de Cervantes vivió los últimos años en Madrid, en una casa alquilada en la calle León, esquina con la Calle Francos (hoy calle Cervantes). El escritor Mesonero Romanos, uno de los más importantes cronistas de la ciudad, se lamenta, un 23 de abril de 1833, de la prisa que tuvieron al destruir esa casa, último vestigio del paso de Cervantes por Madrid:

–¡La casa de Cervantes…! ¿Es posible? –exclamó con resolución. ¿Y quién se atreve a profanar la morada del escritor alegre, del regocijo de las musas?

–El interés, míster, el interés, sin duda.

Sin embargo, Madrid le sigue rindiendo tributo a Cervantes erigiendo más estatuas. Acaso la más reciente es la que se halla en la avenida Arcentales, que divide los distritos San Blas y Canillejas, muy cerca de La Peineta, nombre popular del inacabado estadio Olímpico. Se trata de una escultura en bronce, de tamaño natural y estilo realista, que representa a Cervantes sentado y con una pluma en plena escritura del Quijote, mientras sus personajes cobran vida surgiendo del libro. Corresponde a Luis Sanguino, nacido en Barcelona en 1934, autor de varias esculturas madrileñas más, sobre todo de temática taurina.

En un lugar de la mancha…

Cuenta la leyenda que Cervantes, entre las varias veces que fue estuvo preso, una fue en Argamasilla de Alba, un pueblo manchego de cultivadores de alfalfa. Dícese también que en la frialdad de la Cueva de Medrano, donde estuvo detenido por un corto período, concibió e incluso comenzó a escribir su más famosa novela. Ese sería el famoso “lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme…” y esa sería la razón del pretendido olvido.

Otro príncipe de las letras, el nicaragüense Rubén Darío, del que conmemoramos también en 2016 el centenario de su muerte, le dedicó una crónica a Argamasilla de Alba el 9 de abril de 1905 en el periódico argentino La Nación. Darío recorrió sus calles que comparó con un libro abierto donde se pasean los descendientes de los personajes cervantinos.

“Me condujo por la villa y gracias a él conocí todas las calles y rincones del lugar que inmortalizó Cervantes por quererlo olvidar. Conocí al cura y al barbero. Conocí la casa en que habitó el bachiller Sansón Carrasco, hoy propiedad de la vieja Ventura Gómez Carrasco y de su primo Polonio, sus descendientes…”.

Molinos de viento y estrellas

Campo de Criptana queda a unos 164 kilómetros al sureste de la capital española. Pertenece aún a la Comunidad de Madrid, en el sector denominado Mancha Alta. El monótono horizonte de la planicie manchega se ve amenizado por centenares de turbinas eólicas cuyas hélices giran lentamente movidas por el viento para generar electricidad.

Llegando al mencionado pueblo, ya se pueden apreciar desde lejos, los verdaderos molinos de viento, con aspas de cañas entrecruzadas y revestidas de tela, contra los que luchó Don Quijote en el capítulo VIII del libro universal de Cervantes, convertidos así en seña de identidad de La Mancha. De un total de diez molinos, tres datan del siglo XVI: Burleta, Infanto y Sardinero. Uno de ellos está dedicado a la vida y obra de Sarita Montiel, la famosa cupletera que era oriunda de este lugar.

No lejos de los molinos entramos a un bar y descansamos del trayecto, tomando unos boquerones en vinagreta y una Mahou sin alcohol bien fría. Se va haciendo de noche y es hora del regreso. Desde la planicie manchega se pueden apreciar miles de estrellas. Algunas de ellas son ya los personajes de Cervantes. La estrella Mu Arae, situada a 49,8 años luz de distancia en la constelación Ara (El altar) se llama Cervantes desde 2015. Sus cuatro planetas también tienen nombre de personajes cervantinos: Dulcinea, Rocinante, Quijote y Sancho.

La propuesta nació del Planetario de Pamplona y de la Asociación Española de Astronomía, con el apoyo del Instituto Cervantes. Resultó la ganadora en el concurso Name Exo Worlds que organiza la Unión Astronómica Internacional, a la que se propusieron 274 nombres con más de medio millón de votos procedentes de 182 países.

Como se sabe, la luz de las estrellas continua llegando a nosotros aun cuando los astros se hayan apagado hace miles de años. A Cervantes, sin duda, le hubiera gustado la metáfora de la trascendencia aplicada a la maravillosa obra producto de su ingenio que aún hoy no podemos leer sin conmovernos.