Pacientes del Hospital Clínico Universitario se quedan sin dieta - Efecto Cocuyo

LA HUMANIDAD · 13 AGOSTO, 2015 14:40

Pacientes del Hospital Clínico Universitario se quedan sin dieta

Texto por Efecto Cocuyo

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Pan, pasta y huevo. Así se resume la dieta que este último mes ha recibido Nancy Lovera en el Hospital Clínico Universitario (HCU). Esto coincide con el menú que se dio en el centro asistencial el sábado 8 de agosto. Lovera es paciente de cirugía cardiovascular y espera por una revascularización desde hace tres meses. Sobre la alimentación que le brinda la institución, las quejas son perennes: “Yo espero a cobrar mi pensión para comprar unas galletas y unas cosas para matizar. La comida aquí es horrible y escasa”, dice.

La situación más extrema se vivió la mañana del domingo 12 de agosto, cuando solo se ofreció una rebanada de pan a los pacientes. Hubo quien aseguró que ni siquiera se pudo brindar el alimento a todos los hospitalizados. En el almuerzo de ese día se sirvió una alita de pollo con ocumo, y pasta con salsa blanca para cenar.  Trabajadores de la guardia de ese día, que prefieren mantener el anonimato, aseguran que en horas de la tarde algunos internados molestos bajaron a la dirección en el piso 2 para oficializar un reclamo.

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“Sé que conversaron con un funcionario del viceministerio de hospitales que les prometió mejorar el servicio. Incluso el lunes pegaron un papel en la puerta de la cocina que informaba que a partir de esta semana se haría un convenio con la red Mercal para el abastecimiento de los productos”,  explica una de las testigos.

Este miércoles 12 de agosto no había rastros de ese papel en ninguna de las puertas de la cocina central de triaje, donde se preparan los alimentos que luego son llevados a las cocinillas en cada piso, donde se pesa el contenido, se arman las bandejas y se reparten. Del 2 al 5  hay dos cocinillas en cada uno y una sola para los pisos del 6 al 11.

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40 gramos de queso blanco para el desayuno del día miércoles 12 agosto

En la cocinilla del piso 5 trabaja una camarera de nombre Eglé. Muestra las sobras del desayuno de ese miércoles que fue “una galleta tipo María y 40 gramos de queso blanco”, según relata. También muestra el agua de avena y el agua de anis que de un tiempo para acá se le da a los pacientes como líquidos con nutrientes. La leche, ahora es un lujo que nunca aparece y el jugo de frutas tampoco se ve.

4Miriam Franquiz, paciente de ginecología, aún a las 11:30 am guarda la galleta que le dieron en el desayuno. “Es que aquí la comida no es variada, ni siquiera hacen las dietas por paciente. Todo el mundo come huevo y al menos yo no debería comer eso”, insiste. Está hospitalizada desde mayo de este año y confiesa que nunca se ha sentido satisfecha con la comida.

Otro trabajador de la cocina central asegura que en abril comenzó el colapso. La carne roja desapareció, los pollos son cada vez más pequeños, hay que rendirlos, y el pescado, “bueno no hablemos de eso”, se ríe. Este martes 11 el menú para el almuerzo consistió en sardinas enlatadas con auyama de acompañante. “Aquí jamás se había dado eso, sardinas o auyama. Eso no le gusta a la gente, además que era horrible”, continúa.

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En la foto puede apreciarse cómo además de lo mencionado, se la da un poco de caldo en un vaso plástico con pequeños fideos. La distribución de la sopa es intermitente, a veces no alcanza para todos los pacientes y no se da siempre. El servicio, en general, es irregular. “Aquí podemos pasar tres días resolviendo con poquito y de repente nos llega pollo, arroz y vegetales y hacemos algo bueno”, dice Eglé, pero igual es insuficiente. Las piezas de pollo para el almuerzo de este miércoles 12 eran muy pequeñas. Uno de las bandejas a penas tenía un muslo diminuto y una porción reducida de arroz.

Otro de los cocineros de triaje denuncia que le han negado la sal o aceite al momento de preparar alimentos. ¿Cómo voy a hacer una buena comida así?, refiere. El calor del lugar sofoca, los aires acondicionados de esas salas no funcionan desde hace dos años. Francis, otra trabajadora del departamento de nutrición, explica que en 2013 se realizó una remodelación a la cocina, pero no quedó bien habilitada. “El economato, que es donde se guardan los alimentos, se encuentra en muy mal estado. Hay hasta ratas”, dice. Las cavas tampoco funcionan desde esa fecha.

Marzia Schettini, una de las nutricionistas del recinto, confirma que efectivamente hay carestía, que los alimentos llegan tarde y que a veces son escasos, pero, en su opinión, esto ocurre por la misma situación país. “Si yo no consigo un pollo, cómo le voy a pedir al señor que me traiga 300”, dice. La licenciada informa que allí trabajan con un solo proveedor que lleva lo que puede. Los horarios han variado porque ahora el hombre llega más tarde, según explican trabajadores y confirman los pacientes. Los menús se realizan de acuerdo con lo que él pueda traer.

Anteriormente, según comentan los trabajadores de la cocina de triaje, las despensas estaban llenas y se elegía qué cocinar para cada día. Las dietas para cada tipo de pacientes eran respetadas  e incluso se hacía “la mejor comida de hospital”, en opinión de uno de ellos. Ahora, según se pudo comprobar, los pacientes no se terminan la comida y hasta la botan.

Esto obliga  a familiares llevar comida para sus hospitalizados. Brayan González, que tiene 11 días internado, no se queja de los alimentos. “Están bien”, repite, pero su acompañante dice que a diarile traen comida casera.

Schettini habla de que se alimentan allí hasta 700 pacientes, aunque el resto del personal calcula unos 450. “En las noches baja la cifra por las altas”, recuerda. Pero ella no es la voz oficial. Efecto Cocuyo intentó durante dos días conversar con la licenciada Amanda Cuenca, jefa del departamento y no fue posible.

“Nos prohibió tomar la foto de lo que servimos, pero a mí no me importa”, expresa Eglé al referirse a Cuenca. Otras fotos de las comidas del hospital evidencia cómo han debido ingeniárselas en la cocina para resolver menús balanceados.

“Pero bueno, si los pacientes no reclaman, nada podemos hacer nosotros los trabajadores”, concluye.

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