Maestros de Fe y Alegría se "mantienen en pie" solo por vocación

LA HUMANIDAD · 29 ABRIL, 2020 21:37

Maestros de Fe y Alegría se “mantienen en pie” solo por vocación

Texto por Isabella Reimí │@isabellareimi

Ver más de

Isabella Reimí │@isabellareimi

¿Cómo valoras esta información?

1
QUÉ CHÉVERE
QUÉ INDIGNANTE
QUÉ CHIMBO

La mística de trabajo es un principio de los docentes de Fe y Alegría. Según dicen, también es la fuerza que los impulsa a trabajar por el derecho a la educación de los niños y jóvenes, aunque su remuneración sea insuficiente para comprar la canasta alimentaria.

Ejemplo de ello es Víctor Querales, cuya mística lo levanta todos los días y lo traslada de la parroquia Coche, donde vive, al Colegio San Judas Tadeo en la parroquia Valle, muchas veces caminando kilómetros por el déficit en el transporte público.

Además de ser subdirector de esta institución de Fe y Alegría es profesor de aula en una escuela estatal de Distrito Capital.

Entre los dos salarios que paga el Ministerio de Educación, hasta el 27 de abril, cuando aumentaron el salario mínimo y ajustaron las tablas salariales, este docente ganaba 2 millones de bolívares. Esos son poco más de 10 dólares mensualmente, al cambio oficial de Bs. 190.431,08 por dólar del 29 de abril.

Con ese presupuesto debe mantenerse a él y a su madre, quien es paciente oncológica, hipertensa y presenta secuelas de un ACV.

La canasta básica familiar de marzo costó 19 millones 156 mil bolívares (236 dólares) según el Centro de Documentación y Análisis (Cenda). Si bien su salario no alcanza para adquirirla, intenta que su mamá coma tres veces al día, “aunque yo no lo pueda hacer”, dijo.

Para el director trabajar para la educación de jóvenes desfavorecidos ha significado una serie de renuncias.

Renunciar a una comida al día, más de cinco años sin comprarme un par de zapatos o una franelilla, renunciar a muchos privilegios como el esparcimiento, porque estamos trabajando para cubrir una parte de la cesta alimentaria”, enumeró.

Confesó que su nutrición se ha visto bastante afectada.

Con los cargos vacíos

Sin embargo, para Querales renunciar a su trabajo no es una opción, aunque sí lo ha sido para la mitad del personal docente del San Judas Tadeo, que ha dejado la institución este año para migrar a la educación privada no subvencionada.

En la actualidad, Fe y Alegría emplea a 6.800 docentes en 175 escuelas, y este año escolar cuenta con 3.000 vacantes, según anunció la red educativa el 28 de enero.

A pesar de la cifra exorbitante para el subdirector de la San Judas Tadeo “cada vez que un docente renuncia, se pierde talento y es una gran tragedia”. Especialmente, los niños se ven afectados por lo que podrían interpretar como otro abandono.

“Hay muchos niños que lloran cuando se va un maestro. Me ha tocado consolar a esos chamos cuando les decimos que la maestra no va a continuar con nosotros, y ellos saben por qué no están continuando. Porque su salario no alcanza, porque la ven llorar, porque comparten en la mañana un pedacito de arepa con la maestra”, lamentó.

La vocación de Querales lo ha llevado a llenarse “fuerza y fe” y tener la mayor disposición para trabajar por sus estudiantes durante esta cuarentena.

Sentir que no vales

Igual situación vive Ivonne Palacios, maestra de tercer grado Fe y Alegría Las Mayas, quien a veces se pregunta si el trabajo de un educador no tiene ningún valor para la sociedad venezolana.

“Por 250 mil bolívares quincenales siento que estoy haciendo el ridículo. Uno siente que no tiene valor”, confesó alguna vez a la directora de su plantel, que queda en La Rinconada, Distrito Capital.

Sobre todo, la docente se sintió indignada cuando recibió 4.700 bolívares del Ministerio de Educación por el bono de Semana Santa (2,5 céntimos de dólar para el momento).

Ahora con el aumento de salario mínimo que pasó de ser 250 mil a 400 mil bolívares, Palacios reclama que estos días de pandemia los docentes subvencionados y los trabajadores del estado “no podrán comprar ni un kilo de jabón de lavar ropa”.

La red educativa no es ciega ante esta situación. El pasado lunes 27 de abril, día del último aumento, Fe y Alegría dijo en un comunicado que “el ingreso mensual de un educador es miserable”.

Como vocera de la red de escuelas, Palacios también enfatizó la dificultad de trabajar en medio de la pandemia, con poca infraestructura tecnológica, cuando siente que su sacrificio no es remunerado.

Por eso enfoca cada uno de sus esfuerzos al crecimiento de los muchachos a los que educa y de sus familias, “no para subir una estadística del Ministerio, ni de Fe y Alegría”.

“Me gusta mi trabajo y me gusta hacer esto, pero siento a veces que estoy dando todo y que hay una nube oscura que no deja ver”, comentó.

Un trabajo de vida

De la misma manera, Yndira Barrios también tiene dos trabajos de docente, ambos en Fe y Alegría. En las mañanas es profesora de segundo grado en el colegio Jesús Soto, en Puerto Ordaz, y en las tardes trabaja en el mismo nivel para La Consolación, a cinco minutos de la otra institución.

Hasta hace un año había alcanzado el cargo de coordinadora de pastoral de La Consolación, pero tuvo que renunciar a este porque “un solo salario no era suficiente” para aportar a su familia.

Al igual que Víctor Querales, es docente “tipo cuatro” y gana menos 2 millones de bolívares entre los dos salarios, más un bono de 100 mil bolívares que le dieron por tener un hijo menor de edad.

Su esposo también es docente, pero trabaja en el  Iberoamericano; un colegio privado que ha hecho un llamado a  los padres y representantes para garantizar un mejor sueldo para los profesores”. Entre su salario y sus bonos de alimentación y transporte, su esposo gana 9 millones de bolívares, aproximadamente.

Con esos 11 millones los docentes deben mantener a una familia de cinco, que incluye a los suegros de Barrios.

“No tenemos vivienda propia, vivimos en casa de mis suegros y los tenemos como familia también, así que ahora nuestros ingresos son para cinco personas”, aclaró.

En pie por la vocación

Por años, Barrios y su esposo habían tratado con asociaciones que recogían cuotas para poder eventualmente pagar una casa propia, pero estas organizaciones desaparecieron junto con su dinero.

Aunque ahora su salario apenas alcanza para la alimentación, no siempre fue así.

Hace 22 años, cuando estudiaba su tercer semestre de Informática, empezó a dar clases de Sociales en un colegio privado. Aunque tenía una beca del 50% en el Instituto Universitario de Tecnología Antonio José de Sucre, con su salario pudo costear la otra mitad de su educación más la impresión de sus trabajos, sus pasajes en transporte público y todavía quedaba para cubrir necesidades propias o aportar a su casa.

Ahora, con dos carreras universitarias y sus años de experiencia su salario “no da” y se mantiene por vocación, esperando incluso hacer una maestría próximamente que la haga subir de jerarquía a “docente tipo cinco”.

“Nos mantenemos en pie por vocación, porque realmente nos gusta, porque miramos más allá, poniéndonos en el lugar del otro y viendo sus necesidades. Porque independientemente de que nuestra educación sea para los pobres, no puede ser una pobre educación”, dijo, citando al padre José María Vélaz, fundador de Fe y Alegría.

Tener conciencia del otro

Con un salario de 750 mil bolívares (previo al aumento) Danesa Mota, de 32 años, no podría mantener a su hijo de 11 meses. Desde hace cinco años para acá depende de los ingresos por la jubilación de su padre, que ejerció la carrera militar. Para mantener a su bebé cuenta con el aporte del papá del niño, que migró a España por una mejor calidad de vida.

También recuerda su primer salario en Fe y Alegría hace siete años, era de 2 mil 300 bolívares fuertes, y alcanzaba para comprar dos comidas en la calle a diario y llevar la tercera a su casa, ya que trabajaba casi todo el día.

Hoy en día sus ingresos no solo están más devaluados, además, la crisis económica que azota al país impide que las mismas escuelas subvencionadas puedan recuperar los daños y robos causados por el hampa. La escuela Pampero, en Ocumare del Tuy (estado Miranda), fue asaltada dos veces durante la cuarentena. Cuando regrese a su plantel de trabajo, Mota y el resto de los profesores contarán con menos material pedagógico para llevar a cabo la labor educativa.

A la maestra le preocupa sobre todo que muchos representantes estén conscientes de la crisis en la que se encuentra inmerso el sistema educativo.

“Hace cinco días en el grupo del colegio una mamá hizo un comentario: los maestros y el director están en casa cómodos, y uno aquí pasando trabajo”, contó, imitando a la representante.

“Pensé: ¡Guao! Si supieran ellos cómo estamos nosotros… Me tomé el atrevimiento de contestarle que desde afuera ella puede pensar que necesita más que los demás, pero nadie está en la casa del otro para saber qué necesidad tenemos”, reflexionó.

“Más que dinero, necesitamos conciencia de lo que podemos brindar a las personas”.

Si quieres saber más sobre este tema, lee también: