Los libros usados reinaron en el Festival de la Lectura de Chacao

LA HUMANIDAD · 30 ABRIL, 2016 18:33

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Eloi Yagüe Jarque | @eloiyague


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En medio de una crisis económica sin precedentes, a la que se suma la pertinaz lluvia que moja a Caracas en los últimos días de abril, se celebra hasta este domingo, primero de mayo, el octavo Festival de la Lectura de Chacao en la emblemática Plaza Francia, al pie del obelisco de Altamira. Se trata de un evento que en los últimos años se ha convertido en una referencia en el desolado panorama cultural del país, y que este año cuenta con la participación de 79 editoriales y ocho invitados internacionales, gracias a las embajadas de España, Italia, México. Argentina y Estados Unidos.

Lo primero que llama la atención es la ausencia de representación del sector cultural oficial. A diferencia de otros años, el stand inicial, ubicado en toda la boca de la estación Metro Altamira, este año está dedicado a Miguel de Cervantes con motivo de los 400 años de su muerte. Por el stand han pasado decenas de personas para leer en público fragmentos del Quijote, en lo que constituye un inusual homenaje, pues llama la atención escuchar las líneas de castellano antiguo con acento caraqueño.

Pero más allá de los homenajes a Cervantes, o a la escritora Elisa Lerner, a quien se dedica el Festival, este evento deja traslucir una situación preocupante: las novedades editoriales ya no están al alcance del público de clase media y, a la hora de escoger un título, muchos prefieren comprarlo usado porque el dinero simplemente no les alcanza.

No lejos de la Plaza Francia, la gente se entrevera en colas bien sea para comprar comida a precios regulados o para firmar pidiendo que se celebre el referendo revocatorio al presidente Nicolás Maduro. La gente va a mirar, a disfrutar del paseo e incluso como acto de resistencia política en un país donde la cultura se encuentra en estado de postración. Aunque algunos, como ese señor que acude con una bolsa de supermercado, se retiren comentando que con lo que cuesta un libro se puede comprar un kilo de queso.

Aun cuando la feria concluye hoy, y pudiera parecer apresurado un balance, pudimos conocer algunas opiniones de libreros y editores, importantes por estar en contacto directo con el público.

 El precio le pega a la gente

Beatriz Rozados, de ediciones B,  estima que se vendió mas que el año pasado en  bolívares; y aunque todavía no tiene un porcentaje, señala que puede ser que se haya vendido entre 30 o 40 por ciento más pero en unidades, no en dinero, porque hay menos oferta, hay menos variedad de títulos, y el precio le pega a la gente.

“Estas son iniciativas culturales que siempre hay que apoyar. He notado que ha asistido mucha más gente que el año pasado y eso es una prueba de que los ciudadanos necesitan tomar sus espacios, necesitan tomar su ciudad y necesitan compartir al aire libre. En cuanto a las ventas, si bien es cierto que vienen los mismos visitantes año tras año y tienen una inquietud para ver las novedades, para tener contacto con sus autores, evidentemente el precio actual de los libros les pega mucho. Y no solo de los libros: tú tienes que sopesar si compras comida, si pagas los servicios, o pagas el colegio del niño o compras un libro. Pero, tomando en cuenta todo eso, siento que igual ha sido exitoso este festival, siento que debemos tener más muchas actividades como esta, para que el público siga participando”.

Como un partido de fútbol

La figura de Walter Rodríguez, de Librería Lectura, es muy conocida, pues este veterano librero de origen uruguayo no se pierde una feria de libros. Este año apostó a los libros usados y le fue bien, aunque “no tan bien como esperábamos”. Walter opina que la gente va a pasear y a mirar antes de tomar la decisión de comprar un libro, y que si hubiera cinco ferias de libro al año, la gente igual iría a todas, y recuerda aquellos tiempos iniciales de las ferias del libro en la zona rental de la Plaza Venezuela. “Era lindo”, rememora.

“Pero sí me sorprendió ver entre semana a mucha gente joven, muchachos estudiantes, que no compran mucho, pero porque lógicamente la situación no está como para esas cosas. Siempre en las ferias uno tiene que esperar hasta el último fin de semana que es cuando ya la gente vio los libros, buscó los realitos para venir a comprarlos y a final de feria, vienen muchos esperando que los precios sean mejores; a veces hacemos descuento de 20 por ciento los dos últimos días, mucha gente lo que hace es ver y luego esperar el momento para comprar”.

¿Qué libros se venden más? Walter vende de todo un poco. Este año puso a la venta una biblioteca que compró de libros muy antiguos, de buenos autores como Stefan Zweig, autores buenos y títulos que ni siquiera habíamos visto. Le puso precios muy baratos y la gente se llevó los libros aunque estaban un poco envejecidos. “Hasta el poeta Alfredo Chacón salió premiado”, comenta.

“Para mí ha sido una sorpresa, pensé que iba a vender mejor los autores reconocidos y títulos que la gente lleva en mente. Aunque se han vendido también, pero menos”. En relación con la feria del año pasado confiesa “voy por debajo, de momento; todos estamos a la espera del fin de semana. Es como un partido de fútbol que no se termina hasta que se acaba”.

Poesía en auge

Para José Ramón Gutiérrez,  editor y distribuidor, Edicven, el Festival hasta ahora ha tenido una receptividad considerable, aunque ha habido menos novedades y ventas. “La afluencia ha sido masiva; la gente, incluso con la lluvia que ha habido estos días, ha asistido a la feria. Pero claro, los costos de los libros, la falta de novedades e importación, han hecho que el Festival este año se convierta más en una feria de libros usados que de novedades. Lo habitual es que en estas ferias todas las editoriales muestren al público las novedades y lo que va a estar circulando durante el último semestre del año y el primer semestre del próximo año. Esto ha tenido unos matices de cambio por la situación país, donde se han complicado un poquito las cosas, debido a que no hay importación de libros ni papel ni tinta. Sin embargo, esta situación ha favorecido al autor nacional porque ha tenido más cabida en las editoriales, en el mercado, en las librerías que en otra época cuando el libro de importación era el que tenía más cobertura en las librerías”.

Considera Gutiérrez que el factor del precio es predominante y como los autores venezolanos son más económicos, pues venden más. “Ahora los libros están sobre los cinco mil bolívares y no para todo el mundo es fácil tener un libro nuevo en sus manos”, comenta.

En cuanto a géneros, la venta fuerte es la gastronomía, los libros infantiles, la fantasía épica y los libros de vampiros que seducen a los adolescentes. “La poesía tiene un auge enorme en esta nueva generación de lectores, desde hace dos años para acá, la poesía es más buscada, y tenemos autores afamados y premiados como nuestro querido Rafael Cadenas que nos orgullece a todos los venezolanos”.

En cuanto a ventas, Gutiérrez señala que “este año nos vamos a llevar la sorpresa de que seguramente vamos a vender menos unidades, pero más bolívares. Eso no es bueno, porque si vendemos menos unidades son menos lectores o menos personas con la capacidad de comprarse un libro y eso es malo para el mercado. Quizás la feria se ha convertido en un 80 por ciento de libros usados y un 20 por ciento de editoriales con novedades. Si le haces la pregunta a un stand de libros usados, lo más probable es que hayan superado las ventas del año pasado. Nosotros no, lo dudo mucho, debido al factor de costo del libro”.

El libro siempre pierde

Durante muchos años librero y hoy reconvertido en exitoso editor, Roger Michelena, FB libros, participa en la feria mostrando novedades y organizando presentaciones, pues considera que la prioridad es exhibir, que la gente sepa que todavía hay algunos libros de su editorial en el mercado, y exponer a los autores para que se los conozca

la foto“La verdad es el Festival me ha gustado más en años anteriores. Soy honesto: de repente he visto un montón de libros usados en muy mal estado, si vas a vender libros usados trata de mantener un nivel de calidad. También he visto un montón de libros piratas de editoriales conocidas. Quizá a uno le resulta más fácil reconocerlos, pero son piratas y los están vendiendo tranquilamente en los stands, eso afecta la calidad de la feria”.

Otra cosa que señala Michelena es la poca cantidad de actividades para niños. El primer día que fue con su nieta Camila, y esperaba ver una de las salas en la que siempre había estantes infantiles con títeres y marionetas, está ausente esta vez. Aclara que siempre ha habido una sala infantil, pero antes había más espacios y actividades.

“Pero si uno se pone a ver no es una verdadera feria. Una feria exige un poquito más de calma, de tranquilidad, de poder pasearse sin el calorón que te abruma o la lluvia que te hacer correr sin poder ver un stand completo porque están atiborrados de materiales. Hay una calma que debería ser propia de una feria”.

Dice Michelena que “viene gente porque es una forma de escapar un poco de lo que te asola, viene el mismo público que siempre se asusta con los precios, sean mil o diez mil. Cualquier precio ya es un susto cuando piensas si compras hoy queso, a tres mil bolívares el kilo, o compras un libro que te cuesta lo mismo. ¿Qué hago en esas dos circunstancias? Lastimosamente el libro siempre pierde”.

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