La riqueza fácil y el sueño panameño llegan a las tablas con «Panamax»

LA HUMANIDAD · 4 SEPTIEMBRE, 2016 13:51

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Julett Pineda Sleinan | @JulePineda


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Tres mujeres que no se conocen y se hacen llamar a sí mismas emprendedoras, tienen algo en común: Quieren mudarse a Panamá. Ninguna ha puesto un pie en el país, pero es el espejismo de riqueza rápida lo que las llama. Empiezan así a trazar un proyecto económico de grandes dimensiones que evocan a los Panamax, buques inmensos que tienen el tamaño máximo permitido para pasar por el famoso Canal centroamericano.

De allí deriva el proyecto del escritor y dramaturgo venezolano Ibsen Martínez, que regresa a las tablas del país con su obra Panamax, una sátira de grandes dimensiones que trata la ambivalencia moral del venezolano con un humor sangriento. La grandeza de la pieza no solo recae en el hecho de que su autor la considere una de las mejores que haya escrito hasta la fecha, sino también su puesta en escena en el momento económico que atraviesa el país.

Con todas las de la ley, Panamax es una obra pensada para hacerse en teatro. Es por eso que el Centro Cultural Chacao será el espacio de encuentro. Uno de los mayores atractivos de la pieza, señala el autor, no solo es el trabajado guion, sino también la magia que transmitirá una obra escenificada en un espacio concebido para hacer este arte.

Con su nueva pieza, Martínez busca desligarse del «kármico» Por estas calles y ser reconocido en su país por lo que lo reta intelectualmente y lo que más disfruta hacer: el teatro.

¿Es Panamax una reedición de Por estas calles?

En absoluto. Es algo muy distinto y muy diferente y se acerca mucho más en lo formal a lo que comencé a hacer en mi anterior obra teatral, que se llamó Petroleros Suicidas. Es una comedia de humor negro y tiene una unidad de tiempo y espacio que la televisión no tiene. Me gusta pensar que el teatro es mucho más exigente que la televisión y es así, porque cuentas con mucho menos tiempo que una serie para ventilar tu historia.

Es satírica, de un humor muy sangriento ambientada en la Venezuela actual, que pone en juego a cuatro personajes que interactúan entre ellos a partir de sus planes económicos. La circunstancia casual es que todos ellos ven en Panamá una especie de espejismo económico.

¿Qué diferencia hay entre el venezolano de aquella época (los años ’90) y el de esta?    

Panamax fue escrita entre 2013 y 2016, ambientada en la Caracas de hoy. Por estas calles es un karma, he escrito libros y obras teatrales, pero para mis compatriotas siempre seré conocido por una telenovela. Me parece que la escritura dramática para la televisión es de ínfima calidad y no pone en juego ningún talento especial para ningún escritor. Yo pienso que escribir para la televisión es una maldición, pero está el refugio del arte que es en este caso el teatro.

Lo que me interesa es la fábula y la moraleja. Se trata de un motivo muy venezolano como país populista, que es la obsesión por crear esa riqueza rápida sin crearla verdaderamente, sin tener idea de cómo se crea en verdad. Ese rasgo es característico de los petroestados.

¿Cuáles son esos mitos que rodean la “diáspora” venezolana?

Está el modo como las representaciones mentales de muchos venezolanos contemporáneos se refleja en Panamá. Panamax me vino sugerida porque hace varios años tres mujeres, por separado y que no se conocían, me comentaron cuales eran sus planes económicos en lo inmediato. Las tres se describían a si mismas como emprendedoras y en cada uno de los planes figuraba Panamá como un proyecto clave porque está atravesando un boom vinculado a la ampliación del canal.

Ninguna había visitado Panamá: Tenían una idea solo figurativa e imaginaria. Es como una especie de espejismo económico. El llamado sueño americano. Por eso empecé a escribir una pieza que me permitiera dilucidar esa circunstancia tan curiosa, escudriñar ese juego de relaciones que se entabla entre ellas. Sin embargo, la obra no transcurre en Panamá ni tiene nada que ver con la diáspora política, sino cómo planear un proyecto económico personal.

¿Por qué esta obra en este momento?

Porque encontró el momento adecuado para hacer algún tipo de sátira política. Muchas veces hay una pieza teatral que está contigo engavetada en una época. En este caso, la estrenamos en esta fecha porque yo tengo la costumbre de leerle mis piezas teatrales a un puñado de amigos. Uno de ellos fue Carlota Vivas, que me hizo unas observaciones pertinentes. Más cuesta abajo y menos deliberado fue tratar de llevar Panamax a escena.

Gracias al empuje de Carlota y al apoyo del Centro Cultural Chacao logramos interesar a un elenco de primera línea y conseguir recursos para afrontar los ensayos. Fuimos poco a poco reclutando gente que se mostró empecinada para hacer una obra teatral con todos los hierros. Yo pensé que no iba a tener los recursos para hacerlo. Es un milagro que podamos llevarla a escena, tal como podían desplegarse recursos en los años ’70. Todo esto fue sin ninguna subvención estatal.

Se dice que considera Panamax como una de sus mejores obras

Es una pieza que he podido meditar mucho en cuanto a su estructura. Nada hay tan idiosincrático para el teatro como un grupo de actores que están esperando la pieza. Yo me considero afortunado porque siempre mis piezas han contado con elencos y productores que se han interesado muy rápidamente en ellas.

Cuando uno escribe, lo hace en solitario y durante muchísimo tiempo sin que le autor tenga la menor ocasión de poner a prueba si su creación tiene o no el efecto que imagina. La relación con un elenco y con un director te ayuda a mejorar el texto. Panamax es una de las piezas en la que he logrado ese equilibrio entre lo estrictamente dramático y lo descaradamente satírico. Estoy bastante satisfecho con la pieza.

¿Por qué vive en Bogotá?

Mi profesión durante mucho años fue la de guionista de televisión. Dejé de escribir porque me aburre una telenovela, me parece una actividad intelectualmente poco exigente. En 1992 me aparté de la televisión, pero en 2011 me tentó una casa productora que tiene su filial aquí en Bogotá. Esa es una de las razones, pero ya no para escribir telenovelas, sino series breves. Ninguna de las que he escrito hasta ahora han salido al aire. También la casa productora me exige que esté aquí.

Yo conozco Colombia desde hace más de 35 años. Tengo una relación muy aceitada con el mundo literario y periodístico. No me resultó difícil venir de Caracas a Bogotá. También estoy aquí como corresponsal de El País, como asesor editorial del periódico y como columnista semanal.

¿Cómo ve el teatro venezolano actualmente?

Hay una gran actividad teatral. Comparto la afirmación de que hay un boom del teatro, muy digna de elogios porque no hay incentivos de materiales para hacerlo. El teatro es una actividad nocturna. En todas las grandes ciudades en donde se desarrolla, el teatro es un entretenimiento cultural que viene después de la cena, como en el caso de Buenos Aires.

En los ’70, Venezuela se benefició de un verdadero boom de talento, pero también de un gran incentivo que brindaba el Estado con las subvenciones. Creó en Caracas un gusto por la actividad teatral que no hemos abandonado, pero el teatro no solo no ha sido bien tratado por las instituciones estatales, sino tampoco por las privadas que lo llevan adelante.La mayoría de las salas en donde se hace teatro no fueron construidas especialmente para ello, sino que son edificios corporativos como el del BOD o salas de cine transformadas que no tiene tramoya ni luces.

Lo llamativo es que esa intensa actividad se desarrolla sin que haya un substrato que lo permita hacer cabalmente.

Los textos son de ínfima calidad y todos recurren más o menos al mismo esquema, no son precisamente material para una antología teatral. A lo mejor la edad me hace ver el teatro de la otra época más brillante; pero creo que lo que hemos ganado en intensidad, lo hemos perdido en profundidad. Sin embargo, el público se ha mantenido muy leal y consecuente con un género que no está pasando su mejor momento.

LA HUMANIDAD · 1 DICIEMBRE, 2022

La riqueza fácil y el sueño panameño llegan a las tablas con «Panamax»

Texto por Julett Pineda Sleinan | @JulePineda

Tres mujeres que no se conocen y se hacen llamar a sí mismas emprendedoras, tienen algo en común: Quieren mudarse a Panamá. Ninguna ha puesto un pie en el país, pero es el espejismo de riqueza rápida lo que las llama. Empiezan así a trazar un proyecto económico de grandes dimensiones que evocan a los Panamax, buques inmensos que tienen el tamaño máximo permitido para pasar por el famoso Canal centroamericano.

De allí deriva el proyecto del escritor y dramaturgo venezolano Ibsen Martínez, que regresa a las tablas del país con su obra Panamax, una sátira de grandes dimensiones que trata la ambivalencia moral del venezolano con un humor sangriento. La grandeza de la pieza no solo recae en el hecho de que su autor la considere una de las mejores que haya escrito hasta la fecha, sino también su puesta en escena en el momento económico que atraviesa el país.

Con todas las de la ley, Panamax es una obra pensada para hacerse en teatro. Es por eso que el Centro Cultural Chacao será el espacio de encuentro. Uno de los mayores atractivos de la pieza, señala el autor, no solo es el trabajado guion, sino también la magia que transmitirá una obra escenificada en un espacio concebido para hacer este arte.

Con su nueva pieza, Martínez busca desligarse del «kármico» Por estas calles y ser reconocido en su país por lo que lo reta intelectualmente y lo que más disfruta hacer: el teatro.

¿Es Panamax una reedición de Por estas calles?

En absoluto. Es algo muy distinto y muy diferente y se acerca mucho más en lo formal a lo que comencé a hacer en mi anterior obra teatral, que se llamó Petroleros Suicidas. Es una comedia de humor negro y tiene una unidad de tiempo y espacio que la televisión no tiene. Me gusta pensar que el teatro es mucho más exigente que la televisión y es así, porque cuentas con mucho menos tiempo que una serie para ventilar tu historia.

Es satírica, de un humor muy sangriento ambientada en la Venezuela actual, que pone en juego a cuatro personajes que interactúan entre ellos a partir de sus planes económicos. La circunstancia casual es que todos ellos ven en Panamá una especie de espejismo económico.

¿Qué diferencia hay entre el venezolano de aquella época (los años ’90) y el de esta?    

Panamax fue escrita entre 2013 y 2016, ambientada en la Caracas de hoy. Por estas calles es un karma, he escrito libros y obras teatrales, pero para mis compatriotas siempre seré conocido por una telenovela. Me parece que la escritura dramática para la televisión es de ínfima calidad y no pone en juego ningún talento especial para ningún escritor. Yo pienso que escribir para la televisión es una maldición, pero está el refugio del arte que es en este caso el teatro.

Lo que me interesa es la fábula y la moraleja. Se trata de un motivo muy venezolano como país populista, que es la obsesión por crear esa riqueza rápida sin crearla verdaderamente, sin tener idea de cómo se crea en verdad. Ese rasgo es característico de los petroestados.

¿Cuáles son esos mitos que rodean la “diáspora” venezolana?

Está el modo como las representaciones mentales de muchos venezolanos contemporáneos se refleja en Panamá. Panamax me vino sugerida porque hace varios años tres mujeres, por separado y que no se conocían, me comentaron cuales eran sus planes económicos en lo inmediato. Las tres se describían a si mismas como emprendedoras y en cada uno de los planes figuraba Panamá como un proyecto clave porque está atravesando un boom vinculado a la ampliación del canal.

Ninguna había visitado Panamá: Tenían una idea solo figurativa e imaginaria. Es como una especie de espejismo económico. El llamado sueño americano. Por eso empecé a escribir una pieza que me permitiera dilucidar esa circunstancia tan curiosa, escudriñar ese juego de relaciones que se entabla entre ellas. Sin embargo, la obra no transcurre en Panamá ni tiene nada que ver con la diáspora política, sino cómo planear un proyecto económico personal.

¿Por qué esta obra en este momento?

Porque encontró el momento adecuado para hacer algún tipo de sátira política. Muchas veces hay una pieza teatral que está contigo engavetada en una época. En este caso, la estrenamos en esta fecha porque yo tengo la costumbre de leerle mis piezas teatrales a un puñado de amigos. Uno de ellos fue Carlota Vivas, que me hizo unas observaciones pertinentes. Más cuesta abajo y menos deliberado fue tratar de llevar Panamax a escena.

Gracias al empuje de Carlota y al apoyo del Centro Cultural Chacao logramos interesar a un elenco de primera línea y conseguir recursos para afrontar los ensayos. Fuimos poco a poco reclutando gente que se mostró empecinada para hacer una obra teatral con todos los hierros. Yo pensé que no iba a tener los recursos para hacerlo. Es un milagro que podamos llevarla a escena, tal como podían desplegarse recursos en los años ’70. Todo esto fue sin ninguna subvención estatal.

Se dice que considera Panamax como una de sus mejores obras

Es una pieza que he podido meditar mucho en cuanto a su estructura. Nada hay tan idiosincrático para el teatro como un grupo de actores que están esperando la pieza. Yo me considero afortunado porque siempre mis piezas han contado con elencos y productores que se han interesado muy rápidamente en ellas.

Cuando uno escribe, lo hace en solitario y durante muchísimo tiempo sin que le autor tenga la menor ocasión de poner a prueba si su creación tiene o no el efecto que imagina. La relación con un elenco y con un director te ayuda a mejorar el texto. Panamax es una de las piezas en la que he logrado ese equilibrio entre lo estrictamente dramático y lo descaradamente satírico. Estoy bastante satisfecho con la pieza.

¿Por qué vive en Bogotá?

Mi profesión durante mucho años fue la de guionista de televisión. Dejé de escribir porque me aburre una telenovela, me parece una actividad intelectualmente poco exigente. En 1992 me aparté de la televisión, pero en 2011 me tentó una casa productora que tiene su filial aquí en Bogotá. Esa es una de las razones, pero ya no para escribir telenovelas, sino series breves. Ninguna de las que he escrito hasta ahora han salido al aire. También la casa productora me exige que esté aquí.

Yo conozco Colombia desde hace más de 35 años. Tengo una relación muy aceitada con el mundo literario y periodístico. No me resultó difícil venir de Caracas a Bogotá. También estoy aquí como corresponsal de El País, como asesor editorial del periódico y como columnista semanal.

¿Cómo ve el teatro venezolano actualmente?

Hay una gran actividad teatral. Comparto la afirmación de que hay un boom del teatro, muy digna de elogios porque no hay incentivos de materiales para hacerlo. El teatro es una actividad nocturna. En todas las grandes ciudades en donde se desarrolla, el teatro es un entretenimiento cultural que viene después de la cena, como en el caso de Buenos Aires.

En los ’70, Venezuela se benefició de un verdadero boom de talento, pero también de un gran incentivo que brindaba el Estado con las subvenciones. Creó en Caracas un gusto por la actividad teatral que no hemos abandonado, pero el teatro no solo no ha sido bien tratado por las instituciones estatales, sino tampoco por las privadas que lo llevan adelante.La mayoría de las salas en donde se hace teatro no fueron construidas especialmente para ello, sino que son edificios corporativos como el del BOD o salas de cine transformadas que no tiene tramoya ni luces.

Lo llamativo es que esa intensa actividad se desarrolla sin que haya un substrato que lo permita hacer cabalmente.

Los textos son de ínfima calidad y todos recurren más o menos al mismo esquema, no son precisamente material para una antología teatral. A lo mejor la edad me hace ver el teatro de la otra época más brillante; pero creo que lo que hemos ganado en intensidad, lo hemos perdido en profundidad. Sin embargo, el público se ha mantenido muy leal y consecuente con un género que no está pasando su mejor momento.

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