La Guaira full de propaganda oficialista y en Caraballeda familias no paran de buscar a los suyos

Mientras abunda la propaganda en La Guaira, en Residencias Caribe aún faltan más de 70 cuerpos por rescatar.

Las paredes de Vargas que resistieron a los terremotos, casi dos meses después, están cubiertas con propaganda gubernamental. El logo de Venezuela Renace está en cada rincón: en el distribuidor El Trébol, en Maiquetía, en la zona del aeropuerto y en cualquier espacio en blanco que pueda usarse para imprimir la propaganda oficialista.

El programa de gobierno restaura viviendas y edificios afectados por el terremoto en zonas de la parroquia Carlos Soublette, y a medida que avanzan las labores de restauración, los murales con la propaganda se multiplican. Pero a menos de diez kilómetros de allí, en la urbanización Caribe, parroquia Caraballeda, una de las más afectadas por los sismos, cientos de familias continúan buscando a sus seres queridos entre los escombros y denuncian que el Estado no ha respondido con personal profesional suficiente para encontrarlos.

El edificio Residencias Caribe tenía 400 apartamentos repartidos entre las torres A, B, C y D. Según cuentan los propios residentes, allí vivían más de mil personas antes del doblete sísmico. Mari Laya, de 42 años de edad, no vivía en el edificio, pero su esposo Salvador Oviedo, de 50 años, tenía un local de comida en la planta baja y se encontraba trabajando en el sitio el día de la tragedia. Desde entonces, ella intenta llegar hasta donde quedó atrapado su cuerpo. También perdió su vivienda en Tanaguarena y ahora pernocta en casa de su madre.

Laya relató que, durante buena parte de estos 57 días, los propios vecinos han tenido que organizarse para poder buscar a sus familiares. “Hubo un tiempo que no teníamos quien nos buscara los cuerpos, entonces era esperar a que alguien sacara a su familiar para pedirle que nos ayudara a buscar el nuestro”, contó a Efecto Cocuyo la tarde de este jueves 20 de agosto.

Sobre el uso de maquinaria pesada para remover los escombros, la mujer explicó que no ha realizado pagos fijos, sino que el gasto se ha cubierto con donaciones y préstamos comunitarios, pues la mayoría de los vecinos perdieron todo su patrimonio. Añadió que, por razones de seguridad, el acceso a la zona de rescate se le ha hecho más difícil debido a su situación como madre soltera de dos niñas.

El vecino que asumió las labores de rescate

Juan Andrade, de 28 años, vivía en Residencias Caribe desde hace unos 12 años y se convirtió en una de las personas que más participa en las labores de rescate tras los terremotos. Con ayuda de vecinos logró sacar con vida a nueve personas y a un gato, además de contribuir en la recuperación de decenas de cuerpos.

“Los primeros días fueron desesperantes, porque nadie está preparado para pasar este tipo de situaciones, mucho menos con familiares todavía atrapados”, dijo.

Según contó, la ayuda institucional tardó entre tres y cuatro días en llegar tras el sismo, y solo se activó después de que un video suyo, grabado por una reportera internacional, circuló en redes sociales. A partir de ahí llegaron militares, bomberos y personal de obras públicas, aunque Andrade precisó que no todos los efectivos desplegados participan activamente en las labores.

Aseguró que un sondeo reciente con cámaras y drones permitió estimar que aún quedan entre 72 y 73 personas por rescatar en la zona, aunque la cifra podría variar por fallas técnicas del equipo. El joven explicó que el nivel de agua en el sótano del edificio volvió a subir en los últimos días, lo que complica el acceso a las áreas colapsadas.

“Necesitamos que traigan motobombas a la zona y más personal de ayuda; todavía tenemos posibilidades porque hay marcas que no coinciden con los cuerpos ya recuperados”, pidió.

Al cierre de esta nota, el conteo de fallecidos ubicados en Residencias Caribe llegaba a 40, entre ellos Ivar Escobar, residente del edificio, cuyo cuerpo fue recuperado el día anterior a esta entrevista.

Voluntarios sostienen lo que el Estado no cubre

En las OPP de la urbanización Caribe los vecinos también continúan acompañando las labores de rescate. María González, residente de la zona, contó a Efecto Cocuyo que se mantiene junto a otros vecinos apoyando la recuperación de cuerpos.

“Ha sido difícil, pero yo estoy aquí ayudando a mis vecinos a tratar de recuperar los cuerpos de sus familiares. Es una situación muy difícil y ya casi se cumplirán dos meses desde los terremotos”, contó.

González dijo que el último cuerpo recuperado en la zona correspondía a una mujer que hasta el momento no había sido identificada y fue llevada por las autoridades a la morgue improvisada de Los Silos.

A pesar de que la ayuda ha disminuido con el paso de los días, todavía hay quienes se mantienen firmes en las labores de apoyo en La Guaira. Un ejemplo de ello es Geraldin Cubillán, entrenadora física conocida en la zona, quien se convirtió en una de las voluntarias que ha sostenido la hidratación y alimentación de los equipos de rescate desde el primer día. A pesar de haber sufrido pérdidas propias por el sismo, continúa llevando bebidas de papelón con limón, comida y avena caliente a quienes trabajan en la remoción de escombros.

“Nosotros también sufrimos pérdidas, pero eso no bastó para detenernos; nuestra fuerza es ayudar a los rescatistas”, afirmó Cubillán.

La entrenadora explicó que sostiene esta labor gracias a colaboradores que le hacen llegar dinero o insumos, e indicó que quienes deseen apoyar pueden contactarla en Instagram y TikTok a través de la cuenta @geralfitness. Sobre lo más difícil de estos 57 días, señaló que ingresar a la zona alta de las OPP sigue siendo un momento de tensión constante, incluso para los propios voluntarios.

Refugios improvisados

En el sector Playa Verde, en Catia La Mar, varias familias construyeron sus propios refugios sobre la avenida. Yanet Iriarte, de 43 años, vive, junto a sus cuatro hijos, en una carpa que desde hace dos meses resiste lluvia, sol y sereno.

Iriarte y varios de sus hijos han padecido infecciones respiratorias recurrentes, y su nieta desarrolló escabiosis y luego pulmonía. Ella es hipertensa y ha cambiado de medicamento varias veces por descompensaciones. Logró instalar un aire acondicionado en la carpa, pero no siempre puede usarlo, ya que un vehículo dañó el cableado eléctrico de la zona y no tiene recursos para comprar los cables necesarios para conectarlo a una fuente estable.

“Desde que estamos aquí no he recibido ninguna ayuda de ningún lado del gobierno. Todas las personas que nos han ayudado han sido voluntarios y familiares que mandan recursos desde afuera”, denunció.

Hace unos días, un aguacero volvió a inundarle la carpa y le dañó parte de la ropa y la comida, pero aun así Iriarte prefiere quedarse ahí antes que irse a un refugio formal, porque ya vivió eso una vez: en 1999, cuando su familia quedó damnificada, su madre esperó años por una vivienda que el gobierno nunca le dio y murió esperando.

“Yo tuve una experiencia en un refugio en el año 99 y de verdad que no me gustaría volver a pasar por eso”, aseguró.

Su esposo, mecánico que solía trabajar en Caracas, no ha podido retomar sus labores porque el vehículo con el que se trasladaba resultó dañado por el doblete sísmico. Iriarte también señaló irregularidades en la distribución de las donaciones dentro de la comunidad: “Las ayudas que llegan se las agarran los de los consejos comunales. Lo mejor es que entreguen las cosas directamente, en las manos de cada quien”.

Aunque su vivienda fue marcada con etiqueta roja, Yanet no pide una casa nueva, sino que las autoridades la ayuden con materiales para repararla, considera que la estructura aún se puede salvar. “Yo no les pido una casa, porque sé que hay gente que la necesita más que yo. Solo necesito cemento, unos bloques, arena y piedra para poder arreglar la mía”.

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Me dedico al periodismo con enfoque en derechos humanos. Hago cobertura sobre violencia en un país con pocas garantías