La Candelaria se resiste a la cuarentena cuando es fecha de cobro

CORONAVIRUS · 17 ABRIL, 2020 19:31

La Candelaria se resiste a la cuarentena cuando es fecha de cobro

Texto por María Victoria Fermín Kancev | @vickyfermin

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Un viernes de quincena no pasa desapercibido ni en cuarentena. Este 17 de abril, en La Candelaria, la gente salió a comprar comida y olvidó, por momentos, el distanciamiento social.

Desde temprano la comunidad en la zona sur de la parroquia caraqueña comenzó a activarse. Se levantaron las santamarías, se escuchaba el sonido de las motos pasar, de los carros, las cornetas, las alarmas. Los chirridos y golpes de las puertas principales de los edificios al abrir y cerrar, las llaves de los que se aventuraron a romper el confinamiento.

Por segundo día consecutivo, la Unidad Educativa Experimental Venezuela, ubicada en la avenida México, alojó un mercado improvisado que fue anunciado por líderes comunitarios de la zona. En el estacionamiento, se dispuso un área para la venta de carne y pollo, y otra para las verduras, legumbres, hortalizas y frutas.

“Señora, señora. ¡Señora, usted la de la camisa rosada!”, gritó una de las encargadas a una mujer que inspeccionaba los brócolis. Cuando captó su atención, se acercó y le echó, sin pedir permiso, antibacterial con aroma a coco en las manos.

A las 9:15 am cinco personas hacían cola para comprar proteínas; unos guardaban distancia y otros no. Entre ellos, había una pareja que usaba como tapabocas los forros para la cabecera del asiento de los carros. El resto de los que esperaban aprovechó la sombra de los árboles del patio de la escuela, que cualquier otro viernes del tercer lapso escolar estaría lleno de niñas y niños corriendo y jugando a la hora del recreo.

Los dólares ganan terreno

“¿Cuánto es eso en dólares?”, preguntó un señor mayor, alto, refiriéndose al monto total de su compra. “Treinta”, respondió la muchacha encargada de pasar el punto de venta, que llevaba la mascarilla quirúrgica guindada al cuello. El hombre sacó los billetes, tomó las bolsas y se fue.

Cada tanto alguien se acercaba a ese puesto para averiguar “¿a cómo el kilo de carne?”, y los vendedores repetían que a 450.000 bolívares el ganso y Bs. 510.000 el solomo de cuerito. El más joven de ellos aprovechó para coquetear con una clienta: “Anota ahí mi número, que si quieres te hacemos delivery. Cualquier cosa estoy a la orden”.

Cerca de las 10:00 am se oyó en la calle la voz grave que pide a los ciudadanos quedarse en casa para prevenir la propagación del COVID-19. Luego, pasó otro camión, pero esta vez con música electrónica a todo volumen.

Hacer tarea, ordenar y cantar: así viven la cuarentena los vecinos de La Candelaria

En un pequeño local de venta de charcutería, cerca del módulo de la Policía Nacional Bolivariana (PNB), la fila de compradores creció en segundos. “Graciela, ¿estás sola?”, preguntó una joven rubia a la encargada que hacía malabares entre rebanar jamón, manejar la calculadora y cobrar. Luego se abrió paso, subió un poco la santamaría, entró y tomó el punto de venta.

Una señora vestida de azul hacía la compra para su vecino, un adulto mayor. Pagó con cinco dólares y le dieron vuelto de un dólar y 20 mil bolívares. El siguiente cliente llegó en bicicleta y con un conocido se saludaron con el codo. Después, pidió un kilo de queso duro: a Bs. 430.000, alrededor de 23% más costoso que hace un mes.

Bote de agua

Este viernes, al cumplirse un mes de decretarse la cuarentena nacional, los locales de los chinos, el abasto del portugués, la frutería y la mayoría de los negocios de venta de comida en ese sector de La Candelaria estuvieron llenos y con gente afuera que esperaba para entrar.

La brisa tumbaba algunas hojas secas de los árboles, y un bote de agua recurrente en la avenida Este 0, hacía que los carros no pudieran esquivar los huecos en el asfalto.

Solo emergencias

Durante el día, algunas personas usan la escalinata del Hospital Carlos J. Bello de la Cruz Roja Venezolana para sentarse, descansar e incluso conversar. El centro asistencial tiene actualmente suspendidas sus consultas, según informa uno de sus trabajadores en la entrada.

“Solo estamos atendiendo emergencias y consultas de obstetricia entre las 9:00 de la mañana y como hasta las 2 ó 3 de la tarde”, explica. El joven, con mascarilla y guantes, aclara que los servicios son pagos aunque más económicos que en otros centros privados. Agrega que, no hacen pruebas para el diagnóstico del COVID-19 porque no son un hospital centinela.