Huir de una guerra: estudiante venezolano cuenta el fin de su viaje de Kiev a Madrid (y III)

LA HUMANIDAD · 3 MARZO, 2022 15:05

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Albany Andara Meza | @AlbanyAndara

Foto por Efe (Referencial)

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Jesús Blanco no olvida a los ucranianos que huían. Los ancianos aturdidos, la madre con los dos niños, el adolescente de quince años que viajaba solo. Desde un pueblo de España, evoca sus rostros y entonces vuelve a oír el llanto suave, el eco de bombardeos y el chirriante sonido de un tren. 

«Creo que fue en el camino a Polonia donde me di cuenta que realmente estaba escapando de una guerra. Hubo un momento en el que tenía la garganta tan seca y me preguntaba ‘¿Dónde estoy?, ¿qué estoy haciendo aquí?’. No sabía qué iba a pasar», cuenta Blanco, estudiante venezolano del Instituto Politécnico de Kiev (KPI), nacido en una pequeña localidad del estado Táchira. 

Después de escapar de Kiev, tomar un tren en Lviv y cruzar la frontera polaca, en poco más de 32 horas desde el ataque ruso a Ucrania, Blanco llegó a un aeropuerto en Varsovia, donde compró un boleto de avión con destino a Madrid. Lo recibió una ciudad nublada, envuelta en el frío invernal, pero tranquila durante el último día de febrero. 

Con los músculos entumecidos, subió a un autobús hacia Aguilar de Campoo, en la provincia de Palencia, al norte español, en la comunidad autónoma de Castilla y León. Así recorrió 357 kilómetros, todavía deshidratado. Al bajarse, lo esperaba un rostro familiar. Para el 3 de marzo se encuentra a salvo en casa de una prima y rememora todo lo que dejó atrás y que no verá nuevamente, al menos por ahora.

«Me voy a quedar en España y ver cómo surgen las cosas. Es la mejor opción. En Ucrania está muy complicado. La universidad canceló las clases. Y por más que se acabe la guerra, va a tomar un tiempo que todo vuelva a la normalidad», expresó a Efecto Cocuyo

El 24 de febrero Rusia anunció una operación militar en Ucrania. El país está bajo fuego continuo desde entonces. Según la Agencia de la ONU para los Refugiados (Acnur), este 3 de marzo el número de desplazados que escapan del país europeo asciende al millón de personas. 

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Jesús todavía se pregunta qué habrá sido del joven ucraniano que estaba de pie en el vagón, en el tren de Lviv a Polonia. Se acuerda perfectamente de él, de su mirada azul y dolorosa. Era muy alto y parecía un veinteañero perdido. Pero cuando Blanco se acercó, por pura curiosidad, a preguntarle por qué no se había quedado en el frente militar, el muchacho lo miró y se encogió de hombros.

«Tengo quince años», murmuró. 

Al aproximarse, Jesús reconoció rasgos todavía infantiles en su rostro. Advirtió que era el agotamiento lo que lo hacía lucir mayor. El adolescente viajaba solo: su única familia, su padre, se había quedado a pelear para evitar la invasión de tropas rusas. Sin un sitio a dónde ir, el hijo miraba a través de la ventanilla, con los ojos azules empañados de angustia.

Todos los hombres nacidos en Ucrania, que tengan entre 18 y 60 años de edad, deben quedarse a defender el país, según informó el gobierno. Acnur estima que, si el conflicto sigue, en las próximas semanas cuatro millones de civiles abandonarán la nación. 

«Me contó que su papá era militar y que había ido a la guerra, pero antes le dijo a él que saliera del país», explicó Jesús Blanco. 

En algún momento del trayecto a la frontera polaca, el tachirense terminó cediendo su asiento en el tren a un adulto mayor. Varios jóvenes, como él, viajaron parados por trece de las veintidós horas que tardaron en llegar a Polonia. Decenas de ancianos se acurrucaban, solitarios, mientras cargaban con pequeños bolsos.

Una mujer, que sostenía a dos niños, miró a Jesús, supo de inmediato que era extranjero y le dio ánimos. Le sonrió con gesto maternal y entabló una conversación con él, que el venezolano siguió como pudo, en una mezcla entre inglés y ucraniano. Ella parecía calmada, pero apretaba a sus hijos con fuerza, como si temiera que la guerra también pudiera arrebatárselos.  

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Mano amiga

La madre acompañó a Blanco hasta la frontera polaca, donde se les daba mayor prioridad a los refugiados ucranianos. A los estudiantes de otros países los estaban organizando a un lado.

«Él viene conmigo», le dijo la mujer a los guardias y estos sellaron el pasaporte del venezolano con rapidez. Después de agradecerle por haberle ahorrado horas de espera, Jesús se despidió de la pequeña familia.  

«Nos dimos los números. Ella me escribe y estuvo muy pendiente de mí. Cuando llegué, le avisé. Me dice que, cuando todo acabe, tengo que ir a visitar su país de nuevo», narra Jesús, desde Aguilar de Campoo. 

Afirma que no se topó con ningún ciudadano de Venezuela en su travesía. Supo, a través de WhatsApp, que todos sus compañeros hispanos del Instituto Politécnico de Kiev (KPI) lograron salir con éxito de territorio ucraniano. 

Venezolanos en Ucrania

«En cada viaje que hacía me encontraba con grupos de diferentes personas. Algunos se quedaron en Lviv, otros en Polonia, otros querían llegar hasta Grecia y otros a Rumanía. Cada quien busca su rumbo, donde se sienta más seguro y tenga la oportunidad de ir», comenta Blanco. 

Aún no se sabe cuántos venezolanos quedan en Ucrania. Johan Obdola, analista, experto en seguridad y coordinador de evacuación, comentó a Efecto Cocuyo que se estiman entre 100 y 200 actualmente.

«No está claro cuántos venezolanos han recibido los embajadores del gobierno interino. La gran interrogante siguen siendo cuántos venezolanos están atrapados en Kiev, la capital. El gobierno no tiene cifras, pues su enfoque es la defensa de la nación», dijo.