De la esperanza a la despedida: a 9 días del terremoto varguenses siguen buscando a los suyos
Los equipos de rescate siguen recorriendo los escombros en busca de vida

La tarde del jueves 2 de julio, ante las ruinas de lo que fue la residencia Mar de Leva —en Los Corales, parroquia Caraballeda—, un grupo de vecinos esperaba noticias sobre posibles señales de auxilio provenientes del edificio colapsado por los terremotos. La esperanza había reavivado los ánimos de la comunidad, que desde el día siguiente de los sismos comenzó la búsqueda por sus propios medios.
Al lugar llegó un equipo de rescate francés para desplegar tecnología de punta e intentar hallar cualquier pista que confirmara la presencia de sobrevivientes atrapados en la estructura; una fe alimentada porque, durante la mañana, los rescatistas lograron sacar con vida a una perrita llamada Holly.
Sin embargo, la ilusión se apagó este viernes 1 de julio. Los familiares de Jesús Guedez, de 65 años, y de Abraham Guedez, de 20 años y bajo la condición del espectro autista, fueron informados por los equipos de rescate de que bajo los escombros del Mar de Leva ya no hay señales de vida.
Andrea Guedez, de 36 años, esperaba sentada bajo lo que quedaba de la entrada del edificio. Su padre vivía allí junto a su esposa, su hijo y su suegra. La esposa se salvó por encontrarse en un viaje de trabajo, pero la suerte del resto de la familia fue distinta.

El 1 de julio, los rescatistas lograron sacar de entre los escombros el cuerpo de la suegra, Dunia Medina. Fue la que más resistió; las autoridades le explicaron a la familia que, por el estado de su cuerpo, Dunia tenía menos de 24 horas de haber fallecido.
“Hubo señales de vida, los rescatistas escucharon respiración y movimiento. Sacaron a la suegra de mi papá con pocas horas de haber muerto; su cuerpo estaba intacto, no tenía ni un moretón. Ella tenía un potecito de agua en la mano y seguramente eso la ayudó, y hasta le dio de tomar a la perrita”, relató Andrea.
“Ahora bajo los escombros sigue mi papá y mi hermano”, continuó.
Ante la falta de insumos iniciales, Andrea recurrió a las redes sociales para visibilizar la situación. Gracias al apoyo de los usuarios, logró coordinar la llegada de un grupo de rescatistas voluntarios que se sumó a las labores de búsqueda de su familia y al apoyo de los demás vecinos.
“Los primeros días fue difícil conseguir ayuda, no teníamos un pico ni una pala; el apoyo llegó días posteriores. Por acá han pasado más de 15 grupos de rescate. Se hicieron pruebas de vida, pero no encontraron. Pasaron todos, pero no dieron rastro”, explicó Guedez.
Natasha espera recuperar el cuerpo de su hermano
En La Guaira, a medida que pasan los días, la esperanza de hallar sobrevivientes disminuye. Entre los vecinos y allegados se asume con crudeza que las labores de remoción de escombros ya tienen como fin recuperar los cuerpos para darles una despedida digna.
Natasha Guerrero, de 59 años, es una de las personas que espera desde hace más de cinco días respuestas sobre su hermano Alfonso Guerrero, un médico ginecobstetra de 71 años. Cuando ella llegó al lugar, los habitantes de las residencias Tahití —en Caraballeda, donde su hermano vivía solo desde hacía dos décadas— le explicaron que el médico llegó a pedir auxilio. Sin embargo, el colapso de la estructura impidió que quienes iniciaron las primeras tareas de rescate pudieran sacarlo.

“Al día siguiente (de los sismos), los vecinos me dijeron que como a las 9:00 de la mañana mi hermano todavía continuaba hablando. Si me lo hubiesen auxiliado, quizás estuviera vivo ahorita, ¿me entiendes? Ahora ni lo buscan ni nada; la búsqueda está concentrada en un solo sitio. Eso ocurrió el 24, él hablaba el 25, y hoy es fecha 3 de julio y no han llegado hasta donde está mi hermano”, reclamó la mujer.
En El Tahití no había señales de vida
La posibilidad de un nuevo rescate milagroso concentró la atención de los medios en el edificio Tahití, luego de que el pasado miércoles fuera extraído con vida Hernán Gil en un otra edificación colapsada en Playa Grande. La expectativa aumentó ante el reporte de que un niño llamado Fabián presuntamente también había dado señales de supervivencia en el lugar.
Sin embargo, tras las inspecciones de los equipos de rescate de Portugal, México y El Salvador, no se detectaron nuevos signos de auxilio.
“Hasta las 11 de la mañana nosotros no pudimos encontrar señales de personas con vida en esa edificación”, explicó a Efecto Cocuyo un portavoz de la delegación portuguesa.
Más tarde, a las 4:40 de la tarde, un socorrista salvadoreño coincidió con ese diagnóstico: “Allí está la delegación mexicana nuevamente verificando si hay alguien con vida, pero la verdad es que ya allí no hay nadie”, declaró el rescatista a este medio de comunicación.

En Los Silos continúa el hermetismo
En Los Silos, en la parroquia La Guaira, tras la catástrofe, las autoridades improvisaron una morgue para centralizar el traslado de las víctimas, ante el colapso de las morgue del hospital José María Vargas y del Periférico de Pariata.
El acceso al recinto se mantiene restringido y bajo un estricto hermetismo por parte de los efectivos de la Guardia Nacional, quienes argumentaron a Efecto Cocuyo no estar autorizados para ofrecer balances sobre la cifra de fallecidos que ingresan al lugar.

A pesar del control institucional, un funcionario policial confirmó que los cuerpos siguen llegando diariamente, aunque sostuvo que la organización interna ha mejorado para agilizar los trámites.
Esta gestión contrasta con lo que ocurre a las afueras de la instalación, donde funerarias privadas cobran hasta 150 dólares por la movilización de los cadáveres, aunque los primeros días pudimos confirmar que estas llegaron a cobrar hasta 500 dólares por los servicios.
Si bien el traslado oficial desde la morgue improvisada es gratuito, algunas familias han optado por costear servicios particulares o recurrir a pólizas de seguro funerario previamente contratadas.
