Daños al medioambiente en Venezuela incrementan con políticas antiecológicas, según expertos

LA HUMANIDAD · 22 ABRIL, 2020 10:27

Daños al medioambiente en Venezuela incrementan con políticas antiecológicas, según expertos

Texto por Isabella Reimí │@isabellareimi Fotos por Galería Wikipedia

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La lucha medioambiental pasa desapercibida en un país víctima de la crisis humanitaria compleja. El cambio climático, el incumplimiento de las leyes ambientales por parte de sectores de la economía informal y las políticas gubernamentales antiecológicas constituyen una amenaza para todos los ecosistemas que convergen en Venezuela. Mientras tanto, los constantes ataques hacia la academia nublan el conocimiento de un país que solo ha estudiado el riesgo del 2% de sus especies.

Este 22 de abril todos los países celebran el Día de la Tierra, una fecha que busca crear conciencia común a los problemas de la sobrepoblación, la producción de contaminación y la conservación de las especies. Pero en Venezuela la biodiversidad se encuentra en riesgo.

De acuerdo a las estimaciones de la organización Provita, que recoge en sus ediciones del Libro Rojo los estudios de los expertos venezolanos de fauna y flora, Venezuela cuenta aproximadamente 200 mil especies diversas. Esto la hace uno de los 17 países “megadiversos” en el planeta. Específicamente, ocupa el puesto número 7 en esta lista, de acuerdo con las Naciones Unidas.

En la última edición del Libro Rojo (2015) apenas se logró evaluar el riesgo que corren 4 mil especies de la fauna, entre las cuales se estudiaron a profundidad aves, anfibios, reptiles y mamíferos y algunas especies de peces y animales invertebrados. Esto constituye un 2% de las especies. Sin embargo, de estas miles, todavía hay muchas inexploradas, por lo que el porcentaje pudiera aumentar.

De esa cifra, se ha verificado que un octavo de las especies está bajo amenaza y de otro octavo no se conocen los riesgos, porque la información es inaccesible. En conjunto conforman un cuarto (1.000 casos dentro del estudio) de especies vulnerables, que tienden a encontrarse en las cordilleras.

¿Qué significa megadiversidad?

No solo se trata de sus miles de especies. Venezuela es un país megadiverso por la cantidad de ecosistemas que convergen en sus localidades. El hotspot de la diversidad, como lo llama Marijul Narváez, profesora de la Universidad Central de Venezuela (UCV) y bióloga investigadora de la organización Río Verde.

“Es en la franja tropical, donde los ecosistemas son tan disimiles y están tan juntos, que las especies son bastantes diversas”, explicó.

La estrofa de la canción popular que acunó a los venezolanos, cobra sentido en esta explicación científica: soy desierto, selva, río y volcán.

En el territorio convergen llanos, sabanas (inundables y no inundables), morichales, monte andino y los tepuyes del escudo guayanés. Además, Venezuela cuenta con 900 mil kilómetros cuadrados de territorio marino costero en donde se juntan coralinos, manglares, albuferas, pantanales y lagunas hipersalinas, siendo las últimas una mezcla de ambientes “dulces y salados”, como los platos típicos del país.

En estos espacios “constantemente hay un recambio”, dijo la bióloga “son tan dinámicos que no alcanzamos a estimar la cantidad de especies que todos los días aparecen y desaparecen.”

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Laguna de Sinamaica. Foto por Emma Salas Porto

De acuerdo a la experta esto implica una riqueza en las infinitas posibilidades en recursos inexplorados.

“Los recursos que más cuidan los países en el mundo son los recursos genéticos porque no sabemos los beneficios que se pueden obtener de las especies. Debemos valorar nuestra megadiversidad y proteger nuestras especies, porque son nuestros recursos”.

Narváez teme que muchos de estos sistemas “colapsen” cuando alcancen su máxima capacidad de proteger a las especies, sobre todo las endémicas, que son propias de ciertos espacios de Venezuela y no podrían sobrevivir en ambientes distintos.

Para evitar este fenómeno, advierte como necesarias mejores medidas gubernamentales y ampliar la conciencia medioambiental de los ciudadanos.

Los riesgos: degradación de cobertura boscosa

Para este Día de la Tierra, la Sociedad Venezolana de Ecología presta atención a la gestión y la calidad del agua, el manejo de desechos y la exposición a la contaminación, y, sobretodo, a la degradación de cobertura boscosa.

Vilisa Morón Zambrano, presidenta de esta sociedad fue especialmente enfática con la deforestación del al menos mil kilómetros del Arco Minero del Orinoco (AMO) y la degradación de 400 hectáreas del Parque Canaima.

El Cerro Aracamuni, en el estado Amazonas, también cuenta con 60 hectáreas en condición de degradación.

En opinión de expertos, la “minería ecológica” de la que habla el estado venezolano, no existe. La extracción minera, ya sea legal o ilegal, liquida masivamente las especies de la zona explotada, muchas veces sin advertir de su mismo impacto medioambiental como exige la ley, y en consecuencia impide a los académicos el estudio de las especies que ahí hacen vida.

De acuerdo con Morón, este impacto se debe a la “política abrasiva y extractivista” del gobierno bolivariano “en lugar de buscar formas de compensar y de mitigar el daño en estos espacios naturales, que tienen muchos años de deterioro”.

Voluntad política

En ese sentido, aseveró que “no hay voluntad política” para favorecer al medio ambiente.

A través de las redes sociales circula la Gaceta Oficial del 8 de abril de 2020, que ya no está disponible en la página web. En ella, una resolución del Ministerio de Desarrollo Minero “Ecológico” entrega a la Corporación Venezolana de Minería permisos para extraer metales en la región poligonal de AMO utilizando dragas.

Morón califica este decreto de “inconstitucional”, ya que no fue sancionado por la Asamblea Nacional, y de hecho contradice la Ley de Mega Reserva del Agua Dulce, Biodiversidad y del Potencial Hidroeléctrico del Sur del Orinoco y la Amazonía Venezolana.

Además, la presidenta alertó que “no hay acceso” a los estudios medioambientales que supuestamente se realizaron para otorgar el permiso.

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Periquitos en la Gran Sabana. Foto por Paolo Costa Baldi

Los parques se incendian

Uno de los mayores problemas de la degradación ambiental que advierte la Sociedad Venezolana de Ecología es la desatención en las áreas protegidas, de donde proviene el 80% del agua potable de las ciudades. De acuerdo a Morón, esta degradación es producida por la acción del hombre.

Carlos Peláez, biólogo y director del área de educación en la organización Provita explica que las causas de la degradación y la deforestación no se quedan únicamente en la minería. Los incendios de vegetación, el aumento de la frontera agrícola, las invasiones y la extracción de madera, también son causas del deterioro de los bosques.

El último de los fenómenos mencionados ha crecido en Venezuela en los últimos años, ya que, debido a la escasez de gas doméstico se ha generado una mafia en la venta de madera extraída de zonas protegidas. Cada vez son más los habitantes del interior del país que se ven obligados a cocinar con leña.

Mientras “pareciera que no nos duelen los bosques”, en palabras del experto, su colega, Ariany García, advirtió que en las investigaciones del Libro Rojo se demuestra que hay una tendencia de la fauna en peligro a encontrarse en las cordilleras de la costa y de los andes venezolanos, donde se alojan también la mayor cantidad de especies.

Además, entre el 8 y el 33% de las especies de los tepuyes están en peligro de extinguirse por cambio climático.

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Sierra La Culata. Foto por José Bonilla

Mientras tanto, los incendios forestales se propagan con cada vez más facilidad en los parques nacionales, según Marlene Sifontes, sindicalista de Instituto Nacional de Parques (Inparques). El 70% de los bomberos forestales de Inparques ha renunciado “por maltratos”, dejando el trabajo de detener los incendios en pocas manos.

Se pierden arrecifes

Estrella Villamizar, investigadora del Instituto de Zoología y Ecología Tropical de la UCV, advirtió que la biodiversidad marina en Venezuela también corre riesgo.

La experta en estudios de ecosistemas de arrecifes coralinos, corrobora que “hemos perdido muchísimo de la vida submarina asociada a corales” debido al cambio climático, que se mezcla con el impacto de los residuos que dejan las construcciones turísticas.

Según los estudios de Villamizar en las costas de Los Roques, para el año 2000 los corales cubrían en promedio el 60% de los fondos marinos. Trece años después, el fondo tenía entre 25 y 27% de cobertura coralina viva, en el sistema de arrecifes más grande del país.

Los arrecifes son el hábitat del 25% de las especies marinas, pero por el impacto ambiental, en el Caribe este porcentaje se ha reducido al 8%, de acuerdo con las indagaciones de Río Verde.

Además, “las barreras coralinas disminuyen el oleaje en las costas, amortiguan las corrientes y, por tanto, protegen a las poblaciones aledañas”, explicó Villamizar.

Archipielago Los Roques. Fotos de María Celeste Rabbat

La bióloga atribuye el deterioro al aumento de la temperatura de los mares. El dióxido de carbono ha causado un incremento de la temperatura de la atmósfera y capas superficiales de los mares, lo que ha deteriorado a su vez a los arrecifes coralinos, debido al “blanqueamiento coralino”.

A su vez, el incremento del dióxido de carbono ha causado la “acidificación del océano”, un fenómeno relacionado con el descenso en curso del pH de los océanos.

Este dióxido de carbono puede venir de los fósiles combustibles, como es el caso de Venezuela. “No puedes imaginar la cantidad de derrames petroleros que hay al día”, mencionó en la entrevista.

“En las plataformas de península de Paraguaná ves los moluscos llenos de petróleo”, comentó.

Para mitigar este impacto invitó a los ciudadanos a “evitar los tensores ambientales: no estar desechando químicos ni aguas servidas”. También llamó a desactivar las plantas termoeléctricas en donde hay corales, ya que aumentan la temperatura del agua.

Atentados académicos

Otro de los grandes retos por la lucha del cambio climático es el franco deterioro de las capacidades institucionales de la academia. El ahogo presupuestario, la eliminación total de fondos del estado para la investigación científica en las universidades y las recientes oleadas de ataques a las infraestructuras institucionales detienen la generación de conocimientos en el país.

Las instalaciones del Instituto de Oceanografía, único en el país, fueron incineradas por segunda vez en menos de un año. El pasado 17 de abril, maleantes volvieron a saquear el Núcleo de Sucre de la Universidad de Oriente e incendiaron el Instituto.

Los bomberos no pudieron resolver el problema a tiempo, impedidos por la falta de agua en el recinto, y el Ministro de Educación Universitaria, César Trompiz no se ha pronunciado hasta ahora sobre este daño al patrimonio cultural del país. Por lo cual la Asociación Venezolana de Rectores Universitarios (Averú) demandó al Ejecutivo solucionar el problema de vandalismo que asecha a la institución desde hace al menos dos años.

Este ha sido el octavo atentado en contra de una universidad autónoma apenas en un mes de cuarentena nacional.

La Sociedad Venezolana de Ecología también enfatizó que las universidades necesitan el resguardo de la Guardia Nacional, como se establece en la constitución.

“Una de las preocupaciones como científicos es el deterioro de los centros de estudio y las áreas conservadas bajo la administración de los institutos”, dijo Vilisa Morón, que citó como ejemplo al Jardín Botánico, dependiente de la UCV, en donde están en riesgo todas las muestras de plantas.

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Orquídea Sobralia. Foto por Paolo Costa Baldi

Los esfuerzos que se han hecho, y los que quedan por hacer

A pesar de la situación actual de deterioro, Venezuela alguna vez fue vanguardista de la protección de sus espacios ambientales.

Edgar Yerena, profesor del departamento de Estudios Medioambientales de la USB, recordó que desde 1930 fundamentalmente se empezó a discutir en Venezuela en torno a la necesidad de protección a la biodiversidad y desde la década de 1960 inició el sistema de áreas protegidas.

“Básicamente en Venezuela entre los parques nacionales y monumentos naturales, que logramos proteger, hasta finales de los años 80 más de un 17% de territorio nacional estaba protegido”, ilustró Yerena. En el país hay 43 parques nacionales y 36 monumentos naturales protegidos por Inparques.

El profesor rescató esos “grandes logros” de la protección del escudo guayanés y la amazonía y recordó que el país también fue pionero en la protección de los pueblos indígenas.

Sin embargo, con la “minería anárquica y desatada” son los pueblos indígenas “que eran los llamados a proteger esas grandes riquezas”, los que se encuentran más desprotegidos en este momento.

Yerena se sumó a la opinión de que proteger al medioambiente “requiere de una voluntad política y una convicción”.

Pero “en este contexto de crisis económica, hay menos recursos y voluntad política, porque siempre van a ser prioritarias otras cosas que parecen más urgentes”. Al tiempo, desmitificó que los países con una producción económica afecten en menor cantidad al cambio climático.

En la entrevista reflexionó que habría que aprovechar las leyes de protección ya existentes y “retomarlas”.

Nuestro compromiso con la Tierra empieza por el de la tierra venezolana”, concluyó en este día conmemorativo.

Foto de portada: Antolín Martínez