Saqueo, incendios y desidia gubernamental acabaron con el Instituto Oceanográfico de la UDO 

LA HUMANIDAD · 21 ABRIL, 2020 18:43

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Mariel Lozada | @marielozadab


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El sábado 18 de abril un incendio consumió una parte del laboratorio de investigaciones y de la sala de conferencias del Instituto Oceanográfico de la Universidad del Oriente. Quemó documentos, papeles y equipos, de los pocos que quedaban. Es el segundo incendio en ese edificio en menos de seis meses: en noviembre del año pasado quemaron la planta baja, donde estaba el archivo de la universidad. 

Para los bomberos de la UDO fue difícil atenderlos, pasaron más de una semana sin gasolina a pesar de estar en grupos prioritarios, y ya no pueden tener su sede en la institución porque el hampa no los deja, entonces están fuera, en la sede de los bomberos de Cumaná. Ese día, cuando vieron el humo, tuvieron que pedir incluso apoyo policial antes de ir a apagarlo. Es muy peligroso estar sin vigilancia dentro de la universidad. 

Para empezar, está totalmente a oscuras. Todo el tendido eléctrico fue robado, así como las puertas, ventanas, pupitres y mobiliarios de varios edificios, denuncia Marye Jiménez, la directora del Instituto Oceanográfico. Carlos Boada, el comandante de los bomberos UDO, lo corrobora. Entre finales del año pasado y principios de este, robaron la sede de los bomberos tres veces. Una vez, unos 10 delincuentes armados apagaron la planta que servía para iluminarlos y se llevaron casi todo, desde una moto hasta equipos usados para apagar incendios. La policía llegó una hora después. 

Querían llevarse a la sede de Cumaná lo poco que les quedaba, pero sin gasolina es complicado. Boada denuncia que el Zodi, encargado de la distribución de gasolina, incluso los ha hecho salirse de las colas para surtir. La última vez que pudieron los camiones lo hicieron pasándolos entre los de los bomberos de Cumaná. Antes de eso, pasaron una semana sin operatividad por no tener gasolina. 

Los bomberos ahora tampoco tienen el personal completo. Antes eran 15 bomberos de planta y entre 30 y 40 estudiantes que colaboraban, a los que les ofrecían comida y algo de ayuda, y voluntarios, pero sin comedor y sin sede no pueden ofrecerle mucho a los estudiantes, solo un bono de 50.000 bolívares. 

Bomberos trabajando en el incendio.

Boada explica que los incendios no pueden ser espontáneos, porque en el edifico ya no queda nada. Ni siquiera hay electricidad. La teoría que manejan en la universidad es que la gente que entra a saquear los edificios, a falta de luz, enciende mecheros para ver lo que se llevan. Se van y los dejan prendidos, lo que termina por ocasionar los incendios. 

 

Por miedo a que eso sucediera durante la cuarentena el equipo del Instituto Oceanográfico había estado resguardando equipos y documentos del laboratorio en otros sitios, pero por la escasez de gasolina y falta de espacio de almacenaje, no habían podido sacar todo, especialmente los equipos grandes. 

Su directora explica que el instituto, que el año pasado cumplió 60 años de funcionamiento, tiene una biblioteca con ejemplares únicos en Venezuela, que ahora están tirados en el suelo porque se robaron los muebles de la biblioteca. Es la única biblioteca especializada en ciencias marinas en el país. 

Todavía no saben si esos libros siguen existiendo o fueron consumidos por el incendio, porque con el país en cuarentena y la escasez de gasolina ninguno de su equipo ha podido ir a chequear. 

Tanto Boada como Jiménez denuncian que las autoridades no han prestado suficiente ayuda a la universidad, que está sumida en un estado de desidia total. “Parece que hubiera pasado un terremoto”, dice Jiménez. Ya desde el año pasado muchas de las facultades habían empezado a ver clases fuera de la sede, en otros edificios de la institución. El instituto, que enseña a 30 alumnos de máster, 10 en doctorado y unos 50 tesistas de ciencias, estaba dando clases en el Museo Marino. Después de lo que ha pasado, cree que es muy difícil que vuelvan las clases al propio edificio de la institución luego de la cuarentena. 

Pérdida irreparable para las ciencias del mar

José Ramón Delgaldo, el director de la Fundación Caribe Sur, dice que el Instituto Oceanográfico era referente en el continente y en el mundo, y que contó con grandes profesores y científicos cuando arrancó actividades, en 1959, pero la mayoría han emigrado. “Tenía equipos modernos, un laboratorio de investigación, infraestructura para la docencia. Lamentablemente, en medio de este escenario socioeconómico de una crisis humanitaria compleja, lo que está viviendo es muy negativo”. 

Desde la Fundación promueven la conservación del patrimonio ambiental y cultural de la ecoregión marina venezolana y del Caribe, pero en las condiciones actuales y con el Instituto de Oceanográfico casi cerca de un posible cierre operativo, es una tarea casi imposible. 

Le preocupa, por ejemplo, la pesca, muy ligada a las ciencias del mar. Sin laboratorio y sin recursos no pueden saber en qué estado están los recursos pesqueros, entonces la actividad se está haciendo sin control. Eso podría terminar en que los recursos pesqueros se agoten. 

El trabajo de la Fundación es totalmente voluntario, porque desde hace varios años no reciben recursos ni donaciones. A la par, empezó lo que llama el saqueo del Instituto, que no solo los dejó sin equipos y materiales; las aulas se quedaron sin aire acondicionado, sin mesas, sin impresoras. 

Actualmente, el Instituto trabaja en su boletín especializado en ciencias marinas, que tiene un convenio con 35 bibliotecas de países diferentes. La mayoría del trabajo lo hacen los investigadores desde sus casas, sin posibilidad de hacer investigación de campo, cuando antes incluso enviaban cruceros al continente o iban a hacer expediciones a la Antártica. Jiménez, optimista, dice “volveremos, como el ave Fénix”.