Con el cese del bloqueo en internet, también escribir se siente un poco más libre

Sntp insta a que todos los portales web bloqueados reciban la misma medida

Este 17 de septiembre, los redactores y editores de portales web como Efecto Cocuyo abrieron el navegador y, por primera vez en años, escribieron directamente el nombre del navegador, sin VPN, sin espejos. Sin esa sensación de estar entrando por la puerta de atrás de su propia casa. La página cargó de una, limpia, como si nunca hubiera estado escondida.

Desde 2020 (y en realidad desde años antes, con episodios intermitentes), el acceso al portal había sido una operación casi clandestina. No solo para los lectores; también para los que escriben aquí. Cada vez que necesitaban revisar un artículo, verificar un enlace, compartir una nota con un colega o simplemente ver cómo se veía el trabajo publicado, tenían que activar la VPN, buscar el mirror del momento o usar el truco que funcionara esa semana.

El bloqueo de Conatel no era solo una pared entre el medio y la gente. Era una pared que los separaba de su propio medio. Eso se sentía en el cuerpo.

En la frustración de no poder abrir tranquilamente la página desde el teléfono en una cola del Metro, en la imposibilidad de decirle a un familiar “mira lo que publicamos hoy” sin tener que explicarle cómo saltarse el bloqueo, en la conciencia permanente de que estaban escribiendo para un público que primero tenía que burlar una censura técnica.

El mismo obstáculo sufrían los colegas de El Pitazo, Runrunes, Crónica Uno, El Estímulo, Monitoreamos y tantos otros. Escribir se convertía, a veces, en un acto de resistencia logística antes que periodística; sin hablar de la rapidez en la escritura, que volvió, pues algunos VPN en los principales proveedores del país, incluyendo los de fibra óptica, se volvían una autopista congestionada en hora pico.

“El inicio del levantamiento de los bloqueos a los medios digitales es un avance en la restitución de garantías para el ejercicio de la libertad de expresión. El proceso debe alcanzar al 100 % de las páginas afectadas durante años por este tipo de censura”, ese mensaje del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa (Sntp) resume el clima de esta jornada.

Este jueves, Conatel notificó a los proveedores el restablecimiento del acceso a varios portales. Efecto Cocuyo está entre ellos. También lo están otros medios que durante años existieron en una especie de limbo digital: visibles para el mundo, invisibles para buena parte de Venezuela.

El fin de esa medida no borra lo que se vivió. No borra las audiencias que se perdieron, las historias que no llegaron a tiempo, el desgaste de trabajar bajo la certeza de que el Estado había decidido que su información no merecía circular libremente. Pero sí cambia algo fundamental: la normalidad posible, al menos momentáneamente.

Trabajar en un medio que ya no está bloqueado significa recuperar la posibilidad de que el periodismo circule sin intermediarios forzados. Significa que un ciudadano en Caracas, en Maracaibo o en un pueblo de los Llanos pueda leer lo que publican sin tener que saber qué es una VPN.

Significa que los redactores puedan revisar su propio trabajo sin sentir que están haciendo algo prohibido. Significa, sobre todo, que la libertad de información y de expresión deja de ser un privilegio técnico y vuelve a ser, al menos en este punto, un derecho que se ejerce con menos obstáculos

.No es el final del camino. El SNTP lo dice con claridad: “El desbloqueo debe ser total”. Todavía hay medios que permanecen restringidos, periodistas judicializados, leyes que castigan la palabra.

Pero hoy, en esta redacción, el silencio digital que les impusieron durante años se quebró un poco. Y eso se siente. Hoy los redactores de Efecto Cocuyo vuelven a escribir sabiendo que, al menos por ahora, el portal está de nuevo en casa y se puede escribir con más celeridad y siempre apegados al principio ético de la verdad por delante.