Carolina Briceño, la única mujer presa política que sigue tras los barrotes de la Zona 7
Carolina tiene 51 años de edad y padece de hipertensión y otras patologías médicas que empeoran mientras transcurre el tiempo en prisión
La salud de Carolina Briceño depende de una pastilla para la tensión arterial que el Estado no le suministró durante sus primeros 40 días de encierro. Cuando su hijo Wilfredo Torres logró verla por primera vez en enero de 2026 la encontró con una pérdida de peso severa y la piel amarillenta.
Briceño, de 51 años de edad, padece hipertensión arterial crónica, una condición que requiere medicación diaria para evitar complicaciones cardiovasculares. Es la única mujer detenida por motivos políticos que aún permanece en el centro de reclusión de la Policía Nacional Bolivariana (PNB), conocido como Zona 7, en Boleíta, al este de Caracas. El resto de las mujeres que compartían su espacio recibieron medidas de libertad o traslados.
La rutina de Briceño en el calabozo transcurre ahora en una soledad que no experimentó al inicio de su detención. Tras la reciente excarcelación de sus compañeras de celda en febrero, el aislamiento perpetuó su deterioro emocional.
Carolina ocupa la mayor parte del día en las labores de cocina para el resto de los presos y en juegos de cartas para intentar distanciarse del entorno. Sin embargo, su hijo relata a Efecto Cocuyo que al llegar la noche el impacto del encierro se vuelve dificil de eludir, y es por eso que pasa las horas de oscuridad llorando y mirando al techo, preguntándose por qué su nombre no figuró en las listas de liberación que beneficiaron a las demás mujeres del calabozo policial.
“El día que la visité fue ayer (5 de marzo de 2026), de verdad que fue bastante deprimente porque estaba muy triste. La chica que estaba con ella compartiendo celda, una presa por delitos comunes, fue trasladada y ahora mi mamá está sola. Está mal emocionalmente, pero físicamente bueno, allí, aguantando”, dice Wilfredo Torres, la tarde de este viernes 6 de marzo, en los alrededores del centro de detención donde los familiares pernoctan desde el pasado 8 de enero.
El joven describe que su mamá vive un estado de angustia constante en el que, a pesar de no haber recibido maltratos físicos directos dentro de la Zona 7, enfrenta el desgaste de una reclusión que la familia califica de injustificada.
Fue detenida por agentes sin identificación
El 25 de noviembre de 2025 marca el inicio del proceso judicial contra Carolina Briceño. Un grupo de funcionarios encapuchados, cuya identificación no quedó clara para los testigos por actuar de forma clandestina, llegó a su vivienda ubicada en Los Valles del Tuy, estado Miranda.
Los agentes obligaron a Briceño a subir a un vehículo sin presentar una orden judicial de aprehensión ni explicar los motivos del procedimiento. Durante más de un mes, su familia desconocía su paradero, lo que constituyó un periodo de desaparición forzada en el que los parientes tuvieron que recorrer diversas sedes policiales en busca del paradero de Carolina.
Wilfredo y sus familiares acudieron inicialmente a las sedes del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin) en El Helicoide y al centro de detención de La Quebradita. En cada uno, los custodios negaron sistemáticamente que Briceño estuviera bajo su responsabilidad.
“Recorrimos varios. Fuimos a El Helicoide, fuimos a La Quebradita, y nos decían que no estaba aquí, que estaba allá. Realmente siempre nos lo negaron. Aquí en Zona 7 también nos la negaron, pero nosotros teníamos reportes de que ya estaba aquí”, explica su hijo. La confirmación de que se encontraba en Boleíta llegó finalmente a través de canales extraoficiales el 3 de enero de 2026.
La fiscalía imputó a Briceño cuatro delitos graves: terrorismo, traición a la patria y otros dos cargos que la defensa vincula directamente con su relación pasada con el exdiputado Fernando Orozco.
Orozco también está detenido y la familia sostiene que la detención de Carolina es una medida de presión política contra el exparlamentario. Torres aclara que su madre no tiene trayectoria en la militancia partidista ni ha participado en actividades políticas.
“Fue su expareja, el exdiputado Fernando Orozco, ya por eso nada más la vinculan con él, pero nunca hemos pertenecido a ningún partido político”, afirma Wilfredo.
El sacrificio de un atleta
Wilfredo Torres, de 26 años, es el menor de tres hermanos y el único que permanece en Venezuela para atender el proceso judicial de su madre. Antes de este suceso, Torres dedicaba su vida al deporte de alto rendimiento como integrante de la selección nacional de karate.

Su carrera lo llevó a representar al país en competencias internacionales y a formar parte de las selecciones de Miranda y Distrito Capital, ahora representa al estado Delta Amacuro. Sin embargo, desde el 31 de diciembre de 2025, el joven abandonó sus entrenamientos, sus viajes y su empleo como encargado de una tienda para instalarse de forma permanente frente a la Zona 7.
El campamento de familiares donde pernocta Torres es un espacio de precariedad. Allí, los parientes de los presos políticos pasan las noches a la intemperie, enfrentando la lluvia, el sol y la falta de alimentación adecuada. Torres dejó de percibir ingresos económicos al abandonar su campo laboral.
“No nos vamos a nuestras casas, estamos a la espera de que ellos salgan pronto. Entre el sol, el hambre, las penumbras que uno pasa aquí, cuando llueve nos mojamos (…) ya estamos súper desgastados, ya no aguantamos más”, dijo.
La vida de Carolina Briceño antes de la cárcel se centraba en su hogar y en el despacho de camiones de carga para una reconocida empresa de motocicletas. Su hijo la define como una mujer dedicada a la siembra y a la cría de animales, actividades que constituían su principal distracción.
En cada visita permitida, las preguntas de Carolina no se centran en el proceso legal, sino en el estado de su casa y de sus mascotas. “Ella pregunta cómo está el perro, cómo están los pajaritos, cómo están los periquitos. Esa era prácticamente la vida de ella, sus animales, su familia y su hogar”, recuerda Wilfredo.
Incertidumbre ante el estancamiento de la amnistía
A pesar de las promesas oficiales y de la gestión de una Ley de Amnistía que generó esperanzas en los familiares de los 38 presos políticos que continúan privados de libertad en la Zona 7, hasta este 6 de marzo, la boleta de excarcelación de Carolina Briceño no aparece.
Wilfredo menciona que la situación legal de su madre se ha discutido en dos ocasiones en instancias superiores, pero los resultados no se traducen en libertad. La expectativa de la familia era que la medida se hiciera efectiva esta semana, cumpliéndose los lapsos previstos por los mediadores, pero el proceso parece haberse detenido sin explicaciones claras.
“Ayer fue un día bastante fuerte porque yo pensé que sería liberada. Nos han dicho que el caso se ha discutido ya por segunda vez y la verdad no sabemos qué es realmente lo que está pasando. Son personas sanas, no son delincuentes. Ojalá el gobierno tenga piedad, que se pongan en el zapato de cada hijo”, clama Torres.
La familia critíca que se mantenga detenida a una mujer cuya única vinculación es una relación sentimental pasada con el exdiputado Fernando Orozco, mientras se liberan a otros implicados en causas similares.
Carolina resiste en el interior del centro de reclusión apoyada en el esfuerzo que ve de su hijo y sus hermanos desde la calle. En su último encuentro, antes de que Wilfredo regresara al campamento, la mujer le dedicó unas palabras de agradecimiento y fortaleza.
“Hijo, ustedes son mis fuerzas allá afuera. Nunca voy a tener cómo pagarles lo que han hecho de verdad por mí”. El joven karateca asegura que no se moverá del lugar hasta que su madre, la última mujer de la Zona 7, pueda salir a cumplir su deseo de viajar y dejar atrás los recuerdos del arresto.
