Carmen “Sanga” Marín ahora pone el sabor margariteño en el cielo

LA HUMANIDAD · 9 OCTUBRE, 2021 15:35

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Danisbel Gómez Morillo


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El malecón de la bahía de Juan Griego no será igual sin Sanga. El sancocho de carite frito, la cazuela de “la doña del Comodoro” y otros platos más que salían de los fogones de El Bonguero ya no serán preparados por esas manos que durante 50 años mantuvieron alegres a los comensales, quienes se acercaban a probar la comida típica margariteña mientras disfrutaban de la brisa marina.

Carmen Marín o Sanga (11-12-47), como le conocían en Margarita, partió a sus 73 años, 50 de los cuales los vivió cocinando frente al mar, allí donde las tranquilas aguas de la bahía regalan postales de atardeceres encendidos.

Primero en El Fortín, luego en El Búho y finalmente en El Bonguero, tres nombres para un restaurante que inició con una casa en ruinas, pero que fue haciéndose referencia hasta figurar en 2020 en la lista de los 10 sitios imprescindibles de la cocina margariteña, cuya actividad estuvo al mando de Sanga, conservando la música típica margariteña de fondo; mesas y sillas frente al mar y  un cálido espacio blindado de recuerdos con fotos de las celebridades que habían pasado por aquellas mesas: presidentes, gobernadores, artistas, actores, actrices y mises.

En 2017 fue ganadora del tercer Master Chef del Sancocho, en donde unos 200 comensales la escogieron como la hacedora del mejor plato: una sopa de pescado frito que se hizo famosa. Ya en 2016 había sido escogida como la personalidad destacada de la quinta edición de Margarita Gastronómica en donde le rindieron homenaje por ser una cocinera que había hecho tradición en Juan Griego junto a su familia.

En 2014 la muerte de su esposo Fulgencio Rafael Cabrera, conocido como El Búho, había dejado un vacío en aquella localidad y en ella especialmente, quien asumió junto a sus hijas e hijos el restaurante, considerado un sitio especial para el encuentro, las tertulias y  las despedidas de atardeceres.

Carmen “Sanga” Marín junto al cheff Sumito Estévez 

Manos generosas

De sus fogones y manos no solo salía comida para personalidades o gente que la invitaba a preparar banquetes para fiestas o celebraciones, también salían platos para niños y personas que no tenían comida segura en su casa. Esa generosidad y humildad la conocieron aquellos que llegaron con hambre o sed a las puertas de El Bonguero y consiguieron siempre un vaso o plato para saciarla.

Colaboraba con la iglesia y trabajaba junto a ésta para atender a los más necesitados. De hecho, en los últimos meses prestaba su cocina a un grupo de amigos que hacían diferentes actividades en la zona, según cuenta su hija Sandra Cabrera.

Ni siquiera los cortes eléctricos, la cuarentena o las crisis económica impidió que en diciembre de 2020 pudiera llevar comida a la localidad de Pedro González para la cual cada año cocinaba a su gente llevando un plato de comida a sus habitantes con regalos para los niños y niñas. En esta actividad le acompañaba su hija Sandra Cabrera, con quien vivió hasta sus últimos días. En febrero de 2021, en plenas restricciones por la pandemia, comentó con alegría cómo habían regresado los peces y los mejillones a las orillas del malecón y los pescadores habían animado sus faenas, pues las aguas estaban más limpias y serenas. Aunque los clientes habían disminuido considerablemente y el restaurante apenas se mantenía, ella estaba allí desde bien tempranito hasta la noche. La crisis no la hizo apagar sus fogones y menos aún las dolencias que ya la aquejaban. Le gustaba tanto cocinar que lo hacía aunque no hubiese clientes en espera.

El sabor de la isla

En febrero de este año, visitamos con regularidad su restaurante y le dije lo mucho que le gustaba a mi hijo el Juangriego Especial (un filet de pescado empanizado y enrollado con jamón y queso amarillo con una bechamel de mariscos encima), lo que a mi me gustaba su ceviche de mango verde y ají margariteño y el rico poncigué que le encantaba a mi esposo.

Antes de regresar a Caracas nos regaló estos tres platos, envasados para preservarse, y nos dijo que lo mantuviéramos bien refrigerados así cuando llegáramos a Caracas íbamos a poder evocar un pedacito de Juan Griego en nuestro hogar.

No permitió que le pagara por aquello, hacerlo era un regalo de sus manos, una forma de contentarnos el corazón y permitirnos traernos un poco del sentimiento margariteño a esta ciudad capital, en la que ella vivió cuando tenía 14 años y luego cuando se casó con El Búho y tuvo sus dos primeros hijos: Williams y Sandra. Luego volvería a la isla para asentarse con 5 hijos más y su proyecto de vida culinaria. Sanga vivió para dar alegría y se entregó a la cocina con pasión y amor. Hoy, Margarita la despide reconociendo su aporte a la identidad gastronómica de Nueva Esparta y de Venezuela.

Vista de la Bahía de Juan Griego desde El Bonguero