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“Cada vez que regreso, mi nieta me pregunta si encontré a su papá”: el rastro perdido de Jorgen Guanares

Las autoridades han negado información sobre el paradero de Jorgen

La noche del 2 de agosto de 2024, Jorgen Guanares Delgado salió de su casa en Rubio, estado Táchira, con miedo de que su nombre figurara en las listas de búsqueda de los cuerpos de seguridad. 

El fotógrafo y diseñador gráfico, de 35 años de edad, llevaba casi una semana resguardado tras las protestas poselectorales del 28 de julio, luego de haber participado en el reconteo de votos y difundido videos ciudadanos en sus redes sociales. A las 11:00 de la noche se despidió de su familia para intentar ponerse a salvo; media hora después, su teléfono celular ya no emitía tono de llamada.

Desde aquel momento, su paradero es desconocido. Guanares, egresado del Instituto Universitario de Tecnología Antonio José Sucre en San Cristóbal, trabajaba de forma independiente en la cobertura de bodas, cumpleaños y eventos sociales en los Andes venezolanos. No militaba formalmente en partidos políticos, pero su actividad durante las elecciones presidenciales lo colocó bajo hostigamiento que culminó con su desaparición en el municipio Junín.

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El cerco tras las presidenciales

La tensión para la familia comenzó la misma noche de los cuestionados comicios presidenciales. Guanares permaneció en los centros de votación de su localidad hasta el cierre de las mesas y, ante el temor a ser detenido de forma inmediata, debió pasar esa madrugada oculto en la vivienda de una amiga antes de regresar a su residencia.

Durante los días siguientes el joven no volvió a salir a la calle, mientras parientes cercanos le hacían llegar alimentos a escondidas. Tras notar movimientos inusuales en los alrededores de su vivienda, Guanares intentó convencer a su pareja de salir de la zona, pero ante la negativa de ella por considerar que el conjunto residencial cerrado donde vivían ofrecía suficiente protección, el diseñador decidió marcharse solo a pie. 

“Me decía que tuviera cuidado y que le escribiera en claves; él no me confesó directamente que estaba amenazado, se lo dijo fue a un tío porque lo tenían en una lista”, dijo María Emely Delgado, de 63 años de edad, madre del hombre desaparecido, en un contacto telefónico con Efecto Cocuyo.

Al salir de la urbanización, Guanares dejó en la casa a sus dos hijas, la mayor, que en ese momento tenía cuatro años, y una bebé de apenas cinco meses de nacida.

Un laberinto penitenciario 

La madre de Jorgen interpuso la denuncia formal por desaparición a las 72 horas ante la delegación del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc) en Táchira, instancia que remitió las averiguaciones a la Fiscalía Octava de San Antonio. 

Tras la nula información dada por las autoridades, los familiares de Jorgen se comunicaron con la ONG Foro Penal para que les brindara asesoría judicial sobre la situación del diseñador gráfico. La madre tuvo que viajar a Caracas en distintas oportunidades para acudir a las sedes principales de los organismos del Estado en busca de una respuesta.

En la sede del Ministerio para el Servicio Penitenciario, en El Rosal, le aseguraron vía telefónica que su hijo se encontraba recluido en el Centro Penitenciario de Aragua, conocido como Tocorón, pero al trasladarse hasta ese penal las autoridades carcelarias negaron tenerlo en sus registros.

 “Regresé al ministerio y me dijeron que se habían equivocado en el apellido, pero yo les reclamé que podían fallar en el nombre pero jamás en el número de cédula; prometieron indagar y más nunca me volvieron a llamar”, aseguró Delgado.

Las versiones contradictorias se repitieron meses después con el complejo carcelario de El Rodeo, en el estado Miranda. Delgado fue alertada por comentarios de familiares de otros reclusos y acudió hasta el penal con carpetas que incluían documentos de identidad y actas de nacimiento del hombre, pero los custodios de guardia le impidieron el acceso a las listas y la obligaron a retirarse del portón.

“Llevé todo y le dije que traía hasta las partidas de las niñas, pero de un momento a otro me dijo que no estaba, me insultó y me mandó a correr de ahí”, relató la madre.

Delgado aseguró que un preso político que había sido excarcelado dijo haber compartido celda con un fotógrafo oriundo del Táchira, pero no pudo tener más detalles porque el exdetenido tenía temores a represalias. “Ellos no quisieron decirme más nada, les dio miedo y dijeron que no querían saber nada de política”.

Recursos denegados y extorsiones

Con el respaldo de los abogados del Foro Penal, la familia interpuso un recurso de habeas corpus ante el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ). No obstante, la Sala declaró improcedente la solicitud y reenvió el expediente a los tribunales del estado Táchira, donde la causa se estancó bajo el argumento de que ningún organismo de seguridad del Estado reconoce haber ejecutado la aprehensión. 

“Nadie dice nada ni cómo fue, solo hay comentarios de una camioneta sin placas y hombres vestidos de negro, pero nadie tiene un video ni una foto que sirva para demostrar quién se lo llevó”, aseguró la madre. 

Durante las primeras semanas tras la desaparición, el teléfono de Delgado se convirtió además en blanco de extorsiones. Desconocidos se comunicaban a altas horas de la madrugada exigiéndole transferencias de dinero a cambio de una supuesta liberación.

El jueves 8 de octubre, la madre acudió a San Cristóbal para otorgar un nuevo poder legal a la defensa privada, con el fin de obligar al Ministerio Público a mostrar las actuaciones de un expediente fiscal al que los familiares nunca han tenido acceso directo.

Las hijas que esperan a su padre

En Rubio, la cotidianidad familiar transcurre entre fallas constantes de electricidad, cortes de internet y la incertidumbre por el estado de salud de Jorgen, quien antes de su desaparición requería tratamiento médico continuo por problemas crónicos de artritis y sinusitis.

La madre de Jorgen relató que su nieta mayor conserva recuerdo de su papá, pues este era quien la llevaba a sus eventos y presentaciones escolares y culturales. 

“Ella me dibuja siempre llorando y dice que su nona está sufriendo por su papito; cada vez que regreso de Caracas lo primero que me pregunta al verme llegar es si encontré a su papá”, expresó. 

A pesar del silencio oficial y del desgaste económico que representan los traslados desde la frontera hasta la capital, María Emily Delgado asegura que seguirá tocando las puertas de los tribunales hasta obtener una confirmación sobre el paradero del fotógrafo.

Autor(a)

Me dedico al periodismo con enfoque en derechos humanos. Hago cobertura sobre violencia en un país con pocas garantías