“Ayer enterré a mi esposo y dos hijos”: morgue de Bello Monte

Extraoficialmente se conoció que para este sábado 27 de junio había más de 500 fotografías de fallecidos para identificar, y la cifra sube cada hora que entra un cuerpo nuevo.

El Servicio de Medicina y Ciencias Forenses (Senamecf), conocido como la Morgue de Bello Monte, recibió este 27 de junio a cientos de familias en búsqueda de los fallecidos por el terremoto. A las afueras de la medicatura, voluntarios y vecinos ayudaban a los dolientes con comida y bebidas mientras realizaban los trámites.

Extraoficialmente se conoció que para este sábado 27 había más de 500 fotografías de fallecidos para identificar, y el número sube cada hora que ingresa un cuerpo nuevo.

La magnitud de la tragedia ocasionada por el terremoto se describe en cada una de las caras de madres, hijas, padres, sobrinos y tías que esperan horas para reclamar los cuerpos, tras identificarlo debidamente.

Del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (IVSS) Hospital José María Vargas, ubicado en la parroquia La Guaira, comenzó el envío de cientos de fallecidos a Caracas tras la orden dada por la comisaria general Dra. Lissett Moreno Rivera. La mayoría de las familias eran de Vargas.

Funcionarios de la Morgue de Bello Monte actualizan la lista de los fallecidos entre las 7:00 AM y 8 AM, así como a las 5:00 PM

El equipo de Efecto Cocuyo llegó a las instalaciones para documentar la lista de fallecidos por el doble terremoto ocurrido el 24 de junio de 2026. Hasta el momento se desconoce la cifra de niños, niñas y adolescentes muertos durante el terremoto, así como de adultos mayores y mujeres. Una familia, que no quiso dar más detalles de su caso, aseguró que entre las victimas de sus miembros se encontraba un niño de 4 años de edad.

Una familia completa

Joalis Campos espera en el Senamecf, junto a sus sobrinos y primas, la confirmación de que el cuerpo de sus allegados esté listo para la entrega.

Habla por teléfono, busca las cédulas de sus familiares e incluso insta a uno de sus sobrinos a tomar una sopa que repartían los vecinos del sector a los familiares de los afectados por el terremoto. En la morgue tenía a seis familiares. “Ayer enterré a mi esposo y dos hijos”, dijo a Efecto Cocuyo.

El cadáver de su sobrino Isaac Oswaldo Estenger Mujica, de 33 años de edad, fue registrado en la morgue con otro nombre, por lo que los familiares (tres en este caso) lo tuvieron que identificar no solo por el rostro, sino buscando detalles en su cuerpo a través de sus marcas.

Estenger era mecánico. Murió luego de que el edificio de la Gran Misión Vivienda Venezuela, OPP27, ubicado en Caribe, al este de La Guaira, colapsara. Al llegar los rescatistas, ya había fallecido.

La esposa de Isaac, Yilgert Díaz, de 42 años de edad, también estaba en el complejo cuando colapsó. En ese momento esperaba a Yirmelis Díaz, su hermana, para que buscara a su hijo Joseph Estenger, porque iban camino a los tambores de San Juan en Naiguatá, a 10 km de donde estaban. A las 6:00 p.m. del 24 de junio de 2026, los dos terremotos ocasionaron el colapso del complejo. “Cinco minutos antes, una de mis primas habló con ella; seguramente los agarró en la entrada del edificio por el estacionamiento. Lo cierto es que les cayó encima el edificio”, relató.

Isaac junto a su esposa Yildert, quienes fallecieron durante el derrumbe de su edificio en Caribe

Yilgert tenía dos hijos más: Roimery Díaz, de 27 años, y Roimer Díaz, de 25, quienes también se encontraban en el edificio. Ninguno sobrevivió.

Campos relata que ese día no solo perdieron a su sobrino, también a Crismey Elizabeth Rebolledo, de 28 años de edad.“Ella tenía tres hijos, la mayor está aún desaparecida”, comentó Yoselin Corta, una de las tías de los fallecidos.

Matheus León, de un año de edad, y su hermana Isabella León, de 3 años, también vivían en las residencias OPP27 de Caribe. Ellos perecieron bajo los escombros. Su padre, Jhonaikel León, se encuentra desaparecido junto a su hija Joelis León, de 8 años de edad.

“Mi familia vivía allá entre los complejos de Misión Vivienda, donde les asignaron apartamentos después de la vaguada de 2010; eran damnificados antes de esto”, contó Joalis.

Eran las 4:30 p. m. y todavía esperaban que los funcionarios del Senamecf les confirmaran si podían retirar los cuerpos de sus familiares para realizar los actos funerarios. Pero Joalis, justo antes de terminar de hablar, dijo que el día anterior, el viernes 26 de junio, había enterrado a su esposo junto a dos hijos.

No había lágrimas. Sus ojos seguían hinchados; mientras buscaba entre las fotografías de su teléfono una de su esposo y sus dos hijos juntos, todos vestidos de blanco. Ella se quedó un instante mirando la foto. No se movió y al enseñarla dijo: “Eran ellos”.

Gerardo Méndez, de 50 años de edad, estaba junto a sus hijos, Gerardo Méndez Jiménez (de 25 años) y Gerardin Méndez Jiménez (16), en la residencia Belo Horizonte, en Catia La Mar, en el sector Playa Grande. “Los velamos y los enterramos”, dijo.

Los tres fallecieron durante el terremoto luego de que el edificio colapsara sobre ellos. El padre trabajaba como taxista en el aeropuerto bajo la empresa Taxi Tour, mientras que la hija era estudiante de bachillerato de 4.° año y su otro familiar estudiaba producción audiovisual. “Fue una tragedia, y aún están buscando a más personas que siguen tapiadas, entre ellos uno de los sobrinos de mi esposo que sigue desaparecido”, relató.

La morgue saturada

Para atender la emergencia, las autoridades dispusieron el paso por la vía principal de Neverí solo para las furgonetas, camiones y carros que trasladan los cuerpos de las distintas zonas afectadas.

Dos reportes se dan: a las 8:00 a. m. con los ingresos de la madrugada y a las 5:00 p. m. con los fallecidos ingresados en la tarde. Las autoridades no compartieron los registros ni los nombres de los fallecidos; solo los familiares podían entrar a identificarlos.

Mientras esperaba con su madre, Oriana Limongi contó los hechos que llevaron a la muerte de su tía Yeliza Yanes, de 57 años de edad, en el sector Caribe de La Guaira.

Su tía vivía sola en la residencia J.A. El día del terremoto su edificio colapsó. y ella estuvo con vida durante 24 horas hasta que su cuerpo no pudo resistir más, luego de que la trasladaran al Hospital Domingo Luciani en Caracas. No dejó hijos. Trabajaba como jefa de seguridad en la aerolínea Estelar. “Esperamos por la funeraria para que venga a buscar el cuerpo”, señaló.

Cientos de personas estaban en la misma situación. Los trabajadores de la morgue entraban y salían, mientras numerosos familiares veían furgonetas, bomberos e incluso vieron un cuerpo en una moto durante la madrugada, comentó una de las personas que atendían en los alrededores.

Una llamada, una noticia

Juana Marín, de 69 años de edad, falleció junto a su hija Johana Iztúriz, de 35, en el derrumbe del edificio Sayimar, en Tanaguarena, que se encontraba al lado de la plaza de ese sector.

“Mi hermana vivió allí toda su vida, dejó un hijo de 42 años de edad; era profesora en un colegio del sector El Teleférico en La Guaira”, relató su hermana, Ana María Marín.

Al lado de ella estaba su hija, quien hacía los trámites para retirar el cadáver de su prima y su tía. Mientras se daba la entrevista, recibió una llamada. “El niño murió”, dijo por fin después de trancar el teléfono.

Manuel Díaz, de 9 años de edad, era el hijo de Johana; falleció junto a su padre, Alejandro Díaz, y su abuela Yoi (su nombre completo no lo conocían los familiares del niño). Hasta ese momento su situación era de desaparecido, debido a que su padre se lo había llevado a Catia La Mar. “No hay forma de describir esto, solo es una tragedia tras otra”, dijo la joven mientras abrazaba a su madre.

Aún estaban en búsqueda del niño Kennet Escobar, de 12 años de edad, quien también se encuentra desaparecido en La Guaira. No saben dónde estaba al momento del terremoto. El joven vivía en Naiguatá y es amigo del nieto de Ana. “Mamá, ayúdame a buscarlo, me dijo mi hijo; eso le parte el corazón a cualquiera”, relató la joven, cuyo nombre no quiso dar a la prensa.

Vivía solo

A sus 70 años, Arelis Pietro falleció luego de que el tanque de agua le cayera encima durante el terremoto tras el derrumbe de las residencias Auras, en Caraballeda, en Caribe, La Guaira.

Sus familiares fueron informados la madrugada del 26 de junio, a las 3:00 a. m. Arelis vivió toda su vida en el sector, dejó un hijo de 45 años de edad. En su juventud fue secretaria en un ministerio. “Ella era servidora pública, pero realmente no recuerdo en cuál ministerio en este momento”, señaló Eduardo Núñez, sobrino de la víctima.

Astelio Enrique Lobo, de 67 años de edad, también pereció luego de que el edificio OP 33-C se derrumbara. Vivía solo en el sector. Murió a las 6:00 a. m. del jueves 25 de junio, horas antes de que los rescatistas lo encontraran. Dejó 7 hijos.

“Él vivía allí desde 2011, luego de que quedara damnificado por la vaguada de 2010 en La Guaira. Aún estamos esperando el acta de defunción para comenzar con el velorio”, señaló Estéfanie Gutiérrez, nieta del fallecido.

Gutiérrez informó que su prima, Yumi Leidis Acosta Montero, de 21 años de edad, aún se encuentra desaparecida. “Ella estaba en el mismo edificio, pero en la casa de su abuela. Habíamos hablado con ella cinco minutos antes del derrumbe del apartamento”, sostuvo.

Norma Zoraida Tortoza, de 63 años de edad, falleció durante el derrumbe del edificio A de Belo Horizonte, en Catia La Mar. Ella también vivía sola. Dejó un solo hijo de 30 años. El viernes 26 de junio sus familiares fueron al sector Playa Grande para buscarla, pero de allí los mandaron a la morgue de Bello Monte en Caracas.

“Ella era ama de casa, murió al momento que cayó su apartamento”, dijo Reina Aguilar, sobrina de Norma, quien explicó que durante el traslado del cuerpo identificaron el cadáver de su tía con el nombre de Iliana Josefina Tortosa de Santana, lo que ha dificultado el retiro del cuerpo de la institución.

Fue a buscar a su hijo

Leoner Figuera, de 20 años de edad, había llegado al país el mismo día del terremoto luego de ser deportado de los Estados Unidos por no tener una licencia de conducir al día. Al llegar al país, las autoridades lo dejaron dentro de un hotel junto a los demás migrantes venezolanos, pero horas después la estructura cedió y él falleció.

Sus familiares desconocen en qué hotel lo habían hospedado, pero relataron que su madre, Inocencia del Valle Pinto, de 47 años de edad, lo había ido a buscar junto a su esposo Audelis José Serrano Pérez. Ahora ambos están desaparecidos.

Junto al padre de Leoner, sus familiares lo buscaron en hospitales hasta llegar al Hospital Domingo Luciani, conocido como El Llanito, donde falleció el joven pelotero. Lo habían firmado para comenzar su carrera como deportista, hasta que el gobierno norteamericano lo devolvió a Venezuela. Falleció la madrugada del 26 de junio. “Aún estamos buscando a su madre, pero no tenemos ni idea de dónde se encontraba cuando ocurrió el terremoto”, relató Nelly González, tía de Inocencia.

González explicó que el padre de Leoner se llevó a su hijo a oriente para hacer el entierro en su hogar de origen.

Hablamos hasta que falleció

Una de las víctimas del terremoto a quien lograron rescatar de entre los escombros, Ernesto Rojas, de 50 años de edad, relató que las últimas horas de la vida de su esposa, Betzabeth Bezada, de 49 años, las pasó tratando de comunicarse con ella. “Hablaba con ella hasta que su voz se apagó”, relató.

Tenía un yeso en su brazo izquierdo, un moretón en el ojo derecho y varias heridas en su cuerpo; sin embargo, estaba a la espera de que le entregaran el cuerpo de su esposa, la comunicadora social, quien también era productora de Kiosko del Rock.

“Había quedado encima de una puerta, pero Betza estaba más tapiada que yo. Pero llegó un momento en que… en que Betza no me habló más. No hablamos más y yo me desesperé tres veces. Estuve a punto de, no sé, que me diera algo. Estuve alrededor de 5 horas metido ahí, abajo de los escombros, hasta que de tanto gritar (que nunca paré de gritar) llegó un chico de Protección Civil, al que yo catalogo como un ángel. Ese chico se montó, valiente, a expensas de que cayeran todas las ruinas encima. Se lo estaré agradecido eternamente”, relató.

Apenas los relatos contenidos en la nota periodística son una fracción de todas las familias encontradas en los alrededores de la institución. Las historias de los familiares aún no han acabado; ahora solo esperan a que se actualicen las listas de cuerpos llevados a Caracas desde La Guaira.