“Apaguen las motos para escuchar los auxilios”, gritan en la zona cero de La Guaira

Al colapso de las vías y la saturación de los hospitales se suma la ausencia de una coordinación central para la ayuda

El tiempo es uno de los enemigos más implacables en La Guaira. Tras los terremotos que sacudieron a Venezuela, cada avance de las agujas del reloj se convierte en una barrera desesperante para rescatistas, voluntarios y las familias. Todos trabajan sin tregua, conscientes de que los minutos corren en contra de quienes siguen atrapados con vida bajo las toneladas de concreto de los edificios colapsados.

El epicentro de la tragedia tiene nombre, Caraballeda. En esta parroquia, decenas de edificios se vinieron abajo y los pocos que resisten en pie exhiben grietas y fallas estructurales graves. Hasta esta zona cero qué se compone de sectores como Los Corales, Caribe y Tanaguarenas  han llegado familias enteras y miles de voluntarios de todo el país, decididos a poner las manos y el cuerpo para ayudar en lo que haga falta.

Tras el colapso, las avenidas principales de la parroquia quedaron poco transitables para los carros. En su lugar, las motos tomaron el control y miles de ellas han logrado abrirse paso hasta la zona cargadas de agua, comida e insumos médicos. Sin embargo, esta avalancha sobre dos ruedas ha creado un dilema inesperado, ya que el ruido constante de los motores interfiere con las labores de rescate, ahogando los posibles pedidos de auxilio y distrayendo a los perros rescatistas.

“Apaguen las motos para escuchar los pedidos de auxilio”, es el ruego que más se repite entre las ruinas de cada edificio colapsado.

A pesar de la buena voluntad de quienes llegan a ayudar, la falta de coordinación está desbordando la zona. Las aglomeraciones de personas en los alrededores de los edificios colapsados entorpecen directamente las labores de los rescatistas. Hasta las 5:00 p. m. de este viernes 26 de junio, ningún ente gubernamental ha asumido el control para organizar la distribución de la ayuda humanitaria que llevan los voluntarios.

A este vacío institucional se suma un factor importante, que es la desconfianza en los organismos de seguridad. Ante el temor de que los insumos no lleguen a su destino, los propios voluntarios insisten en entregar las donaciones mano a mano a los afectados, lo que intensifica el caos en el epicentro de la catástrofe.

Faltan equipos de rescate y herramientas para las labores

Los edificios colapsados son tantos que la capacidad de los rescatistas profesionales se ha visto desbordada. Aunque los cuerpos de bomberos y Protección Civil se mantienen en el terreno, la escasez de manos ha obligado a los civiles a sumarse a las labores de salvamento. 

Sin equipos especializados, familiares y voluntarios remueven toneladas de concreto, movidos por la esperanza de rescatar a alguien con vida o en el peor de los escenarios, los cadáveres atrapados entre las ruinas.

“Estamos esperando por lo menos una maquinaría para que nos ayuden a retirar las toneladas de escombros, los expertos profesionales, necesitamos que nos ayuden a todos, estamos pasando por un mal momento”, dijo Manari Tibisay Gamardo, quien espera que puedan rescatar a cuatro familiares de las ruinas del edificio OPP27, en Caribe.

El equipo de Efecto Cocuyo pudo conversar con un grupo de rescatistas de El Salvador, que se encontraban en las ruinas del edificio Bahía Mar, trabajando en las labores de rescate. 

“Estamos haciendo un diagnóstico del área, no podemos dar cifras por el momento”, explicó uno de los rescatistas. 

Catia La Mar, entre escombros y desorden 

La parroquia Catia La Mar y Urimare, al oeste de La Guaira, también sufrieron daños graves en muchos de sus edificios. En esta zona de la ciudad, el caos y el desespero reinan. 

Al igual que en Caraballeda, en otros sectores de La Guaira los equipos de socorro hacen malabares para salvar vidas. En algunas de las estructuras colapsadas la presencia de rescatistas profesionales es mínima; allí, son los propios vecinos quienes remueven los escombros por su cuenta, apoyados apenas por algunos policías y guardias nacionales.

La emergencia se traslada al hospital Dr. Alfredo Machado, en la avenida El Ejército de Catia La Mar, donde el personal médico está completamente desbordado. 

Uno de los médicos de guardia confirmó que, hasta las 4:40 de la tarde de este viernes, el centro asistencial contabilizaba al menos 35 personas fallecidas. “Estamos saturados, pero hacemos todo lo posible por atender a cada paciente que ingresa a la emergencia”, indicó el galeno, quien prefirió mantener su identidad en reserva.

Ante la falta de equipos especializados, habitantes de La Guaira tienen sus esperanzas en la asistencia extranjera. La expectativa se centra en la llegada de rescatistas internacionales que colaboren en el terreno y refuercen el desbordado despliegue nacional. 

“Espero que puedan llegar rápido, los necesitamos”, pidió más de un residente afectado.

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Me dedico al periodismo con enfoque en derechos humanos. Hago cobertura sobre violencia en un país con pocas garantías