Tras un mes de protestas, los gritos de Black Lives Matter no cesan

INTERNACIONALES · 28 JUNIO, 2020 18:29

Tras un mes de protestas, los gritos de Black Lives Matter no cesan en EEUU

Texto por Odell López Escote

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Pasado un mes de la muerte de George Floyd a manos de un funcionario policial, las protestas en Estados Unidos arropadas bajo el grito: Black Lives Matter (Las vidas negras importan) se han transformado, pero continúan protagonizando espacios en varias ciudades y estados de todo el país.

Las voces de manifestantes y organizaciones de derechos humanos han resonado con mayor fuerza. Piden respeto a los afroamericanos, piden sanciones más fuertes y exigen cambios radicales en los cuerpos policiales. Mientras esto ocurre, tras una oleada de violencia feroz tanto de manifestantes como de la seguridad pública, se siguen registrando casos de asesinatos a ciudadanos negros a manos de los uniformados.

El pasado 12 de junio una nueva víctima se sumó a la luctuosa lista. Rayshard Brooks se quedó dormido, bloqueando la entrada de un restaurante de comida rápida en Atlanta, Georgia, donde los clientes piden comida para llevar. Tras la queja del gerente del local, los policías llegaron, le hicieron la prueba de alcoholemia y, según la Oficina de Investigación de Georgia, el hombre estaba ebrio. 

Los oficiales intentaron ponerlo bajo custodia, pero transcurridos más de 40 minutos de charla, Brooks se resistió, forcejeó, logró quitarles uno de los paralizadores eléctricos y escapó corriendo, mientras amenazaba a los funcionarios con el artefacto. 

Garrett Rolfe, uno de los oficiales, le disparó tres veces y Brooks cayó al suelo. El funcionario enfrenta once cargos, entre ellos, homicidio involuntario

Sucesos como ese han mantenido viva la llama de las manifestaciones que coincidieron con la celebración del Juneteenth, fecha que conmemora la libertad de los esclavos estadounidenses en 1865. Hasta ahora, esta ocasión era recordada mayoritariamente por la comunidad negra, pero este año fueron muchos los que se unieron a las marchas emblemáticas. 

Por ejemplo, en Manhattan un grupo de personas protestó en bicicleta, como una manera pacífica de llamar la atención, alejar a los policías y no trancar las calles. 

En otras ciudades como San Francisco, cerca de mil manifestantes derribaron una estatua del fraile franciscano Fray Luis Junípero e inclusive rayaron otra de Miguel de Cervantes, porque consideran que ambos fueron esclavistas en su época.

Números sombríos

La violencia policial no es un asunto ajeno a la sociedad estadounidense. Y aunque cada uno de los 50 estados tiene sus propias leyes, hay múltiples casos que demuestran los resultados de los excesos policiales durante los procedimientos. 

Solo en 2019, mil 99 personas fueron asesinadas por funcionarios policiales, 24 % de las víctimas eran negros, según la organización Mapping Police Violence.

El mismo estudio revela que una persona negra tiene tres veces más posibilidades que un blanco de ser asesinado por un policía y, además, es 1.3 veces más probable que un negro esté desarmado en comparación con un estadounidense blanco. 

En julio de 2014, Eric Garner vendía cigarrillos en Staten Island, en la ciudad de Nueva York. Pese a su metro y noventa centímetros de estatura y sus 180 kilos de peso, fue derribado al suelo por Daniel Pantaleo, un policía al que Garner ya había denunciado por humillarlo públicamente por su venta informal. Inclusive, Garner había denunciado que, en una oportunidad, ese mismo oficial junto a otros lo detuvieron y, en plena calle, le bajaron los pantalones y le introdujeron sus dedos en el ano.

El día de su muerte, Garner lo enfrentó y Pantaleo lo estranguló por 15 segundos frente a otros oficiales. Pese a que dejó de moverse, ningún funcionario lo auxilió. Garner, al igual que Floyd, también suplicó “I can’t breath” (No puedo respirar).

Breonna Taylor, una paramédico, fue otro caso reciente en Louisville, Kentucky. El 13 de marzo de este año fue asesinada de ocho disparos mientras dormía en su casa. Funcionarios policiales estaban buscando a dos sujetos que vendían droga en la zona; con una orden de allanamiento entraron al inmueble y dispararon, sin importar quién estaba adentro, según denunció la familia de la víctima. Los oficiales sospechaban de Kenneth Walker, el novio de Taylor, quien dormía a su lado y resultó ileso. Ninguno de los policías fue procesado judicialmente.

En 2016, Philando Castile venía de comer con su esposa y su hijastra. En camino a su casa en Minneapolis, donde ocurrió el asesinato de Floyd, fue detenido por un oficial. Le pidió la licencia; Castile aprovechó para reportarle que llevaba un arma y que, además, tenia permiso para tenerla, según el relato de su esposa. El oficial le pidió que levantara las manos y no agarrara nada, pese a que ya le había pedido la licencia. Acto seguido le disparó cuatro veces en los brazos.

En una llamada previa, el oficial alertó al Departamento de Policía que iba a detener a un carro cuyo conductor parecía ser el sospechoso de un robo. No lo había identificado bien pero, según sus palabras textuales, el funcionario dedujo que, por tener la nariz ancha, Castile podría ser la persona que estaba buscando. El policía fue procesado y absuelto. Lo despidieron de su trabajo.

Racismo al día

Darializa Ávila, una afrolatina que vive en Nueva York, dice que en su barrio hay el doble de funcionarios policiales que en una zona habitada por blancos. Paradójicamente, ella no se siente más segura o resguardada.

“Para ellos todos los negros ya somos criminales. A los blancos los protegen, a los negros nos culpan. Si vamos a comprar a una tienda nos hostigan, nos preguntan qué hacemos ahí, qué vamos a comprar. Nunca asumen que eres una persona buena”, asegura.

Ávila, quien pertenece a una organización que ayuda a negros, latinos y homosexuales, sostiene que la forma en la que los oficiales de seguridad interactúan con los negros es discriminatoria.

Este mismo hartazgo, expresado en los últimos días por miles de personas, fue el combustible colectivo para lo que se vio desde el 25 de mayo pasado cuando Minneapolis, la ciudad donde murió George Floyd, se encendió en manifestaciones en contra de la violencia policial, pero exactamente en contra de la falta de sanciones inmediatas para con el funcionario que lo asesinó. 

Los manifestantes, en sus primeras expresiones, exigían acciones más contundentes, pues tras las primeras horas del incidente el alcalde de Minneapolis, Jacob Fray, solo anunció el despido de Derek Chauvin y los otros funcionarios relacionados en el asesinato, sin ninguna otra acción. Posteriormente, Chauvin fue acusado de asesinato en tercer grado y homicidio involuntario en segundo grado, con una fianza de un millón 250 mil dólares, para obtener la libertad condicional. 

En el mismo sitio del crimen comenzaron las protestas que rápidamente se convirtieron en marchas de miles de personas por todo Minnesota y, posteriormente, en todo Estados Unidos. Los manifestantes no solo exigían por Floyd; también por la decena de asesinatos de negros en manos de policías blancos en, al menos, una década. Quizás por eso, un punto de concentración común en las distintas ciudades fueron las estaciones de policía. En el caso de Minneapolis, terminó cercada y los funcionarios tuvieron que evacuarla de emergencia ante la amenaza de incendiar el recinto. 

En Estados Unidos hay cientos de organizaciones que velan por los derechos de los negros, surgidas a raíz de incidentes similares al de Floyd. Por ejemplo, la frase Black Lives Matter, que se ha escuchado como grito de protesta durante estos días, nació en 2013. Surgió cuando George Zimmerman, un funcionario policial blanco, fuera absuelto en la corte tras disparar y matar a Travor Martin, un adolescente desarmado en Miami Gardens, Florida. 

Las protestas de este año son, quizás, las más grandes en algún tiempo y rememoran los disturbios de Ferguson, Missouri en 2014. En esa ocasión, Michael Brown, de 18 años, recibió ocho disparos de un oficial quien presumió que el joven había robado una caja de cigarrillos de una tienda. Brown iba caminando por una calle con su amigo Dorian Jhonson cuando un policía se les atravesó y les pidió que se detuvieran. 

Allí comenzó una discusión que terminó en una pelea en la que el oficial agarró por el cuello a Brown y lo lanzó a la patrulla policial por la ventana. Dentro del carro continuó el forcejeo. El oficial le disparó al recién graduado de secundaria y lo hirió en una mano. Pese a esto, Brown pudo escaparse, corrió y el policía lo persiguió. Cuando no pudo avanzar más, el joven se arrodilló, levantó sus manos y le pidió que no disparara. 

Brown murió tras recibir ocho impactos de bala. Uno de ellos en la cara. 

En el Día de los Caídos 

A menos de cuatro horas para terminar el Día de los Caídos, comenzó la agonía de George Floyd. Cerca de las ocho de la noche del pasado 25 de mayo, una persona entró en la tienda Cup Foods, en Minneapolis, para comprar una caja de cigarrillos. Era Floyd, quien pagó con un billete de 20 dólares, que el cajero de la tienda presumió era falso.

Esa presunción terminó con la llegada de funcionarios policiales minutos después de que el adolescente llamara al 911, el número de emergencias estadounidense. Reportó que un cliente había comprado con un billete falso y, además, no quería devolverle los cigarrillos. La grabación de la llamada que se usó para el proceso judicial en contra de los policías involucrados muestra que el muchacho, incluso, creyó que Floyd estaba borracho o desorientado. 

Floyd no era un extraño en la zona; el propio Mike Abumayyaleh, dueño del abastecimiento, confirmó que era un cliente habitual, a quien consideraba como una persona amistosa y agradable. Él no estaba en la tienda en ese momento.

Cuando llegaron los funcionarios policiales apuntaron a Floyd, sin siquiera identificarse, y lo sacaron de su carro en contra de su voluntad. Él no sabía hasta ese momento qué estaba pasando. Aunque se resistió a ser esposado, aceptó estarlo una vez tenía las manos atadas y ahí fue cuando le explicaron que estaba siendo detenido por utilizar un billete falso

El procedimiento siguiente era montar a Floyd en la patrulla policial; sin embargo, se resistió dos veces. Aseguró que era claustrofóbico, según refleja el informa de Fiscalía. Es allí cuando el oficial Derek Chauvin lo lanzó al suelo y de allí no se levantó más. 

Las manifestaciones en todo el país han tenido colores y sonidos. Gritos, llantos e inclusive el crujir de vidrieras. No obstante, hay frases que todavía resuenan en la opinión pública estadounidense. “I can’t breath!, “I can’t breath!”, han gritado incesantemente desde todo el país. “No puedo respirar” fueron las últimas y repetidas súplicas de alguien que estaba agonizando frente a todo el mundo. 

En tan solo ocho minutos y cuarenta y seis segundos, el oficial Chauvin se inmortalizó como la persona que le quitó la vida a Floyd. Ese fue el tiempo en que presionó el cuello del afroamericano con su rodilla, contra el suelo. Pese a que al final de su agonía Floyd ya no hablaba ni se movía, el agente mantuvo presión sobre la víctima hasta que los paramédicos le indicaron que se levantara para llevarse el cuerpo.

El Día de los Caídos es una conmemoración federal que rinde tributo a todos los militares estadounidenses muertos en guerras. Ahora también será recordado como un día de la lucha contra el racismo

Hipocresía nacional

Anjannete Delgado es una periodista que, además, trabaja con temas de justicia social en Estados Unidos. Su opinión es tajante: “hay hipocresía nacional en torno al racismo”. Cree que el estadounidense es racista por naturaleza y, pese a que no tiene problema en admitirlo, no le gusta que lo señalen como tal. Aunque no generaliza, sí cree que entre quienes tienen el racismo “en la sangre” venden una idea distorsionada de lo que ocurre.

Tras el asesinato de Floyd se hizo viral una etiqueta llamada #GeorgeFloydChallenge. Consistía en parodiar la muerte de Floyd, poniéndole la rodilla en el cuello a alguien cercano, grabarse y subirlo en redes sociales. La principales empresas tecnológicas: Facebook, Twitter, Tik Tok, Snapchat comenzaron a bloquear este tipo de contenido, por considerarlo cruel y también irrespetuoso

Black Youth Project (BYP) es una organización que vela por los derechos fundamentales de las minorías. La experiencia de sus líderes enfrentando las desigualdades de la comunidad negra las ejemplifican con asuntos cotidianos

“El Gobierno usa fondos de los impuestos para crear suburbios para la gente blanca. allí tienen calidad de vida, seguridad y oportunidades de desarrollarse. Los negros, por el contrario, tenemos que vivir en las ciudades, con fondos mucho más limitados que los que se usan para las zonas de los blancos y eso impacta en la calidad de las escuelas, en la calidad de nuestros trabajos y nuestras oportunidades de desarrollo”, dice Julian Hill, representante de BYP.

Darializa Avila coincide con este ejemplo. Asegura que, pese a que en teoría es ilegal, hay casos registrados y denunciados de personas negras que quieren comprar o rentar una vivienda en una zona con población mayoritariamente blanca y, aunque no les dicen que no, les exigen engorrosos procedimientos para evitar que esa persona pueda mudarse a la zona. 

Los jóvenes negros son detenidos con mayor frecuencia que un blanco, según el relato de los representantes de BYP, el cual coincide con las cifras de Mapping Violence Police. Hill explica que muchos de estos muchachos están estudiando su ultimo año de secundaria o la terminaron. Solo esperan resultados para becas universitarias, pero tener antecedentes policiales de cualquier tipo los descalifica en el proceso.

Hill, quien desde la ONG hace estudios socioeconómicos de los hogares negros, añade que si a todo lo expuesto se suma que el patrimonio promedio de un hogar blanco en EE.UU. alcanza los 170 mil dólares, mientras que el de un hogar negro es de 17 mil dólares. Las oportunidades para el sector afroamericano son realmente limitadas, opina.

De contradicciones y reformas

El 20 de enero de 2009 el mundo tenía los ojos sobre EE.UU. El primer mandatario negro en un país con una tradición de conflictos raciales había llegado al poder. Barack Hussein Obama aún sigue siendo líder de opinión en este país. El dos veces presidente hace ponencias y todavía pertenece a la élite política. Obama es un hombre popular, pero eso no detuvo los ataques contra los negros. 

Delgado, quien escribe para Americano News, cree que no hay contradicción alguna. En su opinión, Obama hizo mucho por la comunidad afrodescendiente, tanto, que cree que lo que se vive ahora es una relación causa-efecto.

“La elección de Barack Obama fue lo más terrible que le pudo ocurrir a los supremacistas blancos en este país. Fue algo que los tuvo rabiosos por ocho años. El desquite de toda esa rabia la ves en la elección del hombre más bruto, corrupto, racista, misógino, ignorante, vengativo y criminalmente narcisista que yo haya visto; y mira que me he remontado a la historia a ver y, ¡Qué va! Nada como (Donald) Trump. Este país es como un péndulo que va y viene, pero no avanza”, expresa.

La exigencia inmediata de la comunidad negra en EE.UU. es una reforma policial. Delgado considera que aunque no detendrá el racismo por completo, es un buen comienzo, sobre todo para las instituciones que todavía no están listas para hacer respetar los derechos de las minorías.

El partido Demócrata propuso ante el Senado la ley de Justicia en las Tácticas Policiales que busca reformar el sistema policial en todo el país.

Pero hay gobiernos locales que ya están trabajando en esta petición. Por ejemplo, el consejo de la ciudad de Minneapolis aprobó por unanimidad una resolución para desmantelar el departamento de policía y sustituirla con un sistema de seguridad comunitario. Mientras tanto, el gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo, aprobó una ley que criminaliza con cárcel hasta por 15 años el uso del estrangulamiento como maniobra policial. 

Cuomo coincidió con uno de los puntos que propone la ley de Justicia en las Tácticas Policiales, que además sugiere que los oficiales usen cámaras corporales para grabar los procesos de detención. También elimina las ordenes de allanamiento sin llamados a la puerta, como ocurrió en la casa de Breonna Taylor. El proyecto, además, establece la retención o recorte presupuestario para los organismos policiales que no cumplan la ley y la creación de una base de datos para identificar a los funcionarios con mala conducta. 

No hay certidumbre de que esta propuesta avance, pues la cámara legislativa está dominada por los republicanos.

La contraparte

Blue Live Matters se llama el movimiento que le hace contrapeso al que lucha contra el racismo. Nacieron en diciembre de 2014, tras el asesinato de dos policías de Nueva York, Rafael Ramos y Wenjian Liu, quienes recibieron disparos sentados en sus patrullas, según el parte policial, en retaliación por la violencia generalizada de los oficiales en contra de la comunidad afrodescendiente. 

Efecto Cocuyo trató de comunicarse con esta organización. No obstante, todo quedó en correos sin respuestas. Su página web está vinculada a otra sobre noticias policiales y un sitio de venta de artículos como franelas, gorras, todos con distintivos del movimiento. Se identifican como defensores de los derechos policiales y además, aseguran que no existe el racismo de  parte de los uniformados.

“Es la misma narrativa alimentada por medios de comunicación, activistas y políticos, pero todo basado en mentiras”, aseguran. 

La organización asegura que las vidas de los policías también importan y son obligados a utilizar la fuerza, por lo que creen que no se debe ignorar el contexto de cada situación.

“La gente no entiende por qué la policía tiene que usar la fuerza… en líneas generales, un oficial nunca puede dar su versión de los hechos sin violar las políticas de su trabajo y poner en riesgo su cargo”, consideran.

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