La señora dijo que me iba a llamar

CORONAVIRUS · 15 JUNIO, 2020 13:16

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Cristina García Casado

Foto por Willie de León para Agencia Ocote

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Yolanda Flores ya no trabaja. La señora la llamó por teléfono y le dijo que no llegara el lunes. Eso fue el 16 de marzo, primer sábado de pandemia en Guatemala. No ha podido regresar a la casa donde ha limpiado, cocinado y cuidado seis días a la semana durante los últimos seis años. No recibe ninguna paga, tampoco ayuda del Gobierno. La señora no le ofreció nada. Solo le dijo lo que les han dicho a tantas: “Le aviso cuando pase esto”. El teléfono no ha vuelto a sonar.

“La señora tiene dos niños y uno tiene asma. No quería que nadie entrara. Me dijo que mejor me fuera hasta nuevo aviso, que descansara, y aquí estoy”, cuenta Yolanda desde la casa que comparte con su marido y su hijo, donde no entra un sueldo hace tres meses. Desde la casa a la que solo han llegado un par de bolsas de alimentos: de una iglesia, de un sindicato.

A Yolanda, como a tantas trabajadoras domésticas de Guatemala, le pagan por día trabajado. No existe salario fijo ni mínimo, ni contrato, tampoco prestaciones. No hay seguro, no hay certezas. Si la señora la llama para “ayudarla en la casa”, va. Si la señora la llama para ir a coser unas horas en su taller, va. Cuando va, cobra. Unos 80 quetzales al día, unos 10 dólares. Ahora que la señora ya no llama, se cortó en seco el grifo de la subsistencia. Su marido lleva tiempo sin trabajar: la diabetes lo dejó ciego. A su hijo, de 22 años, sus jefes del supermercado también lo mandaron “a descansar” sin salario.

Ningún mensaje gubernamental habla de las trabajadoras domésticas. En la narrativa oficial de la pandemia, ellas no existen. Son una población trabajadora de al menos 250 mil personas, según el Instituto Nacional de Estadística. Es posible que la cifra sea aún mayor, advierte uno de los sindicatos que existe en Guatemala. “Hay un subregistro, hay niñas de 12 y 13 años trabajando en casas que no se cuentan”, explica Floridalma Contreras, una de las fundadoras del Sindicato de Trabajadoras Domésticas, Similares y a Cuenta Propia (Sitradomsa).

El 95% del trabajo doméstico en Guatemala tiene manos de mujer. “Calculamos que 5% sean hombres; ahí entran los choferes, los jardineros”, apunta Contreras.

El perfil mayoritario es el de una mujer que migra del campo a la capital y tiene como máximo estudios primarios. Muchas no saben leer ni escribir. El 44% son mujeres indígenas que migran de Quiché, Huehuetenango, San Marcos, Quetzaltenango, Chimaltenango, Alta y Baja Verapaz. La otra mitad, lo hace desde El Progreso, Chiquimula, Jalapa, Jutiapa, Zacapa, Izabal. Destino mayoritario: Ciudad de Guatemala.

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Este reportaje forma parte del Programa Lupa, liderado por la plataforma digital colaborativa Salud con Lupa, con el apoyo del Centro Internacional para Periodistas (ICFJ).