Desinformación busca crear dudas sobre futura vacuna contra COVID-19

COCUYO CHEQUEA · 9 JUNIO, 2020 18:48

Desinformación busca crear dudas sobre futura vacuna contra el COVID-19

Texto por Shari Avendaño | @shariavendano

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Si se va a creer en algo, que sea información actualizada y no creencias del siglo XIX. Las decenas de vacunas en cola para luchar contra la pandemia de COVID-19 se enfrentan al enemigo de la desinformación anti-vacunas, movimiento que existe desde el siglo XIX y que en pleno siglo XXI ha mutado a cadenas de WhatsApp.

Por las plataformas de mensajería se han viralizado textos que instan a la población a “no dejarse” aplicar la futura vacuna contra el COVID-19. Según la cadena, la inmunización forma parte de teorías de “reducción de la población“. Estas suposiciones existen mucho antes de la aparición del COVID-19 y no toman en cuenta la evidencia científica.

Una de las cadenas que recibió la Unidad de Verficación de Datos y Fact-checking de Efecto Cocuyo empieza así: “Ya nos habían dicho hace dos meses atrás y vuelve a circular en las redes sociales, porque en la televisión no va a salir…”. Más adelante, la cadena habla sobre un supuesto “plan para el control y reducción de las poblaciones”.

Los anti-vacunas

Los movimientos anti-vacunas, desde su surgimiento en 1802, cuestionan la seguridad de la inmunización y lo sustentan en investigaciones sin rigor científico. Así lo explicó el doctor Julio Castro, especialista en infectología y medicina interna, al portal Prodavinci.

“En 1998, Andrew Wakefield, un médico inglés, publicó un artículo en la revista de mayor circulación médica en el mundo, “The Lancet”, sobre la relación entre las vacunas (“la triple”, MMR: sarampión, rubeola y paperas para sus siglas en inglés) y algunos de sus efectos secundarios, en este caso en particular, sobre el autismo (…). Es probable que el impacto de esta publicación haya sido el expansor moderno más importante de los movimientos antivacunas, ya que suponía un ejercicio científico, hasta ahora, novedoso”, explicó Castro.

Como parte de los protocolos comunes en la ciencia, los investigadores del área se dieron la tarea de comprobar los hallazgos de Wakefield. Los resultados eran diferentes a los apuntados en su trabajo. Más adelante, un estudio encontró que las conclusiones de Wakefield no eran verificables y que las pruebas fueron inventadas. En el año 2004, la revista The Lancet advirtió sobre los posibles conflictos de interés del autor y en 2010 se retractó públicamente de los resultados. Se le revocó a Wakefield su licencia de médico e investigador .

A pesar de las innumerables pruebas de que las vacunas funcionan, el movimiento anti-vacunas tiene su repercusión en la disminución de las tasas de inmunización. A la fecha, los temores que difunden han degenerado en desinformación. El País de España recopiló algunos de los más comunes.

Según el doctor Julio Castro, el efecto de protección a gran escala contra las epidemias implica que entre 90% y 95% de la población debe estar vacunada para generar un “escudo social” o inmunidad de rebaño.

El trabajo de las vacunas

Según la revista Medline Plus de la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos, la inmunidad de grupo o de rebaño es el efecto que se produce cuando suficientes personas de una comunidad están protegidas contra una enfermedad contagiosa. Esto sucede, por ejemplo, cuando una población está vacunada.

Gracias a eso, las personas que por una u otra razón no pueden recibir vacunas tienen cierta protección porque se contiene la propagación de una afección. Aunque existan buenas condiciones de salubridad en un lugar, sin vacunación las enfermedades raras pueden reaparecer y propagarse.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) entiende por vacuna cualquier preparación destinada a generar inmunidad contra una enfermedad a través de la generación de anticuerpos. Las vacunas aprobadas pasan por una serie de pruebas rigurosas en las diferentes fases de ensayos clínicos. Aún después de que se comercializan, continúan las evaluaciones. Las reacciones a las vacunas suelen ser leves y breves, mientras que los efectos colaterales importantes son investigados de inmediato.

Muchas pruebas

Según datos del monitor del Instituto Milken (grupo de expertos económicos estadounidenses), hasta este martes, 9 de junio, se cuentan 238 tratamientos en consideración y 161 vacunas en desarrollo para combatir el COVID-19.

La última actualización de la lista de vacunas candidatas para tratar el SARS-CoV-2 de la OMS, de este martes, cuenta diez vacunas en evaluación clínica y 126 en pruebas pre-clínicas. La web de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres enumera 181 inmunizaciones en carrera para el 5 de junio.

La vacuna más avanzada en las fases de pruebas, por ejemplo, es desarrollada por la Universidad de Oxford y se llama ChAdOx1 nCoV-19. Funciona inyectando proteínas de las que salen de la superficie del coronavirus con un virus de chimpancé, inofensivo para los humanos. Se han hecho 37.330 pruebas clínicas. Otra que está a la cabeza, es la vacuna de CanSino y la Academia de Ciencias Médicas Militares de Beijing se llama Ad5-nCoV.

Aún con decenas de vacunas en carrera para curar el COVID-19 y sin pruebas científicas sobre el peligro de las vacunas, han circulado variaciones de las teorías anti-vacunas.

Incluso mezclan varias teorías conspirativas para generar desinformación. Por ejemplo, el cantante español Miguel Bosé dijo en su cuenta de Twitter que las vacunas buscan inocular micro chips para obtener información. Esto lo asocia con la red de telefonía móvil 5G, tecnología que también se ha mencionado en cadenas sobre la COVID-19, y el empresario Bill Gates.

Desde el inicio de la propagación del nuevo coronavirus, mucha desinformación ha circulado por el ecosistema digital. Si recibes alguna información extraña, puedes enviarla a [email protected].