Sembrar 10 millones de árboles requiere mucho más que un plan

CAMBIO CLIMÁTICO · 19 JUNIO, 2022 07:45

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Margaret López

Foto por Mairet Chourio

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La temporada perfecta para sembrar árboles en Venezuela se extiende desde mayo hasta finales de agosto. En estos cuatros meses ocurre la temporada de lluvias que necesitan los pequeños arbustos para afianzarse sobre el terreno y contar con el agua suficiente para empezar a crecer, pero aprovechar esta ventana de siembra para sumar 10 millones de árboles parece que no será tan sencillo.

“Cualquier proceso de reforestación requiere también de un plan de reeducación a la comunidad. La mayoría conoce lo bueno que es el árbol y quieren tomarse la fotico de la siembra, pero nadie quiere un árbol frente a su casa o su comercio. La reforestación no es suficiente, si no hay cuido de los árboles sembrados”, explicó Eduardo Cudisevich, ingeniero agrónomo especializado en reforestación urbana, en entrevista con Efecto Cocuyo.

¿Nuevo requisito obligatorio?  

El Plan Nacional de Reforestación tiene la meta de sembrar 10 millones de árboles en todo el país entre lo que resta de este 2022 y 2023. El propio mandatario Nicolás Maduro fue el encargado de lanzar el programa por una “Venezuela verde”, que contempla que los estudiantes antes de graduarse de bachilleres siembren un árbol como parte de su servicio comunitario.

Al plan se le etiquetó bajo el nombre de “Un estudiante, un árbol” y durante estas últimas semanas tuvo actividades en los estados Aragua, Trujillo, Bolívar, Delta Amacuro y también en el Distrito Capital. Un puñado de instituciones educativas sumó a sus estudiantes del ciclo medio para sembrar árboles con la promesa de mitigar los efectos del cambio climático y ayudar a bajar la temperatura en sus respectivas comunidades.

Maduro aseguró que el inicio de este plan fue con los egresados de bachiller de este año, pero que evaluaba si era necesario que la siembra de un árbol sea un requisito obligatorio para graduarse a partir del próximo año.

La iniciativa tampoco es novedosa. Filipinas, por ejemplo, cuenta con una legislación  desde el año 2019 que demanda que todos los estudiantes siembren 10 árboles, como mínimo, antes de culminar sus estudios.

Más cerca en Panamá, también existe una ley parecida que obliga a cada estudiante en el ciclo medio, técnico y universitario sembrar de cinco árboles como requisito obligatorio para obtener su título desde el año pasado.

En Venezuela todavía no se conoce nada de un cambio oficial de las condiciones del servicio comunitario. Ni en la Asociación Nacional de Institutos Educativos Privados (Andiep), ni en la Asociación Venezolana de Educación Católica (Avec) conocen ningún proyecto en este sentido.

“Sabemos que vienen cambios para el próximo año escolar, pero todavía no sabemos cuáles son porque no hay nada concreto. Esta jornada de siembra de árboles no fue obligatoria y tampoco es la primera vez que se hace. Hay colegios en Caracas que tienen al Ávila cerca y que, a veces, siembran árboles. Lo mejor sería que los orientara Inparques (Instituto Nacional de Parques)”, detalló Fausto Romeo, presidente de la Andiep, en entrevista con Efecto Cocuyo.  

La estimación es que cada año se gradúan entre 320.000 y 380.000 bachilleres en el país y eso supone un buen impulso al plan de reforestación, si se impone como un requisito obligatorio. El detalle es que antes de involucrar a los estudiantes para sembrar árboles hay mucho trabajo por hacer.

Crear la conexión

Los árboles urbanos, en efecto, tienen la capacidad de reducir la temperatura ambiental entre 2 y 8 grados Celsius (°C).  Sin embargo, estos árboles primero necesitan sobrevivir a la primera temporada de sequía y desarrollarse de forma adecuada antes de ofrecer este beneficio ambiental.  

10 millones de árboles

Al final no solo se trata de la siembra de los nuevos árboles, sino que estos arbustos no mueran a los meses después de la típica fotografía, que se publica en los blogs de los organismos oficiales y que los jóvenes también comparten en sus redes sociales.

“Cada cierto tiempo hacemos un tour ecológico en Caracas, para que la gente pueda identificar a los árboles y aprender su nombre, porque cuando los nombras existen. Hay que acercar a la gente a los árboles y que puedan experimentar la sombra que brindan y que entiendan la diferencia de sonido que hacen y que vean a los pajaritos que se posan allí. Para que se conecten con el árbol que tienen enfrente”, recordó Cudisevich, quien estuvo al frente de una actividad de este tipo en el Parque Los Caobos durante el pasado Día del Ambiente.

Las semillas y los viveros

La conexión entre los estudiantes, las comunidades y los árboles es la tarea difícil, pero no es la única. Aparte de eso también hay que crear los viveros en cada estado para que se puedan sembrar las semillas y tener los arbustos con más de un metro de altura que se necesitan antes de plantarlos en las calles. Esta fase inicial suele tomar entre 6 y 8 meses y a veces hasta un año completo, antes de que la especie esté lista para sembrarse en las calles.

Sin hablar que hace falta que cada comunidad trabaje de la mano de ingenieros agrónomos que puedan guiarlos en cuanto a las especies de árboles ideales a sembrar en cada área del país.

Los árboles Flor de la Reina son una de las especies recomendadas para Caracas | Foto: Mairet Chourio

En Caracas, por ejemplo, vienen bien los Araguaney, los Jacarandás, los Urape y Flor de la Reina. Estos árboles poseen raíces profundas que evitan que se partan las aceras y tienen la capacidad de desarrollarse a un ritmo medio.

Mientras que otras especies como el Apamate, en cambio, aunque son muy bonitos a la vista son poco resistentes a un hongo que los lleva casi siempre a una muerte prematura en la capital venezolana.

El costo de desarrollar los arbustos para la siembra se mueve hoy entre los 2 y 5 dólares en los viveros urbanos. Esto supone que si se quiere, de verdad, sembrar 10 millones de árboles en Venezuela también hay que invertir en la reproducción de las semillas en los viveros y el cuido de los pequeños arbustos antes de involucrar a los estudiantes.

“Si me preguntas a mí, preferiría que se cree un programa de mantenimiento de árboles con los estudiantes, en vez de solo la siembra. Es mucho más efectivo que eduquemos para cuidar los árboles, que sembrar los árboles, tomarse la foto y luego descubrir que se murieron a los meses”, sostuvo Cudisevich. Y argumentos le sobran.